Bernabé Mallo
Doctor en Filosofía por la Universidad del País Vasco (UPV/EHU)
Investigador
en neurofilosofía, evolución humana y origen del arte. / PhD in
Philosophy – University of the Basque Country (UPV/EHU)
Researcher in neurophilosophy, human evolution, and the origins of art.
Una reseña del estudio de Amos Frumkin (2026) en Geomorphology: Late Quaternary fire-induced erosion, impacts and innovations in the southern Levant
Introducción: la catástrofe como maestra
¿Puede una catástrofe enseñar a una especie a crear? ¿Puede el fuego que destruye también revelar? Esta es la pregunta que atraviesa el estudio de Amos Frumkin, geomorfólogo del Instituto de Ciencias de la Tierra de la Universidad Hebrea de Jerusalén, publicado en 2026 en la revista Geomorphology . El trabajo propone una hipótesis audaz: que los grandes incendios que asolaron el Levante meridional hace unos 9.500 años pudieron haber inspirado la invención de la cerámica en el Neolítico.
La propuesta de Frumkin, denominada "hipótesis del horno natural", sostiene que las comunidades neolíticas que habitaban el valle del Jordán habrían observado cómo los incendios naturales endurecían la arcilla expuesta. Esa observación casual —ver la tierra transformada por el fuego en algo duro y permanente— habría proporcionado la idea básica para reproducir el proceso de manera intencionada . La cerámica, una de las tecnologías más importantes en la historia de la humanidad, podría haber nacido de la imitación de lo que la naturaleza ya había mostrado.
Sin embargo, la observación por sí sola no explica nada. Un sistema biológico no adopta una innovación simplemente porque la ha visto. La adopta cuando percibe un beneficio tangible para su propia supervivencia, cuando dispone de un sistema nervioso capaz de procesar esa ventaja y cuando existe una necesidad imperiosa que impulse su aplicación material. La cerámica no se impuso porque alguien contemplara arcilla endurecida, sino porque en algún momento esa arcilla endurecida se convirtió en la respuesta a un problema que urgía resolver. ¿Cuál era ese problema? ¿Qué vieron aquellos primeros alfareros en la tierra transformada por el fuego? La pregunta queda abierta, y es, quizás, la más interesante de todo el estudio.
El escenario: incendios, erosión y la creación de un nuevo paisaje
Para comprender la hipótesis de Frumkin, es necesario reconstruir el escenario ambiental en el que se habría producido este descubrimiento. El estudio compara dos períodos separados por más de cien mil años: el último interglaciar, conocido como MIS 5e (aproximadamente entre 129.000 y 116.000 años antes del presente), y el Holoceno temprano (entre 11.000 y 7.000 años atrás) .
En ambos intervalos, los registros geológicos muestran la misma secuencia: episodios de incendios extensivos seguidos de una erosión acusada. Las partículas microscópicas de carbón conservadas en sedimentos de lagos antiguos —como el lago Hula y el mar Muerto— muestran picos de actividad ígnea, mientras que las firmas químicas preservadas en formaciones cavernícolas revelan pérdidas sustanciales de vegetación y de suelo . Durante el Holoceno temprano, el episodio más intenso se habría producido entre 9.500 y 8.200 años antes de la actualidad .
La desaparición de la cubierta vegetal dejó los suelos desprotegidos frente a las lluvias y la escorrentía. La tierra roja, rica en arcilla y conocida como terra rossa, fue arrastrada desde las laderas y depositada en grandes cantidades en las depresiones del valle del Jordán y del mar Muerto . Lejos de convertir esas zonas en espacios inhabitables, el proceso generó nuevos entornos de alta fertilidad donde las comunidades agricultoras encontraron tierras aptas para el cultivo. Los grandes asentamientos neolíticos —como Sha'ar Hagolan, Jericó, Netiv Hagdud y Gilgal— se concentraron de manera creciente sobre esos suelos redepositados, lo que favoreció la estabilidad residencial y el desarrollo de sociedades sedentarias .
Como señala Frumkin, "un incendio forestal suele percibirse únicamente como una catástrofe, pero la alteración del entorno también puede exponer a las poblaciones a nuevos materiales y posibilidades" . La catástrofe, paradójicamente, creó las condiciones para una innovación.
La hipótesis del horno natural: del accidente a la intención
La hipótesis de Frumkin se apoya en un dato técnico fundamental: la arcilla experimenta transformaciones irreversibles cuando se calienta entre 500 y 700 °C . A esas temperaturas, el material pierde su plasticidad y adquiere una dureza permanente. Un incendio forestal suficientemente intenso, capaz de alcanzar esas temperaturas en el suelo, podría producir pequeñas cantidades de arcilla cocida de forma natural .
La propuesta sugiere que los habitantes de los valles del Jordán podrían haber encontrado fragmentos de arcilla transformados por el calor de los incendios naturales y que, tras el enfriamiento, presentaban una dureza y durabilidad desconocidas . Esa observación casual habría proporcionado la idea básica para el cocido intencionado de la arcilla. Pero, como hemos señalado, la observación no es suficiente. Para que el descubrimiento se completara, tuvieron que concurrir otros factores: un sistema nervioso capaz de procesar la ventaja de aquel material, y una necesidad imperiosa para su aplicación práctica.
La hipótesis se apoya en investigaciones petrográficas anteriores que demuestran que la cerámica del período Yarmukiense, hallada en el valle del Jordán, fue fabricada con arcilla terra rossa redepositada, el mismo material acumulado junto a los asentamientos como consecuencia de la erosión de las colinas cercanas . Es decir, los alfareros neolíticos utilizaron precisamente el tipo de arcilla que los incendios habían traído a sus puertas.
Este detalle es significativo porque conecta la materia prima de la cerámica con el evento ambiental que, según la hipótesis, habría inspirado su cocción. La secuencia sería la siguiente: los incendios arrastran la arcilla a los valles; las comunidades observan cómo esa arcilla se endurece bajo el calor de nuevos incendios; alguien comprende que el proceso puede reproducirse deliberadamente y que el resultado tiene un valor que hasta entonces no se había explotado. Solo entonces nace verdaderamente la cerámica .
El control experimental de la naturaleza: MIS 5e
Uno de los aspectos más fascinantes del estudio de Frumkin es el uso de un experimento natural para poner a prueba su hipótesis. Durante el último interglaciar (MIS 5e), hace más de 100.000 años, la región del Levante meridional experimentó condiciones ambientales similares a las del Holoceno temprano: grandes incendios, pérdida de vegetación, erosión severa y acumulación de arcilla en los valles .
Sin embargo, no se inventó la cerámica. Este hecho es crucial para la hipótesis de Frumkin. Si el factor ambiental hubiera sido suficiente, la cerámica debería haber aparecido también en MIS 5e. Pero no lo hizo. ¿Por qué?
La respuesta, según Frumkin, está en las precondiciones sociales y cognitivas. Las comunidades del Paleolítico medio que habitaban la región hace 100.000 años no tenían agricultura, no vivían en asentamientos permanentes, no poseían la organización tecnológica ni la experiencia acumulada de las sociedades neolíticas posteriores . El paisaje podía ofrecer la pista, pero alguien tenía que estar preparado para comprenderla.
Como señala el estudio, "MIS 5e funciona efectivamente como un experimento de control natural, con condiciones similares pero un contexto cognitivo y social diferente, por lo que no se inventó la cerámica" . Este argumento refuerza la idea de que la innovación tecnológica no es solo una respuesta automática al entorno, sino que requiere una mente preparada para reconocer y explotar las oportunidades que el entorno presenta. Y requiere, además, una necesidad que haga de esa oportunidad algo urgente.
Qué vieron los primeros alfareros: la pregunta que queda abierta
Si aceptamos que la observación no basta, que hace falta un beneficio tangible, un sistema nervioso capaz de procesarlo y una necesidad imperiosa, entonces debemos preguntarnos: ¿qué necesidad concreta pudo impulsar la invención de la cerámica? ¿Qué vieron aquellos emprendedores prehistóricos del Levante en la arcilla endurecida por el fuego?
Podemos especular con varias posibilidades. Quizás vieron la oportunidad de almacenar agua y alimentos en recipientes herméticos, resistentes a los roedores y a la humedad, en un contexto de creciente sedentarismo donde las cosechas debían conservarse durante meses. Quizás vieron la posibilidad de cocinar alimentos que antes resultaban difíciles de digerir, transformando así la dieta y mejorando la nutrición. Quizás vieron la manera de transportar líquidos con facilidad, ampliando el radio de acción de las comunidades. O quizás vieron todo eso a la vez, o algo completamente distinto que nosotros, desde nuestra distancia de nueve mil años, no alcanzamos a imaginar.
Lo que sí podemos afirmar es que la necesidad no era la misma para todos. Las comunidades del Paleolítico medio vieron la misma arcilla endurecida, pero no hicieron nada con ella, porque su forma de vida no requería recipientes cerámicos. Las comunidades neolíticas, en cambio, necesitaban almacenar excedentes agrícolas, transportar agua a los asentamientos, cocinar alimentos que antes se consumían crudos. La cerámica no nació de la observación, sino del encuentro entre la observación y una necesidad que la observación no podía por sí sola satisfacer.
La pregunta, por tanto, no es solo qué vieron, sino qué necesitaban ver para que aquello que veían adquiriera sentido. Y esa pregunta nos remite a una cuestión más profunda sobre la naturaleza de la innovación humana: ¿hasta qué punto el entorno determina lo que inventamos, y hasta qué punto somos nosotros quienes, con nuestras necesidades y nuestras capacidades, decidimos qué es lo que el entorno nos ofrece?
Una lectura desde el modelo S/Y/C
El estudio de Frumkin ofrece un caso concreto donde se puede observar el funcionamiento de la Ley de coherencia biológica S/Y/C que constituye el núcleo de nuestra investigación (Mallo, 2023, 2025, 2026a, 2026b). Las tres dimensiones de nuestra tesis se despliegan aquí con una claridad poco común.
La dimensión S (Supervivencia) se manifiesta en la relación entre la catástrofe ambiental y la adaptación humana. Los incendios destruyeron el paisaje, pero también crearon nuevas condiciones de fertilidad que atrajeron a las comunidades neolíticas. La cerámica, una vez adoptada, mejoró la capacidad de almacenar alimentos y líquidos, de cocinar y de fermentar productos, contribuyendo directamente a la supervivencia y al crecimiento de las poblaciones . La invención no fue un lujo, sino una respuesta adaptativa a un entorno transformado. Pero, insistimos, no bastó con que el entorno ofreciera la oportunidad: fue necesario que alguien percibiera en ella una ventaja para la supervivencia.
La dimensión Y (Symbolon) se manifiesta en el acto de reconocimiento que subyace a la invención. Los alfareros neolíticos no solo vieron arcilla endurecida: reconocieron en ella una posibilidad. Establecieron una conexión entre lo que observaban (arcilla transformada por el fuego) y lo que podían hacer (reproducir el proceso). Este acto de reconocimiento es esencialmente simbólico: implica la capacidad de ver más allá de lo inmediato, de establecer una analogía entre el pasado observado y el futuro posible. El symbolon, en su sentido etimológico de "acto de reconocimiento mediante códigos compartidos", se manifiesta aquí como la capacidad de leer el entorno y traducir esa lectura en acción técnica.
La dimensión C (Completitud) se manifiesta en la culminación del proceso. La cerámica no es solo un objeto útil; es un objeto acabado, que ha pasado por una secuencia completa de transformaciones hasta alcanzar su forma final. La pulsión hacia la completitud —la necesidad de cerrar un ciclo, de dar coherencia a la materia— es la misma que guía al artista cuando termina una obra. La invención de la cerámica representa, en este sentido, un hito en la historia de la función C: la capacidad humana de transformar materiales en objetos permanentes, dotados de forma y significado. Y la completitud, en este caso, se cumple cuando el objeto no solo existe, sino que sirve para algo que el sistema biológico necesita.
La Filosofía Quirúrgica nos invita a aplicar un corte analítico preciso a la hipótesis de Frumkin. No se trata de aceptarla como verdad establecida —el propio autor insiste en que es una hipótesis que requiere validación empírica — ni de rechazarla por especulativa. Se trata de reconocer que ofrece un modelo plausible de cómo la observación del entorno, la necesidad de supervivencia y la capacidad simbólica se combinan para producir innovación tecnológica. La catástrofe ambiental no fue la causa de la invención, sino su catalizador: creó las condiciones materiales (arcilla en los valles) y la oportunidad cognitiva (arcilla endurecida visible) para que una mente preparada pudiera dar el salto. Pero el salto solo se dio cuando apareció una necesidad que hizo de esa oportunidad algo valioso.
Consideraciones finales: la lección del fuego
El estudio de Amos Frumkin nos recuerda algo fundamental sobre la creatividad humana: no inventamos en el vacío. La invención de la cerámica no fue un acto de genio aislado, sino el resultado de una interacción compleja entre el entorno, la necesidad y la capacidad de reconocer posibilidades. Los incendios del Levante no "enseñaron" a nadie a hacer cerámica, pero sí crearon las condiciones para que alguien, en algún momento, viera en la arcilla endurecida una promesa de permanencia.
Pero esa promesa solo se cumplió cuando coincidió con una necesidad. La observación, por sí sola, es estéril. El sistema biológico no adopta una innovación porque la vea, sino porque le conviene. Y le conviene cuando esa innovación resuelve un problema que la supervivencia plantea. La cerámica no nació del fuego, sino del encuentro entre el fuego, la arcilla y una comunidad que necesitaba algo que aún no tenía.
Esta perspectiva ilumina también nuestra investigación sobre el origen del arte. El arte, como la cerámica, no nació de una inspiración repentina, sino de la confluencia de factores biológicos, cognitivos y ambientales. El sistema nervioso humano, con su función única S/Y/C, está diseñado para reconocer patrones, atribuir significado y buscar la completitud. Pero esa función solo se activa y se despliega cuando el entorno presenta una oportunidad y cuando una necesidad la hace relevante. Una piedra con forma de rostro, una arcilla endurecida por el fuego, una pared de cueva que sugiere la forma de un animal: todas ellas son oportunidades que esperan una necesidad que las convierta en algo más.
La lección del fuego es, quizás, la lección de toda creación humana: la catástrofe puede ser creativa, y la innovación emerge cuando la mente preparada encuentra, en la oportunidad que el mundo le ofrece, la respuesta a una necesidad que aún no sabía que tenía. Desde la cerámica del Neolítico hasta los algoritmos de la inteligencia artificial, la historia de nuestra especie es la historia de ese encuentro entre el entorno, la necesidad y la imaginación.
Referencias bibliográficas
Frumkin, A. (2026). Late Quaternary fire-induced erosion, impacts and innovations in the southern Levant. Geomorphology. https://doi.org/10.1016/j.geomorph.2026.109916
Mallo, B. (2023). La construcción neuro-simbólica. Una aproximación al funcionamiento del cerebro desde una perspectiva multidisciplinar [Tesis doctoral, Universidad del País Vasco - Euskal Herriko Unibertsitatea]. Repositorio ADDI. http://hdl.handle.net/10810/62701
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Mallo, B. (2026a). De la filosofía quirúrgica a la ley de coherencia biológica S/Y/C: Hacia una investigación sobre el origen del arte en la especie Homo. https://isbn.bibna.gub.uy/catalogo.php?mode=detalle&nt=57196
Mallo, B. (2026a). De la filosofía quirúrgica a la ley de coherencia biológica S/Y/C: Hacia una investigación sobre el origen del arte en la especie Homo [Versión Kindle]. https://www.amazon.com/dp/B0GYGTJD5C
Mallo, B. (2026b). From surgical philosophy to the law of biological coherence S/Y/C: Toward a study of the origin of art in the Homo lineage. https://isbn.bibna.gub.uy/catalogo.php?mode=detalle&nt=57197
Weiner, S. (2010). Reconstructing pyrotechnological processes. En Microarchaeology: Beyond the visible archaeological record (pp. 165–206). Cambridge University Press.
Autor / Author
Bernabé Mallo
Doctor en Filosofía – Universidad del País Vasco / Euskal Herriko Unibertsitatea (UPV/EHU)
Investigador independiente en neurofilosofía, evolución humana y origen del arte.
Bernabé Mallo
PhD in Philosophy – University of the Basque Country / Euskal Herriko Unibertsitatea (UPV/EHU)
Independent researcher in neurophilosophy, human evolution, and the origin of art.
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