Bernabé Mallo
Doctor en Filosofía por la Universidad del País Vasco (UPV/EHU)
Investigador
en neurofilosofía, evolución humana y origen del arte. / PhD in
Philosophy – University of the Basque Country (UPV/EHU)
Researcher in neurophilosophy, human evolution, and the origins of art.
Una reseña sobre El extraño orden de las cosas (2017) y sus implicaciones para la comprensión del origen del arte
Introducción: ¿Por qué creamos arte?
Durante siglos, filósofos y teóricos del arte han intentado responder a una pregunta aparentemente sencilla: ¿por qué los seres humanos crean arte? Las respuestas han sido variadas: por placer, por imitación de la naturaleza, por expresión de emociones, por búsqueda de la belleza, por necesidad de comunicar lo inefable. Sin embargo, ninguna de estas explicaciones ha logrado responder a una cuestión más profunda: ¿qué necesidad biológica satisface el arte?
El neurocientífico portugués Antonio Damásio ha propuesto una respuesta radicalmente novedosa en su obra El extraño orden de las cosas: la vida, los sentimientos y el origen de las culturas (publicada originalmente en inglés en 2017 como The Strange Order of Things). Su tesis es sorprendente y, a la vez, profundamente convincente: el arte no nació como un pasatiempo o un accidente evolutivo, sino como una necesidad biológica absoluta al servicio de la homeostasis.
¿Qué es la homeostasis y por qué es clave para entender el arte?
La homeostasis es, en su definición clásica, el conjunto de procesos mediante los cuales los organismos vivos mantienen su equilibrio interno —temperatura, pH, niveles de glucosa, presión arterial— frente a las variaciones del entorno. Pero Damásio va mucho más allá. Para él, la homeostasis no es solo un mecanismo fisiológico de autorregulación, sino el principio organizador fundamental de toda la vida, desde las bacterias hasta las culturas humanas más complejas.
"Homeostasis", escribe Damásio, "es la fuerza que asegura que la vida se regule dentro de un rango que no solo es compatible con la supervivencia, sino también conducente al florecimiento, a una proyección de la vida hacia el futuro de un organismo o una especie". En otras palabras, no solo queremos sobrevivir: queremos prosperar, florecer, trascender.
El salto conceptual que propone Damásio consiste en extender este principio homeostático del dominio puramente biológico al dominio cultural. Así como el cuerpo regula su temperatura para mantenerse vivo, la mente regula sus estados afectivos mediante la creación de objetos, prácticas e ideas que denominamos cultura. El arte, la música, la literatura, la religión, la filosofía, la ciencia y la tecnología son, en última instancia, instrumentos homeostáticos.
Los sentimientos como portavoces de la homeostasis
Para comprender cómo opera la homeostasis cultural, António Damásio introduce un principio central: los sentimientos son los representantes mentales y los portavoces de la homeostasis en la mente consciente. Los sentimientos no son meros epifenómenos, efectos secundarios o adornos de la vida mental, sino señales biológicas e imágenes fundamentales que nos informan en tiempo real sobre el estado de nuestra regulación vital.
Cuando sentimos bienestar o placer, el organismo nos indica, mediante una química interna coordinada, que estamos en un estado homeostático favorable de eficiencia y salud. Por el contrario, cuando sentimos dolor, tristeza o malestar, el cerebro nos advierte que algo amenaza nuestro equilibrio y supervivencia. Esta lógica evolutiva simple —buscar lo que expande la vida y alejarse de lo que la daña— ha guiado la evolución de los organismos vivos durante miles de millones de años.
Lo que hace únicos a los seres humanos es que hemos aprendido a externalizar y expandir esta regulación mediante la homeostasis cultural. No solo reaccionamos biológicamente ante el miedo, el duelo o el asombro: construimos rituales para conjurarlos, creamos elegías, esculturas funerarias, filosofías, sistemas de justicia y cosmologías para responder colectivamente a esas alarmas biológicas.
El arte, las ciencias y la cultura, desde esta perspectiva neurobiológica, son auténticas tecnologías homeostáticas. Son herramientas refinadas que nuestra mente ha desarrollado para regular sus propios estados afectivos, procesar la pérdida, celebrar la cohesión social y, en última instancia, buscar no solo la supervivencia básica, sino un estado de bienestar floreciente.
La evidencia neurobiológica: el cerebro que narra y siente
Las investigaciones de Damásio y su equipo en el Brain and Creativity Institute de la Universidad del Sur de California han proporcionado evidencia empírica fascinante sobre esta capacidad humana fundamental. En experimentos recientes, se ha demostrado que el cerebro humano posee una arquitectura neuronal narrativa —conjuntos de estructuras cerebrales, especialmente la Default Mode Network— que responden de manera similar a historias contadas en diferentes idiomas.
Esto significa que la capacidad de construir narrativas no es un añadido cultural, sino una característica fundamental de la arquitectura cerebral humana. Los seres humanos no solo cuentan historias: están hechos para contar historias, porque las historias son el vehículo mediante el cual procesamos nuestras experiencias emocionales y regulamos nuestro equilibrio homeostático.
La obra de arte —una pintura rupestre, una sinfonía, una novela, un poema— no es sino una externalización de este proceso narrativo interno. Cuando el cavernícola pintaba un bisonte en Altamira, no estaba simplemente decorando una pared: estaba proyectando su mundo interior, sus temores y esperanzas, sus experiencias de caza y supervivencia, en una imagen tangible que le permitía procesar y regular sus estados afectivos.
El arte como instrumento homeostático
Quizás la formulación más potente de esta teoría sea la siguiente: el arte funciona como un instrumento de regulación biológica. Así como los fármacos actúan sobre procesos bioquímicos para restaurar el equilibrio fisiológico, las experiencias artísticas actúan sobre procesos neuronales y afectivos para restaurar el equilibrio psicológico y social.
Un ejemplo paradigmático es la música. Escuchar una pieza melancólica cuando estamos tristes no es un acto masoquista: es una forma de homeostasis. La música nos permite sentir nuestra emoción desde una distancia segura, procesarla, darle forma y, finalmente, integrarla en nuestra experiencia vital. La música alegre, por su parte, no solo expresa alegría: la induce, regulando al alza nuestro estado afectivo.
Lo mismo ocurre con las artes visuales, la literatura, el teatro o la danza. Todas ellas son tecnologías afectivas que hemos desarrollado para modular nuestro estado homeostático, para procesar el sufrimiento y potenciar el bienestar, para conectar con otros y construir lazos comunitarios.
La dimensión social: arte, empatía y cohesión grupal
Damásio no se limita a considerar la homeostasis individual. La homeostasis social es igualmente fundamental. Los seres humanos somos animales profundamente sociales, y nuestro equilibrio homeostático depende de nuestra inclusión en grupos, de nuestra capacidad para cooperar y de la calidad de nuestros vínculos afectivos.
El arte juega un papel crucial en esta homeostasis social. Las celebraciones comunitarias, los rituales compartidos, las narraciones colectivas —mitos, epopeyas, tradiciones— son tecnologías de cohesión grupal que sincronizan los estados afectivos de los miembros de una comunidad, generando confianza, cooperación y sentido de pertenencia.
El neurólogo ha identificado mecanismos neuronales específicos que subyacen a esta dimensión social. La oxitocina y la vasopresina, neurotransmisores implicados en el vínculo social y la formación de parejas, se liberan durante experiencias estéticas compartidas. El arte nos conecta literalmente con los demás, modulando nuestra neuroquímica para facilitar la empatía y la cooperación.
La crítica al "error de Descartes" revisitada
Damásio es famoso por su crítica al "error de Descartes": la separación radical entre mente y cuerpo, entre razón y emoción. En su obra anterior, El error de Descartes (1994), ya argumentó que la racionalidad humana depende crucialmente de las emociones. En El extraño orden de las cosas, lleva esta crítica un paso más allá.
El "error" que ahora combate es la creencia de que la cultura —incluyendo el arte, la filosofía, la ciencia— es producto exclusivo de la razón desencarnada. Damásio demuestra que los sentimientos y las emociones no son obstáculos para la creación cultural, sino su motor principal. No creamos arte a pesar de nuestras emociones, sino gracias a ellas. El arte es la expresión más elevada de nuestra necesidad biológica de regularnos afectivamente.
Esta perspectiva tiene implicaciones radicales para la filosofía del arte. Si el arte es un instrumento homeostático, entonces su valor no reside solo en su belleza formal o en su capacidad de representar la realidad, sino en su función biológica: ayudar a los seres humanos a sobrevivir, prosperar y encontrar significado en un mundo caótico e incierto.
Conexión con la investigación sobre el origen del arte (S/Y/C)
Esta teoría de Damásio resuena profundamente con la investigación que venimos desarrollando sobre el modelo S/Y/C del funcionamiento neuronal y la Ley de coherencia biológica.
La dimensión S (Supervivencia) de nuestro modelo encuentra en la homeostasis damasiana su fundamento biológico: toda experiencia estética, por elevada que parezca, está enraizada en mecanismos de regulación vital que aseguran la persistencia del organismo.
La dimensión Y (Symbolon) —la capacidad de crear y compartir símbolos como acto de reconocimiento— se corresponde con la capacidad humana de externalizar los estados homeostáticos en objetos, imágenes y narrativas. El arte no solo expresa emociones: las simboliza, las hace comunicables y compartibles.
La dimensión C (Completitud) —la pulsión hacia la totalidad y la coherencia— encuentra su equivalente en la búsqueda homeostática del equilibrio y el florecimiento. La belleza no es solo placer formal; es la experiencia subjetiva de un estado homeostático logrado, de una integración exitosa de las partes en un todo coherente.
Damásio ofrece, así, una base empírica y teórica robusta para nuestra hipótesis: el arte no es un lujo cultural, sino una expresión de la función única del sistema nervioso, que necesita sobrevivir (S), simbolizar (Y) y completar (C) para mantener su coherencia biológica.
Consideraciones finales: el arte como testimonio de lo vivo
La teoría de Damásio nos invita a abandonar la vieja dicotomía entre naturaleza y cultura. El arte no es ni puramente biológico ni puramente cultural: es la encrucijada donde ambos dominios se encuentran y se potencian mutuamente.
El arte, como la medicina, la filosofía o la ciencia, es una respuesta homeostática a los desafíos de la existencia humana. Nace del dolor y busca el alivio; nace de la pérdida y busca la trascendencia; nace de la soledad y busca la conexión; nace del caos y busca la forma.
Comprender esto no disminuye el misterio del arte, sino que lo profundiza. Porque si el arte es un instrumento de regulación homeostática, entonces crear y contemplar arte no es un escape de la vida, sino la forma más humana de vivirla. Es la manera que hemos encontrado, después de millones de años de evolución, de sentirnos en casa en un universo que no fue hecho para nosotros.
Referencias bibliográficas
Damasio, A. (2018). El extraño orden de las cosas: La vida, los sentimientos y el origen de las culturas. Destino. (Obra original publicada en 2017)
Damasio, A., & Damasio, H. (2016). Making minds and cultures: The neurobiology of storytelling and art. En The Strange Order of Things (pp. 293-318). Pantheon Books.
López Mallo, J. B. (2023). La construcción neuro-simbólica. Una aproximación al funcionamiento del cerebro desde una perspectiva multidisciplinar [Tesis doctoral, Universidad del País Vasco - Euskal Herriko Unibertsitatea]. Repositorio ADDI. http://hdl.handle.net/10810/62701
https://catalogo.sanchoelsabio.eus
López Mallo, J. B. (2026a). De la filosofía quirúrgica a la ley de coherencia biológica S/Y/C: Hacia una investigación sobre el origen del arte en la especie Homo. Lopez Mallo, Javier Bernabé. https://isbn.bibna.gub.uy/catalogo.php?mode=detalle&nt=57196
https://www.amazon.com/dp/B0GYGTJD5C
López Mallo, J. B. (2026b). From surgical philosophy to the law of biological coherence S/Y/C: Toward a study of the origin of art in the Homo lineage. Lopez Mallo, Javier Bernabé. https://isbn.bibna.gub.uy/catalogo.php?mode=detalle&nt=57197
https://www.amazon.com/dp/B0GY89SZS1
Autor / Author
Bernabé Mallo
Doctor en Filosofía – Universidad del País Vasco / Euskal Herriko Unibertsitatea (UPV/EHU)
Investigador independiente en neurofilosofía, evolución humana y origen del arte.
Bernabé Mallo
PhD in Philosophy – University of the Basque Country / Euskal Herriko Unibertsitatea (UPV/EHU)
Independent researcher in neurophilosophy, human evolution, and the origin of art.
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