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viernes, 14 de agosto de 2026

Las tres revoluciones de la mente: el viaje cognitivo de nuestra especie según Merlin Donald

 

Bernabé Mallo

Doctor en Filosofía por la Universidad del País Vasco (UPV/EHU)
Investigador en neurofilosofía, evolución humana y origen del arte. / PhD in Philosophy – University of the Basque Country (UPV/EHU)
Researcher in neurophilosophy, human evolution, and the origins of art.

 

Una reseña del libro de Merlin Donald (1991): Origins of the Modern Mind: Three Stages in the Evolution of Culture and Cognition


Introducción: la pregunta definitiva

¿Cómo adquirió la mente humana su poder incomparable? Esta pregunta, que Merlin Donald considera la "cuestión definitiva" de las ciencias de la vida, atraviesa su obra Origins of the Modern Mind: Three Stages in the Evolution of Culture and Cognition, publicada en 1991. Donald, profesor de psicología y neurociencia cognitiva en la Universidad de Queen's (Canadá) y posteriormente en la Case Western Reserve University, propone en este libro una teoría original sobre la evolución de la cognición humana que ha influido profundamente en la neuroantropología y la psicología evolutiva.

La tesis central de Donald es que la mente humana no es el producto de un único salto evolutivo, sino de tres transiciones cognitivas radicales que han tenido lugar a lo largo de los últimos dos millones de años. Cada una de estas transiciones ha dotado a nuestra especie de un nuevo sistema de representación de la realidad y una nueva forma de cultura. El resultado es una arquitectura mental híbrida, compuesta por vestigios de etapas biológicas anteriores y por nuevos dispositivos simbólicos externos que han alterado radicalmente su organización.

La propuesta de Donald se sitúa en la intersección de la paleontología, la lingüística, la antropología, la ciencia cognitiva y, de manera especialmente relevante, la neuropsicología. Su enfoque enfatiza la cognición como el mediador entre el cerebro y la cultura, en un bucle iterativo en el que los cambios en uno de estos niveles repercuten en los demás . Esta perspectiva conecta directamente con los intereses de nuestra investigación, que busca comprender el arte como un fenómeno emergente de la interacción entre biología, cognición y entorno social.


La primera transición: la cultura mimética

La primera gran transición cognitiva, según Donald, tuvo lugar con la aparición de Homo erectus, hace aproximadamente dos millones de años . En este momento, nuestros ancestros adquirieron la habilidad mimética: la capacidad de representar conocimiento a través de actos motores voluntarios, de manera deliberada y sistemática.

La mimesis es, en palabras de Donald, la "adaptación clave" que inició el viaje humano. No se trata de la imitación simple que también encontramos en otros primates, sino de una capacidad mucho más sofisticada: la de ensayar y refinar los movimientos del cuerpo, recordar esos ensayos y reproducirlos bajo demanda. Esta habilidad permitió a los primeros homínidos crear representaciones prelingüísticas de la realidad a través de gestos, rituales, danzas y artesanías.

La evidencia de esta capacidad se encuentra en la propia existencia de herramientas de piedra muy antiguas, que no pueden fabricarse sin la capacidad de ensayar sistemáticamente y sin la habilidad de imaginar una ejecución idealizada. Como señala Donald, los fabricantes de herramientas del Paleolítico aprendieron sus habilidades del mismo modo que los humanos modernos: imaginando sus ejecuciones en un contexto social y representándolas como escenarios dramáticos .

La cultura mimética tiene varias consecuencias cruciales. En primer lugar, modifica profundamente la mente de los primates, dando lugar a lo que Donald denomina "imaginación mimética": la capacidad de imaginar y modificar las propias acciones. En segundo lugar, transforma la cultura, creando un espacio de actuación compartido donde los roles pueden ser representados y ensayados. Esta cultura del rendimiento y el arte escénico sigue viva hoy en el deporte, el ritual y las artes performativas.


La segunda transición: la cultura mítica

La segunda transición cognitiva coincide con el desarrollo del lenguaje hablado, probablemente en las primeras poblaciones de Homo sapiens . La capacidad mimética sirvió como una preadaptación para este desarrollo, proporcionando la base para la comunicación simbólica.

Con el lenguaje, los humanos adquirieron la capacidad de representar la realidad a través de palabras, de construir relatos, de transmitir conocimientos complejos de generación en generación. Esta transición dio lugar a la cultura "mítica", caracterizada por la narración de historias, la creación de mitos y la construcción de cosmologías compartidas . La cultura mítica permitió a nuestra especie desarrollar sociedades prealfabetizadas complejas, que aún sobreviven en muchas partes del mundo.

La importancia del lenguaje en este proceso no puede subestimarse. Como señala Donald, las propiedades del cerebro, la cultura y la cognición han coevolucionado en un "bucle iterativo estrecho", donde el principal evento de la evolución humana ha ocurrido a nivel cognitivo, mediando el cambio en los niveles anatómico y cultural . El lenguaje, al permitir la transmisión de información simbólica, aceleró este proceso de coevolución.


La tercera transición: la cultura simbólica y tecnológica

La tercera y última transición, que Donald sitúa en el desarrollo de la escritura y los sistemas simbólicos externos (cuneiformes, jeroglíficos, alfabetos, matemáticas), supuso un cambio aún más radical que las anteriores . Con la invención de estos sistemas, la memoria biológica humana se convirtió en un vehículo inadecuado para almacenar y procesar el conocimiento colectivo .

Este es el momento en que nuestra especie comenzó a externalizar su memoria. Los símbolos externos —grabados en piedra, escritos en papiros, impresos en libros— se convirtieron en un nuevo tipo de "dispositivo de almacenamiento" que amplió exponencialmente la capacidad de la mente para retener y manipular información. La alfabetización simbólica, según Donald, consiste en el complejo conjunto de habilidades necesarias para interactuar con este sistema de memoria externa.

La consecuencia más profunda de esta transición es que la arquitectura de la memoria humana se ha visto alterada. Ya no necesitamos almacenar toda la información en nuestra memoria biológica; podemos delegar parte de esa carga en el sistema externo. Esto ha cambiado el modo en que el cerebro humano despliega sus recursos y, con ello, la forma de la cultura moderna.

Donald señala que esta transición está lejos de haber concluido. La tecnología informática intensifica los cambios iniciados por la escritura, ofreciendo capacidades aún más extensas para el almacenamiento y la recuperación externa de información . Su observación, formulada en 1991, es aún más relevante en la era de la inteligencia artificial y la realidad virtual.


La mente híbrida: vestigios y nuevos dispositivos

Una de las contribuciones más originales de Donald es su concepción de la mente moderna como una estructura híbrida. No hemos abandonado las capacidades de las etapas anteriores; las hemos integrado. La mente moderna contiene vestigios de la cognición mimética (en la danza, el ritual, el deporte), de la cognición lingüística (en el lenguaje y la narración) y de la cognición simbólica externa (en la lectura, la escritura y el pensamiento matemático).

Esta arquitectura híbrida se revela, según Donald, en la forma en que la mente se descompone tras una lesión cerebral. La independencia de los tres sistemas de representación —mimético, lingüístico y simbólico externo— sugiere que están sustentados por mecanismos neurales distintos, aunque interconectados.

Además, Donald señala que los humanos somos "criaturas que usan símbolos", pero que el símbolo no es un módulo mental fijo. Es el producto de una capacidad inventiva que se despliega en el ámbito social . Cada uno de los tres sistemas se basa en una capacidad inventiva, y los productos de esas capacidades —lenguajes, símbolos, gestos, rituales, imágenes— continúan siendo inventados y evaluados en el escenario social.


Paralelismos con el modelo S/Y/C: una lectura integradora

La teoría de Donald y el modelo S/Y/C del funcionamiento neuronal que constituye el núcleo de nuestra investigación (Mallo, 2023, 2025, 2026a, 2026b) convergen en varios puntos fundamentales, a pesar de partir de disciplinas y niveles de análisis diferentes. Mientras Donald rastrea la evolución cognitiva a través de las transiciones culturales, nuestra propuesta se centra en la función única del sistema nervioso. Esta convergencia no es casual: ambas perspectivas apuntan a una misma realidad, la de una especie que ha ido tejiendo su mente a lo largo del tiempo, integrando capas sucesivas de capacidades.

La dimensión S (Supervivencia) encuentra en la cultura mimética de Donald su correlato evolutivo. La capacidad de ensayar y refinar acciones, de imaginar ejecuciones ideales, es una herramienta de adaptación que mejora la capacidad de los grupos humanos para obtener recursos, procesar alimentos, fabricar herramientas y, en definitiva, sobrevivir. La cultura mimética, como señala Donald, es la plataforma sobre la que se ha construido toda la ejecución compleja, incluido el lenguaje . Las herramientas de piedra del Paleolítico, que no pueden fabricarse sin una capacidad de ensayo sistemático, son un testimonio de esta adaptación . La función neuronal que denominamos S no es una abstracción: es la base biológica que hizo posible el desarrollo de la capacidad mimética.

La dimensión Y (Symbolon) se ilumina con la segunda transición, la del lenguaje y la cultura mítica. El lenguaje es el symbolon por excelencia: un sistema de códigos compartidos que permite el reconocimiento mutuo, la transmisión de significado y la construcción de mundos simbólicos. La cultura mítica, con sus historias y cosmologías, es una manifestación de la capacidad humana de crear símbolos que trascienden la experiencia inmediata. El arte parietal del Paleolítico, que Donald sitúa en el contexto de la cultura mítica, es una expresión de esta capacidad simbólica. La Y no es, por tanto, un añadido cultural, sino la manifestación de una función neuronal que se activa y se desarrolla en el contexto de la cultura.

La dimensión C (Completitud) se manifiesta en la tercera transición, la de los sistemas simbólicos externos. La escritura, las matemáticas y los sistemas de almacenamiento externo son herramientas para cerrar formas, para crear totalidades coherentes a partir de fragmentos de información. La pulsión hacia la completitud, que en el arte se manifiesta como la necesidad de crear obras acabadas, se extiende aquí a todo el ámbito del conocimiento. Los sistemas simbólicos externos nos permiten construir totalidades cognitivas que trascienden las capacidades de la memoria biológica individual. La C es, en este sentido, el impulso que nos lleva a completar y a cerrar los circuitos de significado, ya sea en una obra de arte o en un sistema de conocimiento.

Donald no emplea nuestro lenguaje, pero su descripción de las tres transiciones cognitivas apunta en la misma dirección. Lo que él describe como la emergencia de nuevas capacidades de representación —mimética, lingüística y simbólica externa— es la manifestación, en el plano de la cultura, de una función neuronal única que se despliega en tres dimensiones concatenadas. La mente híbrida que Donald describe es el resultado de esta concatenación, en la que cada nueva capa no sustituye a la anterior, sino que la integra y la transforma. Este es, precisamente, el principio que subyace a la Ley de coherencia biológica S/Y/C.


Consideraciones finales: la evolución continua de la mente

El libro de Merlin Donald nos recuerda que la evolución de la mente humana no es un proceso concluido. Como señala en su Précis de 1993, "la evolución cognitiva no está aún completa: la externalización de la memoria ha alterado la arquitectura real de la memoria dentro de la cual los humanos piensan" . Estamos en medio de una tercera transición que aún no ha revelado todas sus consecuencias.

La pregunta que Donald plantea al final de su obra —y que nosotros podemos hacer nuestra— es cómo esta externalización de la memoria está cambiando el modo en que los humanos pensamos y, con ello, la forma de nuestra cultura. La tecnología digital, la inteligencia artificial y los dispositivos de almacenamiento externo son los herederos directos de los primeros sistemas simbólicos. La mente moderna, híbrida y en constante evolución, sigue siendo un proyecto abierto.

Como señala Donald, cuando estudiamos a los adultos alfabetizados que viven en sociedades tecnológicamente avanzadas, estamos observando un subtipo que no es más típico de toda la especie humana que, por ejemplo, los miembros de un grupo de cazadores-recolectores . Nuestra ciencia, nuestra filosofía y nuestro arte estarían conformados de manera diferente si se hubieran basado en otro tipo de cultura. Comprender esta diversidad cognitiva, y cómo se ha ido configurando a lo largo de las tres grandes transiciones, es esencial para entender quiénes somos y hacia dónde vamos.


Referencias bibliográficas

Donald, M. (1991). Origins of the modern mind: Three stages in the evolution of culture and cognition. Harvard University Press.

Donald, M. (1993). Précis of Origins of the modern mind: Three stages in the evolution of culture and cognition. Behavioral and Brain Sciences, 16(4), 737–748. https://doi.org/10.1017/S0140525X00032647

Mallo, B. (2023). La construcción neuro-simbólica. Una aproximación al funcionamiento del cerebro desde una perspectiva multidisciplinar [Tesis doctoral, Universidad del País Vasco - Euskal Herriko Unibertsitatea]. Repositorio ADDI. http://hdl.handle.net/10810/62701

Mallo, B. (2025). Arte y biología: Una aproximación neurofilosófica al origen de la experiencia estética. https://www.amazon.com/dp/B0E8Y5WZMK

Mallo, B. (2025). Art and biology: A neurophilosophical approach to the origin of aesthetic experience. https://www.amazon.com/dp/B0E8Y6C2XN

Mallo, B. (2026a). De la filosofía quirúrgica a la ley de coherencia biológica S/Y/C: Hacia una investigación sobre el origen del arte en la especie Homo. https://isbn.bibna.gub.uy/catalogo.php?mode=detalle&nt=57196

Mallo, B. (2026a). De la filosofía quirúrgica a la ley de coherencia biológica S/Y/C: Hacia una investigación sobre el origen del arte en la especie Homo [Versión Kindle]. https://www.amazon.com/dp/B0GYGTJD5C

Mallo, B. (2026b). From surgical philosophy to the law of biological coherence S/Y/C: Toward a study of the origin of art in the Homo lineage. https://isbn.bibna.gub.uy/catalogo.php?mode=detalle&nt=57197


Autor / Author


Bernabé Mallo
 Doctor en Filosofía – Universidad del País Vasco / Euskal Herriko Unibertsitatea (UPV/EHU)
 Investigador independiente en neurofilosofía, evolución humana y origen del arte.
 

Bernabé Mallo
 PhD in Philosophy – University of the Basque Country / Euskal Herriko Unibertsitatea (UPV/EHU)
 Independent researcher in neurophilosophy, human evolution, and the origin of art.

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Página de autor Amazon / Amazon Author Page: https://www.amazon.com/author/bernabemallo
ORCID: https://orcid.org/0000-0001-9002-9728
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Publicaciones y proyectos en desarrollo / Publications and projects: 
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domingo, 2 de agosto de 2026

De la magia al trance: el largo viaje hacia la interpretación del arte paleolítico

 

Bernabé Mallo

Doctor en Filosofía por la Universidad del País Vasco (UPV/EHU)
Investigador en neurofilosofía, evolución humana y origen del arte. / PhD in Philosophy – University of the Basque Country (UPV/EHU)
Researcher in neurophilosophy, human evolution, and the origins of art.

Una reseña del artículo de Jean Clottes (2003): De «l'art pour l'art» au chamanisme: l'interprétation de l'art préhistorique


Introducción: el enigma de las cuevas profundas

¿Por qué nuestros antepasados del Paleolítico se adentraban en las profundidades de la tierra, en galerías oscuras y estrechas, para pintar y grabar animales que apenas podían verse? ¿Qué les impulsaba a dejar su huella en lugares donde la luz de las antorchas apenas alcanzaba a iluminar la roca, lejos de los hábitats y de la mirada cotidiana? La pregunta por el significado del arte prehistórico ha fascinado a investigadores durante más de un siglo, y las respuestas han sido tan variadas como las corrientes de pensamiento que las han generado.

Jean Clottes, uno de los prehistoriadores más destacados del mundo, ex Conservador General del Patrimonio del Ministerio de Cultura francés y director científico de los estudios de la cueva de Chauvet, publicó en 2003 un artículo en La revue pour l'histoire du CNRS que ofrece un recorrido magistral por la historia de las interpretaciones del arte paleolítico . En él, Clottes no solo revisa las principales teorías que se han sucedido desde el siglo XIX —el arte por el arte, el totemismo, la magia simpática, el estructuralismo— sino que también presenta la hipótesis que él mismo ha defendido junto al antropólogo sudafricano David Lewis-Williams: el chamanismo como marco explicativo para comprender el arte de las cavernas .

El artículo, a pesar de su brevedad, condensa décadas de reflexión y trabajo de campo. Clottes nos advierte desde el principio de las dificultades de interpretar un arte "fósil", cuyo significado último nos es inaccesible . Sin embargo, lejos del pesimismo de quienes recomiendan abandonar toda investigación sobre el significado, Clottes defiende que es posible alcanzar un cierto grado de comprensión utilizando tres tipos de argumentos: los que provienen del arte en sí mismo, los que derivan de su contexto arqueológico, y los que se apoyan en comparaciones etnológicas con sociedades tradicionales recientes que practican o practicaban el arte rupestre .


La insuficiencia de la mirada moderna: el "arte por el arte" y sus límites

La primera tentativa de explicación del arte paleolítico, surgida tras los descubrimientos de objetos decorados en la segunda mitad del siglo XIX, fue la teoría del "arte por el arte" . Los grabados y esculturas no tendrían otro propósito que adornar armas y herramientas, por el simple placer de hacerlo. Esta interpretación, sin embargo, reflejaba más las concepciones de la época —el anticlericalismo militante de algunos prehistoriadores y la idea del "buen salvaje" viviendo en un mundo de abundancia— que una aproximación rigurosa al fenómeno paleolítico.

Clottes señala que esta teoría fue abandonada porque no podía dar cuenta de las pinturas y grabados situados en las galerías profundas, lejos de los hábitats y de la vista . Si el arte hubiera sido solo un entretenimiento o una ornamentación, ¿por qué habrían de realizarse en lugares tan inaccesibles y oscuros? La teoría del "arte por el arte" también chocaba con la evidencia etnológica: en las sociedades tradicionales, el concepto de "arte" como actividad desinteresada y autónoma estaba ausente. Las imágenes se producían en el marco de la comunidad y con un propósito específico, no para el placer del autor ni la satisfacción de sus deseos personales.


Magia y totemismo: el arte como instrumento de supervivencia

A finales del siglo XIX y durante la primera mitad del XX, la interpretación dominante fue la magia simpática, desarrollada por Salomon Reinach y popularizada por el Abate Breuil y el Conde Bégouën . Esta teoría se basaba en la creencia de que existía una relación directa entre la imagen y el sujeto representado: actuando sobre la imagen se actuaba sobre el animal real. Las prácticas mágicas habrían tenido tres propósitos principales: asegurar el éxito en la caza, promover la fertilidad de las especies útiles y destruir a los animales peligrosos .

La hipótesis de la magia de la caza parecía explicar bien la presencia de animales heridos o atravesados por flechas, así como la ubicación de las figuras en lugares recónditos y a menudo de difícil acceso. Sin embargo, Clottes señala las contradicciones de esta teoría. Los animales marcados con heridas son raros, las escenas de apareamiento explícitas son escasas, y los restos de animales cazados en los hábitats no se corresponden con las especies más representadas en las paredes de las cuevas . Como señaló Claude Lévi-Strauss, algunos animales eran "buenos para comer" y otros "buenos para pensar", formando parte de un "bestiario" vinculado a tradiciones socio-religiosas . Además, la magia simpática no podía explicar la presencia de manos negativas, figuras humanas caricaturizadas o, sobre todo, las criaturas compuestas, esos seres monstruosos que no existen en la naturaleza y cuya destrucción o multiplicación no tendría sentido.

El totemismo, que propone una relación privilegiada entre un grupo humano y una especie animal o vegetal que lo caracteriza y venera, fue otra tentativa breve . Sin embargo, fue criticado porque algunos animales parecían estar golpeados por armas, lo que era incompatible con el respeto debido al tótem, y porque las mezclas de especies en cada cueva no se correspondían con la homogeneidad que cabría esperar de emblemas de clanes .


El estructuralismo: el arte como sistema binario

La segunda mitad del siglo XX estuvo marcada por el estructuralismo, cuyos principales exponentes en el estudio del arte paleolítico fueron Annette Laming-Emperaire y André Leroi-Gourhan . Frente al comparativismo etnológico, los estructuralistas propusieron un retorno a la cueva y a las obras, buscando en su distribución y asociaciones los principios de una gramática simbólica.

Leroi-Gourhan, mediante análisis estadísticos, concluyó que bisontes y caballos formaban la base del bestiario y ocupaban preferentemente los paneles centrales, mientras que los animales complementarios (cabras, ciervos) ocupaban un segundo lugar y los animales formidables (leones, osos) eran relegados a las profundidades. Los signos geométricos participarían de este simbolismo en un sistema binario donde animales y signos tendrían un valor masculino o femenino, opuesto y complementario .

Clottes señala que, a pesar de su fracaso como intentos de interpretación global, las teorías estructuralistas han influido profundamente en la investigación. La importancia de la cueva en las elecciones y los significados ya no puede cuestionarse; las distribuciones de dibujos según el relieve y la topografía se han convertido en elementos fundamentales de los estudios modernos . Sin embargo, las críticas han sido también contundentes: la tipología sexual de animales y signos se consideró demasiado subjetiva, y los esquemas propuestos por Leroi-Gourhan no resultaron aplicables a muchas cuevas descubiertas posteriormente .


El chamanismo: la hipótesis que integra arte, mente y paisaje

La hipótesis más reciente, y la que Clottes defiende junto a Lewis-Williams, es la del chamanismo paleolítico . Esta interpretación se apoya en la idea de que las religiones chamánicas, que cubren todo el norte del planeta y parte de América, son las religiones por excelencia de los pueblos cazadores-recolectores . Su antigüedad y su carácter cosmológico las convierten en un marco apropiado para comprender el arte paleolítico.

El chamanismo se caracteriza por una concepción de un cosmos complejo donde coexisten al menos dos mundos, y por la creencia de que algunas personas pueden, mediante el trance, entrar en contacto con el mundo espiritual para curar a los enfermos, mantener el equilibrio natural o asegurar el éxito en la caza . El chamán actúa como mediador entre el mundo real y el de los espíritus, a menudo con la ayuda de animales auxiliares.

Clottes y Lewis-Williams establecen una analogía entre el viaje subterráneo al fondo de las cuevas y el viaje chamánico al mundo de los espíritus . Los hombres del Paleolítico, al adentrarse en las profundidades, se aventuraban deliberadamente en el mundo sobrenatural. El medio subterráneo, con su oscuridad y silencio, favorecía la aparición de estados alterados de conciencia y alucinaciones . Las representaciones parietales serían, en este marco, la materialización de las visiones chamánicas.

Clottes identifica varios elementos del arte rupestre que apoyan esta hipótesis. Los animales, a menudo representados sin líneas de suelo ni respeto a la gravedad, flotan en las paredes como las visiones durante el trance. Los signos geométricos elementales, puntos, líneas, zigzags o retículas, se asemejan a los que se perciben en las distintas fases del trance chamánico . Los seres compuestos, animales y humanos mezclados, forman parte de ese mundo de visiones.

Pero quizás uno de los argumentos más potentes es la relación con los relieves naturales. Si se tiene la mente llena de imágenes de animales, un hueco en la roca subrayado con sombras evoca la grupa de un caballo o el lomo de un bisonte. ¿Cómo no creer entonces que los espíritus animales, encontrados en las visiones, no están ahí, medio liberados de la roca por la magia de la luz fluctuante de la antorcha, y listos para desaparecer en ella de nuevo? En unos pocos trazos, los artistas perpetuaban su poder.

Las grietas y huecos ofrecían fugas a las profundidades de la roca, donde se mantenían los espíritus. Los huesos clavados en las paredes, las huellas digitales y las manos negativas serían diferentes formas de establecer un contacto directo con las fuerzas subyacentes a la roca, quizás por parte de individuos no iniciados que participaban en el ritual . Las manos negativas, al fundirse con la pared, establecían una conexión metafórica con el mundo espiritual.

La hipótesis chamánica, como Clottes reconoce, ha sido ampliamente criticada. Se ha cuestionado la imposibilidad de conocer los significados, la falta de pruebas formales, la vanidad de las comparaciones etnológicas y el papel demasiado importante atribuido al trance . Sin embargo, Clottes defiende que la hipótesis chamánica, aprovechando los conocimientos previos, es la que actualmente explica mejor los datos disponibles sobre el arte de las cuevas y objetos del Paleolítico superior .


Conexión con la investigación sobre el origen del arte (S/Y/C)

El recorrido que Clottes traza por la historia de las interpretaciones del arte paleolítico resuena profundamente con la investigación que venimos desarrollando sobre el modelo S/Y/C del funcionamiento neuronal y la Ley de coherencia biológica (Mallo, 2023, 2025, 2026a, 2026b). Cada una de las teorías revisadas por Clottes ilumina un aspecto diferente de la función del arte, pero la hipótesis chamánica es la que más se aproxima a una comprensión integradora que conecta el arte con la mente, el cuerpo y el cosmos.

La dimensión S (Supervivencia) se manifiesta en todas las interpretaciones que ven en el arte una herramienta para la supervivencia, ya sea a través de la magia de la caza (para asegurar el alimento) o de la magia de la fertilidad (para garantizar la reproducción de las especies). El arte, en este sentido, es una extensión de la función homeostática: no solo ayuda a sobrevivir físicamente, sino que permite procesar y compartir experiencias, regular emociones y construir identidad grupal.

La dimensión Y (Symbolon) es central en el estructuralismo y, sobre todo, en la hipótesis chamánica. Los animales y los signos geométricos no son meras representaciones de la realidad, sino símbolos que remiten a un sistema de significado compartido. El symbolon es el puente entre el mundo interno y el mundo social, entre las visiones del chamán y la comunidad que las interpreta. La cueva, con su topografía y sus relieves, se convierte en un soporte simbólico donde el significado se encarna en la roca.

La dimensión C (Completitud) se manifiesta en la propia estructura de las cuevas y en la necesidad de cerrar un recorrido, de completar un ritual. La entrada a la cueva, el descenso a las profundidades y el retorno a la luz conforman un viaje que busca una totalidad, una coherencia. El arte parietal, al integrarse con la topografía de la cueva, no es una colección de figuras aisladas, sino parte de un todo que solo adquiere pleno sentido en su contexto.

La Filosofía Quirúrgica nos invita a aplicar un corte analítico preciso al artículo de Clottes. No se trata de elegir una de las teorías como la definitiva, sino de reconocer que cada una ha contribuido a delimitar el campo de lo posible. El arte paleolítico, como el arte en general, es un fenómeno complejo que no se agota en una única función o significado. La hipótesis chamánica tiene la virtud de integrar la dimensión psicofisiológica (el trance, la alucinación) con la dimensión cultural y simbólica, y con el contexto ecológico y social. Y es precisamente esa integración la que la convierte en el marco explicativo más fértil para nuestra investigación.


Consideraciones finales: la interpretación como proceso abierto

El artículo de Jean Clottes nos recuerda que la interpretación del arte paleolítico es una tarea que requiere humildad y, al mismo tiempo, audacia. Humildad para reconocer los límites de nuestro conocimiento, la distancia insalvable que nos separa de las mentes que crearon esas obras, y el carácter provisional de todas nuestras hipótesis. Audacia para no renunciar a comprender, para atrevernos a formular preguntas y proponer marcos interpretativos que den sentido a los datos disponibles.

Clottes nos muestra que la historia de las interpretaciones del arte prehistórico no es una historia de progreso lineal, sino de sucesivos cambios de paradigma, cada uno de los cuales ha iluminado algunos aspectos del fenómeno mientras dejaba otros en la sombra. El "arte por el arte", la magia simpática, el estructuralismo y el chamanismo no son tanto teorías falsas como perspectivas parciales, que han ido enriqueciendo nuestra comprensión a medida que avanzaban las técnicas de análisis y el conocimiento etnológico.

La hipótesis chamánica, defendida por Clottes y Lewis-Williams, representa quizás el intento más ambicioso de integrar los diferentes niveles de análisis: el neuropsicológico, el etnológico, el arqueológico y el simbólico. Su principal aportación es haber devuelto al arte paleolítico su dimensión de práctica encarnada, de experiencia vivida, de encuentro entre la mente humana y las fuerzas del mundo.

Y es precisamente esa dimensión la que conecta el arte paleolítico con el arte contemporáneo, y con nuestra investigación sobre el origen del arte en la especie Homo. El arte, desde sus primeras manifestaciones en las profundidades de las cuevas, no ha sido solo una forma de representar el mundo, sino una forma de transformarlo, de establecer un diálogo con lo sagrado, de explorar los límites de la experiencia humana.


Referencias bibliográficas

Clottes, J. (2003). De « l'art pour l'art » au chamanisme : l'interprétation de l'art préhistorique. La revue pour l'histoire du CNRS, (8). https://doi.org/10.4000/histoire-cnrs.553

Mallo, B. (2023). La construcción neuro-simbólica. Una aproximación al funcionamiento del cerebro desde una perspectiva multidisciplinar [Tesis doctoral, Universidad del País Vasco - Euskal Herriko Unibertsitatea]. Repositorio ADDI. http://hdl.handle.net/10810/62701

Mallo, B. (2025). Arte y biología: Una aproximación neurofilosófica al origen de la experiencia estética. https://www.amazon.com/dp/B0E8Y5WZMK

Mallo, B. (2025). Art and biology: A neurophilosophical approach to the origin of aesthetic experience. https://www.amazon.com/dp/B0E8Y6C2XN

Mallo, B. (2026a). De la filosofía quirúrgica a la ley de coherencia biológica S/Y/C: Hacia una investigación sobre el origen del arte en la especie Homo. https://isbn.bibna.gub.uy/catalogo.php?mode=detalle&nt=57196

Mallo, B. (2026a). De la filosofía quirúrgica a la ley de coherencia biológica S/Y/C: Hacia una investigación sobre el origen del arte en la especie Homo [Versión Kindle]. https://www.amazon.com/dp/B0GYGTJD5C

Mallo, B. (2026b). From surgical philosophy to the law of biological coherence S/Y/C: Toward a study of the origin of art in the Homo lineage. https://isbn.bibna.gub.uy/catalogo.php?mode=detalle&nt=57197


Autor / Author


Bernabé Mallo
 Doctor en Filosofía – Universidad del País Vasco / Euskal Herriko Unibertsitatea (UPV/EHU)
 Investigador independiente en neurofilosofía, evolución humana y origen del arte.
 

Bernabé Mallo
 PhD in Philosophy – University of the Basque Country / Euskal Herriko Unibertsitatea (UPV/EHU)
 Independent researcher in neurophilosophy, human evolution, and the origin of art.

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viernes, 24 de julio de 2026

Huesos que hablan: la industria de herramientas óseas más antigua del mundo y el origen del comportamiento moderno

 

Bernabé Mallo

Doctor en Filosofía por la Universidad del País Vasco (UPV/EHU)
Investigador en neurofilosofía, evolución humana y origen del arte. / PhD in Philosophy – University of the Basque Country (UPV/EHU)
Researcher in neurophilosophy, human evolution, and the origins of art.

Una reseña del hallazgo de Henshilwood y colaboradores (2001): An early bone tool industry from the Middle Stone Age at Blombos Cave, South Africa: implications for the origins of modern human behaviour, symbolism and language


Introducción: cuando el hueso se convierte en tecnología

¿Qué distingue a un humano moderno de sus antepasados más arcaicos? No solo la anatomía —el cráneo redondeado, la mandíbula menos prominente— sino algo más difícil de rastrear en el registro fósil: la capacidad de planificar, de ejecutar secuencias técnicas complejas, de crear herramientas que no imitan la forma de la piedra sino que explotan las propiedades de otros materiales. Durante décadas, los arqueólogos han considerado que la fabricación de herramientas de hueso era un marcador clave del comportamiento moderno. Y durante décadas, se pensó que este comportamiento había surgido en Europa hace unos 40.000 años, como parte de la "explosión simbólica" del Paleolítico Superior .

Un hallazgo publicado en 2001 en el Journal of Human Evolution por Christopher Henshilwood y un equipo internacional de investigadores cambió radicalmente esta narrativa (Henshilwood et al., 2001). En la cueva de Blombos, en la costa sur de Sudáfrica, recuperaron 28 herramientas de hueso de niveles del Middle Stone Age (MSA) con una antigüedad de unos 70.000 años. Es el conjunto más numeroso de herramientas óseas formales hallado en un solo yacimiento del MSA africano, y su existencia demuestra que la tecnología ósea sofisticada no es un invento europeo, sino una innovación africana muy anterior .

Estas herramientas, que incluyen punzones y puntas de proyectil, fueron fabricadas siguiendo una secuencia de elecciones técnicas deliberadas: selección del soporte, conformado mediante diversas técnicas y acabado final . Su presencia, junto con otros hallazgos en el mismo yacimiento —grabados en ocre, puntas de piedra bifaciales y una economía de subsistencia diversificada— está "cambiando el rumbo a favor de los modelos que postulan la modernidad del comportamiento en África en una época mucho más temprana de lo que se aceptaba anteriormente" .


El hallazgo de Blombos: 28 herramientas que reescriben la historia

Entre 1992 y 2000, las excavaciones en la cueva de Blombos —un abrigo rocoso que domina el Océano Índico en el Cabo Occidental de Sudáfrica— sacaron a la luz 28 herramientas de hueso, recuperadas in situ en niveles del MSA con una antigüedad de unos 70.000 años (Henshilwood et al., 2001). Es la colección más grande de herramientas óseas formales hallada en un solo yacimiento del MSA africano, y su estudio detallado ha revelado un grado de sofisticación técnica que contradice los modelos tradicionales sobre el origen del comportamiento moderno.

Los análisis microscópicos y morfométricos muestran que estas herramientas no fueron fabricadas de manera casual o improvisada. Siguen una secuencia de producción estructurada que incluye: (1) la producción de un soporte en bruto; (2) la aplicación de diversos métodos de conformado; y (3) el acabado final del artefacto para producir punzones y puntas de proyectil (Henshilwood et al., 2001). Las técnicas de fabricación son comparables a las descritas para las herramientas óseas "formales" de otros contextos, y su planificación y ejecución son consistentes con las del Holoceno tardío, lo que indica una continuidad en la capacidad cognitiva y técnica a lo largo de decenas de miles de años .

El conjunto incluye herramientas que probablemente se utilizaban para trabajar pieles (los punzones) y otras que podrían haber servido como armas de caza (las puntas de proyectil). La presencia de estas herramientas en el MSA es especialmente notable porque, como señalan los autores, "las herramientas de hueso rara vez se encuentran en yacimientos africanos del MSA o del LSA anteriores a ca. 25 ka" (Henshilwood et al., 2001, p. 631). Su escasez se había citado como una prueba de la falta de capacidades tecnológicas o cognitivas modernas antes de ca. 50 ka. El hallazgo de Blombos demuestra que esta escasez no se debe a una incapacidad, sino probablemente a sesgos de conservación y a la limitada investigación arqueológica en África .


El contexto: más que herramientas, un comportamiento simbólico

Las herramientas de hueso de Blombos no aparecen aisladas. Forman parte de un conjunto de evidencias que apuntan a un comportamiento plenamente moderno en el MSA africano. Junto a las herramientas de hueso, los investigadores han documentado:

  • Grabados deliberados en ocre, con patrones geométricos abstractos, que demuestran la capacidad de crear y compartir símbolos (Henshilwood et al., 2002).

  • Puntas de piedra bifaciales elaboradas con gran pericia, que sugieren un alto grado de planificación y destreza técnica.

  • Estrategias de subsistencia sofisticadas, que incluyen la caza de animales terrestres y marinos, la pesca y la recolección de mariscos, lo que indica una explotación diversificada del entorno y un conocimiento profundo de los recursos disponibles.

Esta combinación de evidencias —tecnología ósea avanzada, simbolismo, artefactos líticos complejos y una economía adaptativa— es exactamente el tipo de "paquete" de comportamientos que los arqueólogos han utilizado tradicionalmente para identificar la "modernidad" en el registro arqueológico. Y en Blombos aparece 35.000 años antes de que se documente en Europa (Henshilwood et al., 2001).

Como señala el propio Henshilwood en una entrevista de la época, "las implicaciones reales son que hubo un comportamiento humano moderno en África unos 35.000 años antes que en Europa" . O, como lo formula otro miembro del equipo, Curtis Marean: "Una vez más, en términos de evolución humana, estamos viendo que África fue precoz: los homínidos bípedos evolucionaron en África; el primer aumento real del tamaño del cerebro ocurrió en África; y ahora, estamos empezando a ver que el último gran avance, el desarrollo del comportamiento moderno, también se hizo en África" .


¿Por qué son importantes estas herramientas?

La importancia del hallazgo de Blombos trasciende la antigüedad de las herramientas. Su significado radica en lo que revelan sobre la mente humana y sobre el origen de la capacidad técnica y simbólica.

1. Desmontan el mito de la "explosión simbólica" europea

Durante mucho tiempo, los arqueólogos sostuvieron que el comportamiento moderno surgió de forma repentina y explosiva en Europa hace unos 40.000 años, en lo que se denominó la "explosión simbólica" del Paleolítico Superior (Henshilwood et al., 2001). Las herramientas de hueso de Blombos, junto con los grabados en ocre y otros hallazgos, demuestran que esta narrativa es errónea. La tecnología ósea avanzada y el comportamiento simbólico no surgieron de repente en Eurasia; tienen raíces mucho más profundas en África, donde los humanos anatómicamente modernos ya existían desde hacía decenas de miles de años.

2. Evidencian la presencia de un lenguaje sintáctico

La fabricación de herramientas de hueso formales —que requieren una secuencia de decisiones técnicas, una planificación a largo plazo y la transmisión de conocimientos— es una prueba indirecta de la existencia de un lenguaje plenamente sintáctico (Henshilwood et al., 2001). Para transmitir las técnicas de fabricación de una generación a otra, y para coordinar las actividades de caza y procesamiento de recursos, los grupos humanos del MSA necesitaban un sistema de comunicación complejo, comparable al nuestro.

3. Demuestran una tradición cultural

La presencia de 28 herramientas de hueso en el mismo yacimiento, fabricadas siguiendo las mismas secuencias técnicas y con los mismos fines, sugiere que no estamos ante actos aislados, sino ante una tradición cultural establecida. El conocimiento técnico se transmitía y se perfeccionaba a lo largo de generaciones. Esta continuidad cultural, junto con la evidencia de simbolismo, indica que los grupos del MSA ya poseían una complejidad social y cognitiva comparable a la de las poblaciones modernas.

4. Amplían nuestra comprensión del origen del arte y la tecnología

Las herramientas de hueso de Blombos no son "arte" en el sentido de una pintura o una escultura. Pero son una manifestación de la misma capacidad técnica y simbólica que luego daría lugar al arte figurativo. La fabricación de herramientas especializadas a partir de materiales distintos de la piedra requiere una comprensión de las propiedades del material, una planificación anticipada y un control preciso de la mano. Estas mismas capacidades son las que, más tarde, permitirían a los humanos grabar símbolos en el ocre o pintar figuras en las paredes de las cuevas.


Conexión con la investigación sobre el origen del arte (S/Y/C)

El hallazgo de Blombos resuena profundamente con la investigación que venimos desarrollando sobre el modelo S/Y/C del funcionamiento neuronal y la Ley de coherencia biológica (Mallo, 2023, 2025, 2026a, 2026b). Estas herramientas, fabricadas por humanos anatómicamente modernos hace 70.000 años, son una manifestación temprana de la capacidad técnica y simbólica que define a nuestra especie, y que puede entenderse a la luz de nuestras tres dimensiones.

La dimensión S (Supervivencia) se manifiesta en la función práctica de estas herramientas: los punzones para trabajar pieles, las puntas de proyectil para la caza. La tecnología ósea no es un lujo desinteresado; es una herramienta de adaptación que mejora la capacidad de los grupos humanos para obtener recursos, procesar alimentos, fabricar vestimenta y, en definitiva, sobrevivir. La planificación y ejecución de estas herramientas refleja una inversión de tiempo y esfuerzo que solo tiene sentido en el marco de una estrategia de supervivencia a largo plazo.

La dimensión Y (Symbolon) emerge en el contexto de estas herramientas. No son solo objetos útiles; su fabricación siguiendo secuencias estandarizadas, su transmisión como conocimiento cultural y su asociación con otros artefactos simbólicos (como los grabados en ocre) indican que formaban parte de un sistema de significados compartidos. El symbolon —el acto de reconocimiento mediante códigos compartidos— no se limita al lenguaje o al arte; también se manifiesta en la tecnología, en la transmisión de conocimientos técnicos, en la identidad grupal que se construye en torno a prácticas compartidas.

La dimensión C (Completitud) se manifiesta en la propia estructura de las herramientas: son objetos acabados, que han pasado por una secuencia completa de producción hasta alcanzar su forma final. Esta pulsión hacia la totalidad —la necesidad de completar un proceso, de alcanzar un resultado— es la misma que guía al artista cuando termina una obra. La tecnología y el arte comparten, en este sentido, una misma raíz: la necesidad de cerrar formas, de dar coherencia a la materia.

La Filosofía Quirúrgica nos invita a aplicar un corte analítico preciso a estos hallazgos. No se trata de ver en Blombos el "origen" de la tecnología moderna y detenernos ahí. Se trata de entender que estas herramientas son parte de un proceso continuo que se extiende hasta nuestros días. Lo que vemos en Blombos es la emergencia de una capacidad —la capacidad técnica y simbólica— que luego se desarrollará, se diversificará y se complejizará a lo largo de decenas de miles de años.


Implicaciones para la investigación futura

El hallazgo de Henshilwood y colaboradores, junto con otros descubrimientos en Blombos y en otros yacimientos africanos (como las herramientas de hueso de Katanda, en la República Democrática del Congo, o las puntas de hueso de Sibudu, en Sudáfrica), ha transformado nuestra comprensión del origen del comportamiento moderno. Pero también abre nuevas preguntas:

  1. ¿Qué otras innovaciones tecnológicas y simbólicas existían en el MSA? La presencia de herramientas de hueso formales en Blombos sugiere que los grupos humanos del MSA ya poseían un repertorio técnico mucho más amplio de lo que se pensaba. ¿Qué otros materiales utilizaban? ¿Qué otras técnicas habían desarrollado?

  2. ¿Por qué las herramientas de hueso son tan raras en el registro del MSA? Si los humanos del MSA ya tenían la capacidad de fabricarlas, ¿por qué aparecen en tan pocos yacimientos? ¿Se debe a sesgos de conservación (el hueso se preserva peor que la piedra), a una menor intensidad de uso, o a factores culturales?

  3. ¿Cuál es la relación entre la tecnología ósea y el arte? Las herramientas de hueso y los grabados en ocre aparecen en el mismo yacimiento y en los mismos niveles. ¿Compartían los mismos creadores? ¿Eran parte de un mismo "paquete" de innovaciones? ¿La capacidad técnica y la capacidad simbólica están relacionadas, o son independientes?

  4. ¿Qué papel jugaron estas innovaciones en la expansión de los humanos modernos fuera de África? La acumulación de innovaciones tecnológicas y simbólicas en el MSA africano podría haber proporcionado a los humanos modernos una ventaja adaptativa que les permitió expandirse con éxito por otros continentes. Pero ¿cuándo exactamente se produjo esta expansión, y qué papel jugaron estas innovaciones?


Consideraciones finales: el hueso como testimonio de la mente moderna

El hallazgo de las herramientas de hueso de Blombos es mucho más que una noticia arqueológica. Es una ventana a la mente de nuestros antepasados. Nos muestra que, hace 70.000 años, en una cueva junto al mar, grupos de humanos anatómicamente modernos ya poseían la capacidad de planificar, de ejecutar secuencias técnicas complejas, de transmitir conocimientos a lo largo de generaciones y de crear artefactos que iban más allá de la necesidad inmediata.

Estas herramientas son el testimonio de una mente moderna, de una mente que ya podía pensar en abstracto, que ya podía coordinar acciones complejas, que ya podía transformar el mundo a través de la técnica. Y esa capacidad, que hoy sigue viva en cada tecnología, en cada obra de arte, en cada herramienta que fabricamos, no nació en las cuevas de Eurasia hace 40.000 años. Nació en África, mucho antes, y nos acompaña desde entonces.

Como escribió el equipo de Henshilwood en su artículo de 2001, la evidencia de Blombos, "junto con los recientes hallazgos de Klasies River, Katanda y otros yacimientos del MSA africano, está cambiando el rumbo a favor de los modelos que postulan la modernidad del comportamiento en África en una época mucho más temprana de lo que se aceptaba anteriormente" (Henshilwood et al., 2001, p. 631). Hoy podemos añadir: y esa modernidad, que ya existía hace 70.000 años, sigue definiendo lo que somos.


Referencias bibliográficas

Henshilwood, C. S., d'Errico, F., Marean, C. W., Milo, R. G., & Yates, R. (2001). An early bone tool industry from the Middle Stone Age at Blombos Cave, South Africa: Implications for the origins of modern human behaviour, symbolism and language. Journal of Human Evolution, 41(6), 631–678. https://doi.org/10.1006/jhev.2001.0515

Henshilwood, C. S., d'Errico, F., Yates, R., Jacobs, Z., Tribolo, C., Duller, G. A. T., Mercier, N., Sealy, J. C., Valladas, H., Watts, I., & Wintle, A. G. (2002). Emergence of modern human behavior: Middle Stone Age engravings from South Africa. Science, 295(5558), 1278–1280. https://doi.org/10.1126/science.1067575

Mallo, B. (2023). La construcción neuro-simbólica. Una aproximación al funcionamiento del cerebro desde una perspectiva multidisciplinar [Tesis doctoral, Universidad del País Vasco - Euskal Herriko Unibertsitatea]. Repositorio ADDI. http://hdl.handle.net/10810/62701

Mallo, B. (2025). Arte y biología: Una aproximación neurofilosófica al origen de la experiencia estética. https://www.amazon.com/dp/B0E8Y5WZMK

Mallo, B. (2025). Art and biology: A neurophilosophical approach to the origin of aesthetic experience. https://www.amazon.com/dp/B0E8Y6C2XN

Mallo, B. (2026a). De la filosofía quirúrgica a la ley de coherencia biológica S/Y/C: Hacia una investigación sobre el origen del arte en la especie Homo. https://isbn.bibna.gub.uy/catalogo.php?mode=detalle&nt=57196

Mallo, B. (2026a). De la filosofía quirúrgica a la ley de coherencia biológica S/Y/C: Hacia una investigación sobre el origen del arte en la especie Homo [Versión Kindle]. https://www.amazon.com/dp/B0GYGTJD5C

Mallo, B. (2026b). From surgical philosophy to the law of biological coherence S/Y/C: Toward a study of the origin of art in the Homo lineage. https://isbn.bibna.gub.uy/catalogo.php?mode=detalle&nt=57197


Autor / Author


Bernabé Mallo
 Doctor en Filosofía – Universidad del País Vasco / Euskal Herriko Unibertsitatea (UPV/EHU)
 Investigador independiente en neurofilosofía, evolución humana y origen del arte.
 

Bernabé Mallo
 PhD in Philosophy – University of the Basque Country / Euskal Herriko Unibertsitatea (UPV/EHU)
 Independent researcher in neurophilosophy, human evolution, and the origin of art.

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domingo, 19 de julio de 2026

El arte más antiguo del mundo: cuando el símbolo nació en África

 

Bernabé Mallo

Doctor en Filosofía por la Universidad del País Vasco (UPV/EHU)
Investigador en neurofilosofía, evolución humana y origen del arte. / PhD in Philosophy – University of the Basque Country (UPV/EHU)
Researcher in neurophilosophy, human evolution, and the origins of art.

Una reseña del hallazgo de Henshilwood y colaboradores (2002): Emergence of modern human behavior: Middle Stone Age engravings from South Africa


Introducción: el enigma de la mente moderna

¿Cuándo empezaron los humanos a comportarse como humanos? No me refiero a la anatomía —a caminar erguidos o a tener cerebros grandes—, sino a algo más esquivo: la capacidad de crear símbolos, de comunicar significados abstractos, de expresar algo más allá de la necesidad inmediata. Durante décadas, la respuesta parecía clara: el comportamiento moderno, incluyendo el arte, surgió en Eurasia hace unos 40.000 años, con el esplendor del Paleolítico Superior y las pinturas de Chauvet o Lascaux.

Pero un hallazgo publicado en la revista Science en 2002 por Christopher Henshilwood y un equipo internacional de investigadores cambió radicalmente esta narrativa (Henshilwood et al., 2002). En la cueva de Blombos, en la costa sur de Sudáfrica, encontraron dos piezas de ocre rojo grabadas con patrones geométricos abstractos. Su antigüedad: 77.000 años. Eso es 35.000 años antes de que los grupos de Homo sapiens que habían migrado a Eurasia comenzaran a pintar sus cuevas, y 40.000 años antes de lo que muchos investigadores consideraban el inicio del arte humano (Henshilwood et al., 2002).

El hallazgo, que se ha visto reforzado por descubrimientos posteriores —incluyendo un dibujo de 73.000 años en la misma cueva y grabados de más de 100.000 años—, nos obliga a replantearnos dónde y cuándo surgió la mente simbólica. Y, para nuestra investigación sobre el origen del arte en la especie Homo, ofrece una evidencia crucial: la capacidad artística no es un invento tardío de poblaciones euroasiáticas, sino un rasgo profundamente enraizado en nuestra biología y nuestra cognición, presente ya en África mucho antes de que los humanos modernos se dispersaran por otros continentes.


El hallazgo de Blombos: dos piezas de ocre grabado

En 1999 y 2000, las excavaciones en la cueva de Blombos, un abrigo rocoso que domina el Océano Índico en el Cabo Occidental de Sudáfrica, sacaron a la luz dos piezas de ocre rojo que cambiarían la arqueología (Henshilwood et al., 2002).

La primera pieza (SAM-AA 8937), de unos 53 milímetros de largo, presenta una serie de líneas entrecruzadas, con un diseño de rombos o aspas, atravesado por una línea horizontal. La segunda (SAM-AA 8938), de unos 76 milímetros, muestra un motivo más complejo: una hilera de rombos, limitada por líneas paralelas en la parte superior e inferior, y dividida por una línea central que transforma los rombos en triángulos (Henshilwood et al., 2002).

Lo que hace extraordinarios estos grabados no es solo su antigüedad, sino su intencionalidad. Los análisis microscópicos revelaron que las superficies de las piezas fueron preparadas mediante raspado y pulido antes de ser grabadas. Las líneas no son marcas accidentales, sino incisiones deliberadas, hechas con una herramienta de piedra afilada y con un control preciso de la mano (Henshilwood et al., 2002). Además, los patrones no son garabatos inconexos: muestran una estructura geométrica compleja, con líneas que se cruzan en ángulos específicos, que se superponen de manera ordenada y que forman una unidad visual coherente.

Los autores del estudio, liderados por Christopher Henshilwood (entonces del Museo Sudafricano de Ciudad del Cabo), sostuvieron que estos motivos "sugieren convenciones arbitrarias no relacionadas con la cognición basada en la realidad" (Henshilwood et al., 2002, p. 1279). Es decir, no representan animales, personas o paisajes; son símbolos abstractos, cuyo significado se ha perdido para nosotros, pero que sin duda tenían un sentido para quienes los crearon.


La datación: 77.000 años de antigüedad

Uno de los aspectos más sólidos del estudio de Henshilwood es la datación rigurosa de los grabados. Para determinar su antigüedad, el equipo aplicó dos métodos de datación por luminiscencia, que miden la última vez que los minerales fueron expuestos al calor o a la luz (Henshilwood et al., 2002).

La termoluminiscencia (TL) aplicada a cinco piezas de piedra quemada de las capas donde se encontraron los ocres dio una edad media de 77.000 ± 6.000 años. Para confirmar la integridad estratigráfica, se aplicó la luminiscencia ópticamente estimulada (OSL) a los granos de cuarzo de una duna eólica que cubría el yacimiento, obteniendo una edad de 69.000 a 70.000 años (Henshilwood et al., 2002). El hecho de que ambas técnicas arrojaran edades consistentes, y que la duna superior fuera claramente más joven que las capas con los grabados, confirmó la antigüedad de las piezas y descartó la posibilidad de contaminación por materiales más recientes.

Estas dataciones situaron los grabados de Blombos en el Middle Stone Age (MSA), un período de la prehistoria africana que abarca desde hace unos 250.000 hasta unos 40.000 años. Hasta entonces, las evidencias de comportamiento simbólico en el MSA eran escasas y a menudo ambiguas (Henshilwood et al., 2002). El hallazgo de Henshilwood demostró que, al menos en África meridional, los humanos modernos ya se comportaban como tales 77.000 años atrás.


¿Por qué son importantes estos grabados?

La importancia de los grabados de Blombos trasciende su antigüedad. Su significado radica en lo que revelan sobre la mente humana y sobre el origen de la capacidad simbólica, una capacidad que, como hemos visto en otras reseñas de este blog, es la base del arte y de la cultura.

1. Desmontan el mito del "Big Bang" europeo

Durante mucho tiempo, la arqueología sostuvo que el comportamiento moderno surgió de forma repentina y explosiva en Eurasia hace unos 40.000 años, en lo que se denominó la "revolución del Paleolítico Superior" (Henshilwood et al., 2002). Los grabados de Blombos, junto con otros hallazgos posteriores en el mismo yacimiento (como un dibujo de 73.000 años y grabados de más de 100.000 años), demuestran que esta narrativa es errónea. La capacidad simbólica no surgió de repente en Eurasia, sino que tiene raíces mucho más profundas en África, donde los humanos anatómicamente modernos ya existían desde hacía decenas de miles de años.

2. Evidencian la presencia de un lenguaje sintáctico

Uno de los argumentos más poderosos de Henshilwood y sus colegas es que la transmisión y el significado compartido de estos grabados "requerían un lenguaje plenamente sintáctico" (Henshilwood et al., 2002, p. 1280). Es decir, para que un símbolo abstracto como un patrón geométrico sea comprendido por otros miembros de un grupo, es necesario un sistema de comunicación que permita acordar y transmitir convenciones. Los grabados de Blombos son, por tanto, una prueba indirecta de que sus creadores poseían un lenguaje tan complejo como el nuestro.

3. Demuestran una tradición cultural

La presencia de múltiples piezas grabadas en Blombos —dos en 2002, trece más en 2009, y un dibujo en 2018— sugiere que no estamos ante actos aislados, sino ante una tradición cultural que se extendió a lo largo de al menos 25.000 años (Henshilwood et al., 2009). Las técnicas de grabado, los patrones geométricos y la preparación de las superficies se repiten a lo largo del tiempo, lo que indica que el conocimiento se transmitía de generación en generación.

4. Amplían nuestra comprensión del origen del arte

Los grabados de Blombos no son "arte" en el sentido de una pintura figurativa o una escultura. Pero son la evidencia más antigua de una representación abstracta intencional que se ha encontrado hasta la fecha. Representan un momento crucial en la evolución de la mente humana: el momento en que un objeto útil —el ocre, utilizado quizás para teñir o para protección— se convirtió también en un soporte para el símbolo. Un momento en que alguien decidió grabar un patrón que no representaba nada del mundo real, pero que sin duda significaba algo para él o para su comunidad.


Conexión con la investigación sobre el origen del arte (S/Y/C)

El hallazgo de Blombos resuena profundamente con la investigación que venimos desarrollando sobre el modelo S/Y/C del funcionamiento neuronal y la Ley de coherencia biológica (Mallo, 2023, 2025, 2026a, 2026b). Estos grabados, realizados por humanos anatómicamente modernos, son una manifestación temprana de la capacidad simbólica que define a nuestra especie, y que puede entenderse a la luz de nuestras tres dimensiones.

La dimensión S (Supervivencia) nos recuerda que el ocre, el soporte de estos grabados, tenía probablemente una función práctica: protección de la piel, conservación de pieles, ingrediente de adhesivos (Henshilwood et al., 2002). Pero los grabados van más allá de esa utilidad. Son una extensión de la función homeostática: no solo ayudaban a sobrevivir, sino que permitían procesar y compartir experiencias, regular emociones, construir identidad grupal. El arte, desde sus orígenes, fue una tecnología de supervivencia no solo física, sino también psicológica y social.

La dimensión Y (Symbolon) es la que emerge con más claridad en Blombos. Los patrones geométricos no son representaciones de la realidad, sino símbolos: actos de reconocimiento mediante códigos compartidos. Quien grabó esas líneas no estaba copiando la naturaleza, sino creando un nuevo lenguaje, una nueva forma de comunicación. El symbolon es el puente entre el mundo interno y el mundo social, y Blombos es una de las primeras evidencias de ese puente.

La dimensión C (Completitud) se manifiesta en la estructura misma de los grabados. No son líneas dispersas, sino patrones organizados, con simetría y repetición. Reflejan una pulsión hacia la totalidad: la necesidad de cerrar una forma, de crear una unidad coherente a partir de líneas individuales. Esta pulsión es la misma que guía al artista cuando compone una pintura o esculpe una estatua. El arte, desde sus inicios, ha sido una respuesta a la necesidad de orden, de coherencia, de completitud.

La Filosofía Quirúrgica nos invita a aplicar un corte analítico preciso a estos hallazgos. No se trata de ver en Blombos el "primer arte" y detenernos ahí. Se trata de entender que estos grabados son parte de un proceso continuo que se extiende hasta nuestros días. Lo que vemos en Blombos es la emergencia de una función —la función simbólica— que luego se desarrollará, se diversificará y se complejizará a lo largo de decenas de miles de años.


Implicaciones para la investigación futura

El hallazgo de Henshilwood, junto con los descubrimientos posteriores en Blombos y en otros yacimientos africanos (como los grabados en huevos de avestruz de Diepkloof, de más de 55.000 años), ha transformado nuestra comprensión del origen del arte y del comportamiento simbólico. Pero también abre nuevas preguntas:

  1. ¿Qué significaban exactamente estos patrones? Henshilwood y sus colegas reconocen que probablemente nunca lo sabremos (Henshilwood et al., 2002). Pero su existencia demuestra que los humanos del MSA ya tenían la capacidad de crear y compartir símbolos abstractos.

  2. ¿Existía una tradición más amplia? La presencia de grabados similares en diferentes yacimientos sugiere que estos patrones formaban parte de un repertorio simbólico compartido en el sur de África. ¿Hasta dónde se extendía esta tradición? ¿Llegó a otras regiones?

  3. ¿Cuál es la relación entre estos grabados y el arte figurativo posterior? Los grabados de Blombos son abstractos. El arte figurativo —la representación de animales y personas— no aparece en África hasta mucho más tarde. ¿Por qué ese salto? ¿Qué ocurrió en el ínterin?

  4. ¿Qué papel jugaron estos símbolos en la cognición y la evolución social? La creación de símbolos compartidos no solo permite comunicar, sino también coordinar acciones, formar grupos más grandes y desarrollar estructuras sociales más complejas. Los grabados de Blombos podrían ser una de las primeras herramientas de esta transformación social.


Consideraciones finales: el eco de una mente antigua

El hallazgo de los grabados de Blombos es mucho más que una noticia arqueológica. Es una ventana a la mente de nuestros antepasados. Nos muestra que, hace 77.000 años, en una cueva junto al mar, alguien tomó un trozo de ocre y, con una herramienta de piedra, trazó líneas que no representaban nada del mundo exterior, pero que significaban algo en su mundo interior.

Esas líneas son el eco de una mente simbólica, de una mente que ya podía pensar en abstracto, que ya podía crear significados compartidos, que ya podía expresar algo más allá de la necesidad inmediata. Y esa capacidad, que hoy sigue viva en cada obra de arte, en cada poema, en cada canción, no nació en las cuevas de Eurasia hace 40.000 años. Nació en África, mucho antes, y nos acompaña desde entonces.

Como escribió el equipo de Henshilwood en su artículo de 2002, "a la luz de esta evidencia, parece que, al menos en el sur de África, el Homo sapiens era conductualmente moderno hace unos 77.000 años" (Henshilwood et al., 2002, p. 1280). Hoy podemos añadir: y sigue siéndolo.


Referencias bibliográficas

Henshilwood, C. S., d'Errico, F., Yates, R., Jacobs, Z., Tribolo, C., Duller, G. A. T., Mercier, N., Sealy, J. C., Valladas, H., Watts, I., & Wintle, A. G. (2002). Emergence of modern human behavior: Middle Stone Age engravings from South Africa. Science, 295(5558), 1278–1280. https://doi.org/10.1126/science.1067575

Henshilwood, C. S., d'Errico, F., & Watts, I. (2009). Engraved ochres from the Middle Stone Age levels at Blombos Cave, South Africa. Journal of Human Evolution, 57(1), 27–47. https://doi.org/10.1016/j.jhevol.2009.02.006

Mallo, B. (2023). La construcción neuro-simbólica. Una aproximación al funcionamiento del cerebro desde una perspectiva multidisciplinar [Tesis doctoral, Universidad del País Vasco - Euskal Herriko Unibertsitatea]. Repositorio ADDI. http://hdl.handle.net/10810/62701

Mallo, B. (2025). Arte y biología: Una aproximación neurofilosófica al origen de la experiencia estética. https://www.amazon.com/dp/B0E8Y5WZMK

Mallo, B. (2025). Art and biology: A neurophilosophical approach to the origin of aesthetic experience. https://www.amazon.com/dp/B0E8Y6C2XN

Mallo, B. (2026a). De la filosofía quirúrgica a la ley de coherencia biológica S/Y/C: Hacia una investigación sobre el origen del arte en la especie Homo. https://isbn.bibna.gub.uy/catalogo.php?mode=detalle&nt=57196

Mallo, B. (2026a). De la filosofía quirúrgica a la ley de coherencia biológica S/Y/C: Hacia una investigación sobre el origen del arte en la especie Homo [Versión Kindle]. https://www.amazon.com/dp/B0GYGTJD5C

Mallo, B. (2026b). From surgical philosophy to the law of biological coherence S/Y/C: Toward a study of the origin of art in the Homo lineage. https://isbn.bibna.gub.uy/catalogo.php?mode=detalle&nt=57197


Autor / Author


Bernabé Mallo
 Doctor en Filosofía – Universidad del País Vasco / Euskal Herriko Unibertsitatea (UPV/EHU)
 Investigador independiente en neurofilosofía, evolución humana y origen del arte.
 

Bernabé Mallo
 PhD in Philosophy – University of the Basque Country / Euskal Herriko Unibertsitatea (UPV/EHU)
 Independent researcher in neurophilosophy, human evolution, and the origin of art.

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viernes, 17 de julio de 2026

El arte después de Darwin: múltiples orígenes y funciones de una necesidad humana

 

Bernabé Mallo

Doctor en Filosofía por la Universidad del País Vasco (UPV/EHU)
Investigador en neurofilosofía, evolución humana y origen del arte. / PhD in Philosophy – University of the Basque Country (UPV/EHU)
Researcher in neurophilosophy, human evolution, and the origins of art.

Una reseña del libro de Winfried Menninghaus (2019): Aesthetics after Darwin: The Multiple Origins and Functions of the Arts


Introducción: más allá del "canto para el sexo"

¿Por qué los seres humanos dedicamos tiempo y energía a actividades que no parecen tener un valor utilitario inmediato? ¿Por qué pintamos, cantamos, bailamos o contamos historias? La pregunta por el origen y la función del arte ha sido una de las grandes cuestiones de la filosofía y, más recientemente, de la ciencia evolutiva.

Winfried Menninghaus, director del Departamento de Lengua y Literatura del Instituto Max Planck de Estética Empírica en Fráncfort, publicó en 2019 Aesthetics after Darwin: The Multiple Origins and Functions of the Arts (traducido al inglés por Alexandra Berlina), una obra que revisa críticamente las hipótesis evolutivas sobre el arte. El libro, que actualiza su versión original alemana de 2011, ofrece una síntesis lúcida de los debates actuales y propone un modelo novedoso para entender la emergencia de las artes en nuestra especie.

La tesis central de Menninghaus es que el arte no tiene un origen único ni una función exclusiva. Frente a las teorías que privilegian una explicación por encima de las demás —ya sea la selección sexual, la cooperación social o la autoformación—, el autor defiende que las artes humanas surgieron como el resultado de la confluencia de varios factores evolutivos independientes que se combinaron y transformaron mutuamente. La metáfora del "peacock's tale" (la cola del pavo real) que utiliza un reseñador es apropiada: el arte es un fenómeno tan complejo como el plumaje de este ave, y no puede reducirse a una única narrativa.

Desde la perspectiva de nuestra investigación sobre el modelo S/Y/C y la Filosofía Quirúrgica, el trabajo de Menninghaus ofrece herramientas conceptuales valiosas para entender el arte como un fenómeno biológico y simbólico, sin reducirlo ni a un mero instinto ni a una construcción cultural arbitraria (Mallo, 2023, 2025, 2026a, 2026b). Su enfoque pluralista resuena con nuestra tesis de que el arte es una expresión de la función única del sistema nervioso en sus tres dimensiones: supervivencia, símbolo y completitud.


Las tres funciones del arte según el debate evolutivo

Menninghaus identifica tres grandes hipótesis funcionales sobre el arte que han dominado el debate evolutivo y que, lejos de ser mutuamente excluyentes, pueden concebirse como aspectos diferentes de un mismo proceso. Examinemos cada una de ellas.

1. La selección sexual: competencia y elección estética

El punto de partida de Menninghaus es, naturalmente, Charles Darwin. En El origen del hombre (1871), Darwin propuso que la producción artística —en particular, el canto, la danza y la poesía— era un producto de la selección sexual, similar al plumaje vistoso de los pavos reales o al canto de las aves canoras. Los individuos que desarrollaban habilidades artísticas más llamativas tendrían más éxito en el cortejo y, por tanto, dejarían más descendencia.

Menninghaus dedica el primer capítulo a analizar este modelo, mostrando que la teoría darwiniana es mucho más rica y matizada de lo que a menudo se cree. Darwin no redujo el arte a una mera exhibición sexual; también reconoció el papel del "sentido de la belleza" como una capacidad humana fundamental, y se inspiró en la tradición de la retórica clásica y la estética filosófica (especialmente la alemana e inglesa) para formular sus ideas. El "canto para el sexo", en manos de Darwin, no era una explicación simplista, sino una hipótesis compleja que conectaba la biología con la cultura.

2. La cooperación social: arte como vínculo comunitario

La segunda gran hipótesis que Menninghaus examina es aquella que sitúa el origen del arte en la necesidad de cooperación social. Frente al modelo competitivo de Darwin, autores como John R. Krebs y Richard Dawkins han propuesto que el arte —o al menos sus precursores— podría haber evolucionado como una señal de cooperación y cohesión grupal.

El argumento es el siguiente: los seres humanos son animales sociales que dependen de la colaboración para sobrevivir. El arte, al crear experiencias compartidas, ritos colectivos y narrativas comunes, fortalecería los lazos del grupo, aumentaría la confianza y facilitaría la coordinación. Esta función social del arte es, quizás, la que ha recibido más atención en la antropología y la arqueología, y conecta con el papel del arte en la formación de identidades grupales y en la transmisión de valores culturales.

Menninghaus no se decanta exclusivamente por esta hipótesis, pero la valora como una alternativa legítima y complementaria a la selección sexual. Su análisis revela que las dos funciones —la competitiva y la cooperativa— pueden coexistir en diferentes contextos y, a menudo, están entrelazadas en las prácticas artísticas concretas.

3. La autoformación ontogenética: arte como transformación personal

La tercera hipótesis que Menninghaus considera es la del arte como herramienta de auto-transformación ontogenética. Esta perspectiva, más cercana a la tradición de la "educación estética" o "liberal education", enfatiza el papel del arte en el desarrollo individual, en la formación de la subjetividad y en la búsqueda de significado.

El arte no solo sería un medio de atraer parejas o de cohesionar grupos, sino también un espacio de exploración interior, de expresión emocional, de construcción de identidad. Esta función, aunque menos explorada en el marco evolutivo, es central para entender por qué las personas se dedican al arte a lo largo de su vida, más allá de su utilidad reproductiva o social. Menninghaus señala que esta dimensión no es incompatible con las anteriores; de hecho, podría ser su correlato subjetivo: la experiencia de transformación personal que acompaña a la creación y contemplación artística.


El modelo de "cooptación": una síntesis innovadora

La contribución más original de Menninghaus es su modelo de "cooptación" (cooptation model) para explicar el origen múltiple de las artes humanas . Frente a la idea de que el arte es una adaptación específica para una función concreta, Menninghaus propone que surgió como una nueva variante de comportamiento cuando tres adaptaciones antiguas y en gran medida independientes se unieron y fueron transformadas por las capacidades humanas de cognición simbólica y lenguaje .

Estas tres adaptaciones serían:

  1. Los sesgos sensoriales y de selección sexual relacionados con la belleza visual y auditiva (el "sentido de la belleza" que mencionaba Darwin).

  2. El comportamiento de juego (play behavior), que en muchas especies sirve para explorar, practicar habilidades y desarrollar la creatividad.

  3. La tecnología, entendida como la capacidad de fabricar y usar herramientas, que amplió el repertorio de posibilidades materiales para la expresión artística.

Estas tres capacidades, que evolucionaron por razones independientes (la selección sexual, el desarrollo cognitivo y la supervivencia práctica), se fusionaron en los seres humanos gracias a la emergencia del lenguaje y el pensamiento simbólico. La confluencia de estos factores dio lugar a comportamientos que antes no existían: pintar figuras en las paredes de una cueva, esculpir estatuillas, componer canciones, tejer narrativas.

Menninghaus acuña el término "cooptación" (en lugar de "exaptación", el término más común acuñado por Gould y Vrba) para enfatizar que estas capacidades no fueron simplemente "recicladas" para una nueva función, sino que se transformaron radicalmente al entrar en contacto con la cognición simbólica . El arte no es un subproducto de la selección sexual ni un mero instrumento de cohesión social; es el resultado de una reconfiguración sistémica de varias capacidades preexistentes.


Conexión con la investigación sobre el origen del arte (S/Y/C)

El modelo de Menninghaus resuena profundamente con la investigación que venimos desarrollando sobre el modelo S/Y/C del funcionamiento neuronal y la Ley de coherencia biológica (Mallo, 2023, 2025, 2026a, 2026b). Su enfoque pluralista y su énfasis en la confluencia de factores diversos encuentra un eco en nuestra tesis de que el arte es una expresión de la función única del sistema nervioso, que se manifiesta en tres dimensiones inseparables.

La dimensión S (Supervivencia) se corresponde con la función adaptativa del arte que Menninghaus explora a través de la selección sexual y la cooperación social. El arte, en su origen, no es un lujo desinteresado; está enraizado en necesidades biológicas: atraer parejas, fortalecer vínculos, mejorar la cohesión del grupo. Incluso el comportamiento de juego y la tecnología, que Menninghaus identifica como precursores del arte, sirven en última instancia a la supervivencia, al desarrollo de habilidades y a la adaptación al entorno.

La dimensión Y (Symbolon) es central para entender la transformación que Menninghaus describe. La capacidad simbólica —el lenguaje, la cognición simbólica— es el catalizador que convierte los sesgos sensoriales, el juego y la tecnología en arte propiamente humano. El symbolon no es solo una representación, sino un acto de reconocimiento mediante códigos compartidos. Cuando el arte se convierte en símbolo, trasciende su función biológica inmediata para convertirse en un vehículo de significado, de comunicación de experiencias, de construcción de mundos. Menninghaus, aunque no usa este término, describe precisamente este salto cualitativo.

La dimensión C (Completitud) apunta a la necesidad humana de totalidad, de integrar las partes en un todo coherente. El arte, en su función de autoformación ontogenética, satisface esa necesidad: la obra de arte ofrece una totalidad cerrada, un mundo simbólico completo que ordena la experiencia. Esta función, que Menninghaus identifica como una de las tres hipótesis funcionales, conecta con la pulsión más profunda del sistema nervioso hacia la coherencia y el significado.

La Filosofía Quirúrgica nos invita a aplicar un corte analítico preciso al modelo de Menninghaus. No se trata de elegir entre las distintas funciones del arte —selección sexual, cooperación, autoformación—, sino de distinguir niveles. Cada una de estas funciones opera en un nivel diferente: el biológico, el social, el psicológico. El arte las integra a todas porque la función única del sistema nervioso (S/Y/C) se despliega en todos esos niveles de manera simultánea. Menninghaus acierta al rechazar el monolitismo funcional; nuestra tesis ofrece un fundamento para entender por qué las funciones son múltiples sin ser contradictorias.


Implicaciones para la investigación sobre el origen del arte

El libro de Menninghaus tiene implicaciones profundas para la investigación sobre el origen del arte en la especie Homo. En primer lugar, nos recuerda que el arte no tiene un punto de partida único. La evidencia arqueológica sugiere que diferentes prácticas artísticas —el adorno corporal, la pintura rupestre, la música— pueden haber surgido en momentos distintos y por razones diversas. No hay un "momento cero" del arte, sino una emergencia gradual y múltiple.

En segundo lugar, el modelo de cooptación ofrece un marco para entender la relación entre continuidad y discontinuidad en la evolución del arte. El arte humano no es una novedad absoluta; se apoya en capacidades que compartimos con otros animales: la preferencia por ciertos estímulos visuales y auditivos, el comportamiento de juego, el uso de herramientas. Pero la irrupción de la cognición simbólica y el lenguaje transforma estas capacidades en algo radicalmente nuevo: un sistema de producción de significados que no tiene equivalente en el mundo animal.

En tercer lugar, el libro subraya la importancia de la interdisciplinariedad para abordar el origen del arte. Menninghaus integra la biología evolutiva, la arqueología, la antropología, la filosofía y la teoría literaria. Su enfoque es un ejemplo de cómo la investigación sobre el arte debe superar los compartimentos disciplinares para lograr una comprensión más rica y completa. Nuestra propia investigación, que integra neurociencia, filosofía, psicología y antropología, se inscribe en esta misma tradición.


Consideraciones finales: el arte como encuentro de fuerzas

El libro de Winfried Menninghaus ofrece una visión del arte que es, a la vez, humilde y ambiciosa. Humilde porque reconoce que no hay una única respuesta a la pregunta por el origen y la función del arte. Ambigua porque propone una síntesis novedosa que integra las distintas perspectivas en un marco común.

El arte, según Menninghaus, no es ni un instinto ciego ni una construcción cultural arbitraria. Es el resultado de la confluencia de varias fuerzas evolutivas, que se transforman al entrar en contacto con la capacidad humana de crear símbolos. El arte es, en este sentido, un encuentro: entre la biología y la cultura, entre la necesidad y el deseo, entre el cuerpo y la mente.

Desde nuestra investigación, añadimos que ese encuentro es posible porque el sistema nervioso humano es, en su función única, un dispositivo de integración. No hay contradicción entre las distintas funciones del arte porque todas ellas son expresiones de la misma dinámica S/Y/C. El arte nos ayuda a sobrevivir, a simbolizar y a completar sentidos. Y en esa triple dimensión reside su poder, su persistencia y su misterio.


Referencias bibliográficas

Mallo, B. (2023). La construcción neuro-simbólica. Una aproximación al funcionamiento del cerebro desde una perspectiva multidisciplinar [Tesis doctoral, Universidad del País Vasco - Euskal Herriko Unibertsitatea]. Repositorio ADDI. http://hdl.handle.net/10810/62701

Mallo, B. (2025). Arte y biología: Una aproximación neurofilosófica al origen de la experiencia estética. https://www.amazon.com/dp/B0E8Y5WZMK

Mallo, B. (2025). Art and biology: A neurophilosophical approach to the origin of aesthetic experience. https://www.amazon.com/dp/B0E8Y6C2XN

Mallo, B. (2026a). De la filosofía quirúrgica a la ley de coherencia biológica S/Y/C: Hacia una investigación sobre el origen del arte en la especie Homo. https://isbn.bibna.gub.uy/catalogo.php?mode=detalle&nt=57196

Mallo, B. (2026a). De la filosofía quirúrgica a la ley de coherencia biológica S/Y/C: Hacia una investigación sobre el origen del arte en la especie Homo [Versión Kindle]. https://www.amazon.com/dp/B0GYGTJD5C

Mallo, B. (2026b). From surgical philosophy to the law of biological coherence S/Y/C: Toward a study of the origin of art in the Homo lineage. https://isbn.bibna.gub.uy/catalogo.php?mode=detalle&nt=57197

Menninghaus, W. (2019). Aesthetics after Darwin: The multiple origins and functions of the arts (A. Berlina, Trad.). Academic Studies Press. (Obra original publicada en 2011)


Autor / Author


Bernabé Mallo
 Doctor en Filosofía – Universidad del País Vasco / Euskal Herriko Unibertsitatea (UPV/EHU)
 Investigador independiente en neurofilosofía, evolución humana y origen del arte.
 

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 Independent researcher in neurophilosophy, human evolution, and the origin of art.

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