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miércoles, 17 de junio de 2026

El algoritmo y el aura: Walter Benjamin en la era de la inteligencia artificial

 

Bernabé Mallo

Doctor en Filosofía por la Universidad del País Vasco (UPV/EHU)
Investigador en neurofilosofía, evolución humana y origen del arte. / PhD in Philosophy – University of the Basque Country (UPV/EHU)
Researcher in neurophilosophy, human evolution, and the origins of art.

Una reseña del capítulo de Luciano Ambrosini (2025): The Aura in the Algorithm: Reimagining Walter Benjamin‘s Aesthetic Theory in the Era of Artificial Intelligence


Introducción: ¿puede una máquina tener aura?

En 1936, el filósofo alemán Walter Benjamin publicó un ensayo que se convertiría en una de las piedras angulares de la teoría del arte del siglo XX: La obra de arte en la época de su reproductibilidad técnica. Allí introdujo el concepto de aura: esa cualidad única, irrepetible, ligada a la presencia física de la obra y a su tradición, que se pierde cuando la reproducción técnica permite multiplicar copias indefinidamente. La fotografía y el cine, para Benjamin, eran síntomas de esta pérdida, pero también portadores de nuevas funciones políticas.

Hoy, casi un siglo después, nos enfrentamos a una transformación aún más radical. La inteligencia artificial no solo reproduce obras existentes; genera obras nuevas sin necesidad de un original físico. ¿Qué queda entonces del aura? ¿Puede un algoritmo, con su fría eficiencia matemática, producir algo que merezca ese nombre?

Luciano Ambrosini, en un capítulo publicado en 2025 dentro del volumen Dialectic of Digital Enlightenment: Reclaiming Radical Philosophy for Our Times (Springer), aborda precisamente esta cuestión (Ambrosini, 2025). El autor propone la noción, aparentemente paradójica, de un "aura algorítmica" : una forma de autenticidad que no reside en la materialidad de la obra ni en su historia, sino en su origen computacional y en la singularidad de su proceso generativo.

Este planteamiento, como veremos, no es una mera extrapolación del pensamiento benjaminiano, sino una revisión crítica que intenta dar cuenta de las especificidades del arte generado por IA. Desde la perspectiva de nuestra investigación sobre el modelo S/Y/C y la Filosofía Quirúrgica, el análisis de Ambrosini ofrece herramientas valiosas para pensar la relación entre técnica, autenticidad y experiencia estética en el contexto de las máquinas creadoras (Mallo, 2023, 2025, 2026a, 2026b).


Benjamin y el aura: un recordatorio necesario

Antes de adentrarnos en la propuesta de Ambrosini, conviene recordar los elementos centrales de la teoría benjaminiana. Para Benjamin, el aura de una obra de arte está vinculada a su presencia única en el espacio y el tiempo, a su "aquí y ahora" irrepetible. Esta presencia confiere a la obra una autoridad, una autenticidad, que la tradición había considerado inalienable.

La reproducción técnica —la litografía, la fotografía, el cine— destruye esa unicidad. Al multiplicar las copias, separa la obra de su contexto original, la hace accesible a las masas, la despoja de su carácter ritual para conferirle una función política y pedagógica. Benjamin veía en este proceso no solo una pérdida, sino también una ganancia: la posibilidad de un arte al servicio de la emancipación colectiva, liberado de los privilegios de la élite.

El arte generado por IA, sostiene Ambrosini, plantea un desafío inédito a esta dicotomía. No se trata de reproducción de un original, sino de generación sin original. La obra de IA no es copia de algo anterior; es, en principio, una creación novedosa. Pero tampoco tiene la unicidad física del arte tradicional, porque puede ser replicada y modificada con facilidad. ¿Dónde queda entonces el aura?


El "aura algorítmica": una paradoja productiva

La respuesta de Ambrosini es la propuesta de un "aura algorítmica" . No se trata de una contradicción en los términos, sino de una ampliación del concepto benjaminiano para adaptarlo a las condiciones técnicas del presente.

¿En qué consistiría esta nueva forma de aura? Ambrosini sugiere que la autenticidad de una obra de IA no reside en su materialidad física, sino en la singularidad de su proceso generativo. Cada vez que un algoritmo produce una obra, lo hace a partir de un conjunto de datos, unos parámetros, una arquitectura, que son únicos. Incluso si el código es el mismo, las condiciones de la generación —los datos de entrenamiento, las semillas aleatorias, las interacciones previas— pueden dar lugar a resultados irrepetibles.

El "aura algorítmica" sería, así, la huella de ese proceso único, la marca de una inteligencia no humana que, sin embargo, produce algo que nos interpela, nos conmueve, nos hace pensar. No es el aura de la presencia física, sino el rastro de una complejidad computacional que no puede ser reducida a mera repetición.

Esta noción, como advierte el propio Ambrosini, no está exenta de problemas. ¿Puede una máquina tener "autenticidad" en el sentido benjaminiano? ¿No estamos proyectando sobre el algoritmo categorías que solo tienen sentido en el contexto de la subjetividad humana? El autor no ofrece respuestas definitivas, pero abre una vía de indagación que merece ser explorada.


Autoría fluida y democratización digital

Uno de los aspectos más relevantes del análisis de Ambrosini es su tratamiento de la cuestión de la autoría en el arte generado por IA. Benjamin ya había señalado que la reproducción técnica diluye la figura del autor tradicional, al hacer posible que las obras circulen y sean transformadas por múltiples agentes.

Con la inteligencia artificial asistimos a una disolución aún más profunda de la figura autoral. La autoría ya no se adscribe a una conciencia individual, sino que se distribuye a lo largo de una cadena de decisiones e influencias que incluye la arquitectura del sistema, la procedencia de los datos de aprendizaje, los parámetros seleccionados por el operador e incluso la propia aleatoriedad del proceso generativo. La obra resultante no tiene un padre único, sino una red difusa de contribuyentes. Esta dispersión no es una anomalía, sino el rasgo distintivo de una nueva ecología creativa donde la frontera entre el creador humano y el medio técnico se vuelve irreconocible. Ambrosini captura esta transformación bajo la noción de "autoría fluida" , un concepto que desmantela la figura del genio creador y exige una revisión profunda de las categorías jurídicas y estéticas heredadas.

Esta fluidez tiene, sin embargo, un correlato positivo: la democratización del arte. La IA pone herramientas de creación al alcance de personas sin formación técnica o artística. Cualquier persona con acceso a un ordenador puede generar imágenes, música o textos que antes habrían requerido años de aprendizaje. Esto, como señala Ambrosini, desafía las estructuras de poder del mundo del arte —galerías, museos, críticos— y abre la posibilidad de una expresión más inclusiva y diversa.

No obstante, el autor también advierte sobre los peligros de esta democratización: la homogeneización de los estilos, la dependencia de los mismos conjuntos de datos, el riesgo de que la IA perpetúe sesgos y exclusiones. El algoritmo, como cualquier herramienta, puede ser utilizado para emancipar o para dominar. La diferencia está en cómo lo usamos.


Ética, sesgo y agencia humana

Ambrosini dedica una sección de su capítulo a las consideraciones éticas del arte generado por IA (Ambrosini, 2025). Desde una perspectiva benjaminiana, analiza cuestiones como el sesgo algorítmico, la propiedad intelectual y la potencial manipulación de las audiencias.

El sesgo algorítmico es uno de los problemas más acuciantes. Los sistemas de IA aprenden de datos históricos, y esos datos reflejan las desigualdades y prejuicios de nuestras sociedades. Un algoritmo entrenado con obras de arte occidentales generará imágenes que reproducen esos cánones, ignorando o distorsionando otras tradiciones. La democratización técnica puede convertirse así en una reproducción de la hegemonía cultural, en lugar de una auténtica pluralidad.

La cuestión de la propiedad intelectual es igualmente compleja. Si una IA genera una obra que se parece mucho a la de un artista humano, ¿quién infringe los derechos de autor? ¿El programador? ¿El usuario? ¿El propio sistema? Las leyes actuales no están preparadas para responder a estas preguntas, y Ambrosini sugiere que necesitamos repensar el marco legal desde cero.

Finalmente, el autor aborda la necesidad de preservar la agencia humana en el proceso creativo. La IA no debe sustituir al artista, sino ampliar sus capacidades. El peligro no es que las máquinas nos reemplacen, sino que deleguemos en ellas decisiones que solo los humanos pueden tomar —qué es bello, qué es significativo, qué merece ser recordado.


Conexión con la investigación sobre el origen del arte (S/Y/C)

El análisis de Ambrosini resuena profundamente con la investigación que venimos desarrollando sobre el modelo S/Y/C del funcionamiento neuronal y la Ley de coherencia biológica (Mallo, 2023, 2025, 2026a, 2026b). Su noción de "aura algorítmica" puede reinterpretarse a la luz de nuestras tres dimensiones.

La dimensión S (Supervivencia) nos recuerda que la experiencia estética humana está enraizada en necesidades homeostáticas. El arte nos conmueve porque activa nuestro sistema nervioso autónomo, porque regula nuestras emociones, porque nos ayuda a sobrevivir simbólicamente. La IA puede generar objetos formalmente complejos, pero no experimenta esa necesidad de regulación. Su "aura", si existe, no es la de un ser vivo que busca su equilibrio, sino la de una máquina que ejecuta funciones.

La dimensión Y (Symbolon) es central para entender la diferencia entre la autenticidad humana y la algorítmica. El symbolon es un acto de reconocimiento mediante códigos compartidos, un puente entre subjetividades. Cuando un humano contempla una obra, no solo procesa formas; reconoce intenciones, emociones, significados. La IA puede producir obras que interpretamos como si tuvieran intención, pero esa intención es proyectada por nosotros. El "aura algorítmica" es, en el fondo, un efecto de nuestra interpretación, no una propiedad intrínseca del algoritmo.

La dimensión C (Completitud) apunta a la necesidad humana de cerrar formas, de encontrar totalidades coherentes. El arte nos satisface cuando logra esa completitud. La IA puede generar objetos formalmente cerrados, pero no experimenta la pulsión hacia la completitud. Su "aura" es, en este sentido, un simulacro de la completitud humana.

La Filosofía Quirúrgica nos invita a aplicar un corte analítico preciso en la propuesta de Ambrosini. No se trata de rechazar la noción de "aura algorítmica" como falsa, sino de distinguir niveles. En el nivel de la producción técnica, el concepto puede ser útil para describir la singularidad de los procesos generativos. En el nivel de la experiencia estética plena, sin embargo, el "aura" sigue siendo patrimonio de lo vivo. La IA puede sorprendernos, conmovernos, inspirarnos. Pero la fuente de esa emoción no está en el algoritmo, sino en nuestro encuentro con el algoritmo. Somos nosotros quienes proyectamos sobre la máquina la capacidad de conmover. Y ese acto de proyección es, quizás, lo más humano del arte.


Implicaciones para la investigación futura

El capítulo de Ambrosini abre varias líneas de trabajo prometedoras. La primera es la necesidad de investigación empírica sobre cómo los espectadores perciben y valoran el arte generado por IA. ¿Atribuyen "aura" a estas obras? ¿En qué condiciones? ¿Qué factores modulan esa atribución?

La segunda línea es el desarrollo de nuevos marcos legales y éticos para el arte de IA. Las categorías benjaminianas —original, copia, autor, espectador— necesitan ser revisadas a la luz de las tecnologías generativas. Ambrosini ofrece pistas, pero el trabajo de detalle está por hacer.

La tercera línea es la exploración de nuevas formas de colaboración entre humanos y máquinas. Si la IA no puede tener aura por sí misma, quizás sí pueda contribuir a crear obras híbridas donde lo humano y lo algorítmico se entrelacen. El futuro del arte no es la sustitución del humano por la máquina, sino la sinergia entre ambos.

Desde nuestra perspectiva, estas investigaciones deberían incorporar también una dimensión neurobiológica. No basta con analizar conceptos; hay que estudiar qué ocurre en el cerebro cuando contemplamos una obra de IA. ¿Se activan las mismas regiones que ante el arte humano? ¿Hay diferencias? ¿Podemos medir el "aura" en términos de activación neuronal? Son preguntas abiertas, y responderlas es parte del desafío de la neuroestética contemporánea.


Consideraciones finales: el aura como encuentro, no como propiedad

El capítulo de Luciano Ambrosini nos recuerda que el pensamiento de Walter Benjamin, formulado hace casi un siglo, sigue siendo extraordinariamente fértil para pensar nuestro presente tecnológico. Su concepto de aura, pensado para la era de la reproducción mecánica, puede ser reinterpretado para la era de la generación algorítmica.

La noción de "aura algorítmica" es, sin duda, provocadora. Nos obliga a preguntarnos qué valor otorgamos a las obras generadas por IA, y por qué. Pero quizás el mayor acierto de Ambrosini sea mostrar que el aura no es una propiedad fija de las obras, sino un efecto de nuestra relación con ellas. Si algo tiene aura, no es porque exista en sí mismo, sino porque nosotros, los espectadores, se la otorgamos.

Y esa es, quizás, la lección más profunda para nuestra investigación sobre el origen del arte. El arte humano no tiene aura porque sea "auténtico" en un sentido metafísico, sino porque lo tratamos como tal. Lo investimos de significado, lo conectamos con nuestra historia, lo hacemos parte de nuestro mundo. La IA puede producir objetos que también investimos de significado. Pero ese acto de investidura —ese symbolon— sigue siendo humano. Y mientras lo sea, el arte, incluso el generado por algoritmos, seguirá siendo un testimonio de nuestra capacidad para encontrar sentido en el caos.


Referencias bibliográficas

Ambrosini, Luciano (2025). The Aura in the Algorithm: Reimagining Walter Benjamin’s Aesthetic Theory in the Era of Artificial Intelligence. In Bhabani Shankar Nayak, Dialectic of Digital Enlightenment: Reclaiming Radical Philosophy for Our Times. Cham: Springer Nature Switzerland. pp. 133-160. https://philpapers.org/rec/AMBTAI

Mallo, B. (2023). La construcción neuro-simbólica. Una aproximación al funcionamiento del cerebro desde una perspectiva multidisciplinar [Tesis doctoral, Universidad del País Vasco - Euskal Herriko Unibertsitatea]. Repositorio ADDI. http://hdl.handle.net/10810/62701

Mallo, B. (2025). Arte y biología: Una aproximación neurofilosófica al origen de la experiencia estética. Lopez Mallo, Javier Bernabé. https://www.amazon.com/dp/B0E8Y5WZMK

Mallo, B. (2025). Art and biology: A neurophilosophical approach to the origin of aesthetic experience. Lopez Mallo, Javier Bernabé. https://www.amazon.com/dp/B0E8Y6C2XN

Mallo, B. (2026a). De la filosofía quirúrgica a la ley de coherencia biológica S/Y/C: Hacia una investigación sobre el origen del arte en la especie Homo. Lopez Mallo, Javier Bernabé. https://isbn.bibna.gub.uy/catalogo.php?mode=detalle&nt=57196

Mallo, B. (2026a). De la filosofía quirúrgica a la ley de coherencia biológica S/Y/C: Hacia una investigación sobre el origen del arte en la especie Homo [Versión Kindle]. Amazon. https://www.amazon.com/dp/B0GYGTJD5C

Mallo, B. (2026b). From surgical philosophy to the law of biological coherence S/Y/C: Toward a study of the origin of art in the Homo lineage. Lopez Mallo, Javier Bernabé. https://isbn.bibna.gub.uy/catalogo.php?mode=detalle&nt=57197

Mallo, B. (2026b). From surgical philosophy to the law of biological coherence S/Y/C: Toward a study of the origin of art in the Homo lineage [Kindle edition]. Amazon. https://www.amazon.com/dp/B0GY89SZS1


Autor / Author


Bernabé Mallo
 Doctor en Filosofía – Universidad del País Vasco / Euskal Herriko Unibertsitatea (UPV/EHU)
 Investigador independiente en neurofilosofía, evolución humana y origen del arte.
 

Bernabé Mallo
 PhD in Philosophy – University of the Basque Country / Euskal Herriko Unibertsitatea (UPV/EHU)
 Independent researcher in neurophilosophy, human evolution, and the origin of art.

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ORCID: https://orcid.org/0000-0001-9002-9728
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domingo, 14 de junio de 2026

¿Qué es una obra de arte generada por IA? Una propuesta transdisciplinar

 

Bernabé Mallo

Doctor en Filosofía por la Universidad del País Vasco (UPV/EHU)
Investigador en neurofilosofía, evolución humana y origen del arte. / PhD in Philosophy – University of the Basque Country (UPV/EHU)
Researcher in neurophilosophy, human evolution, and the origins of art.

Una reseña del artículo de Leonardo Arriagada (2025): Defining an AI-Generated Artwork: A Transdisciplinary Concept for Cognitive Science, Computer Science, and Art Theory


Introducción: la torre de Babel de la inteligencia artificial

Una obra generada por inteligencia artificial es, para un informático, un conjunto de salidas probabilísticas de una red neuronal. Para un psicólogo cognitivo, un estímulo que provoca ciertas respuestas en el espectador. Para un teórico del arte, un objeto que desafía las categorías tradicionales de autoría, intencionalidad y creatividad. Cada disciplina habla su propio lenguaje, y el resultado es a menudo una torre de Babel donde la comunicación es difícil y la colaboración, casi imposible.

Leonardo Arriagada, en un artículo publicado en 2025 en la revista Calle 14: Revista de Investigación en el Campo del Arte, aborda precisamente este problema . Su objetivo es ambicioso: desarrollar una definición transdisciplinar de obra de arte generada por IA que sirva como puente conceptual entre la ciencia cognitiva, la informática y la teoría del arte.

La propuesta de Arriagada se articula en torno a tres elementos esenciales: (1) la producción autónoma por parte de la IA de una idea o artefacto nuevo y sorprendente; (2) la existencia de un mecanismo de evaluación interno al propio sistema; y (3) la consideración de ese producto como candidato a la apreciación por parte de una audiencia humana.

Esta definición, como veremos, no está exenta de problemas filosóficos, pero tiene el mérito de ofrecer un punto de partida común para disciplinas que a menudo hablan sin entenderse. Desde la perspectiva de nuestra investigación sobre el modelo S/Y/C y la Filosofía Quirúrgica, el análisis de Arriagada resulta especialmente valioso porque nos obliga a precisar qué entendemos por "autonomía", "evaluación" y "apreciación" en el contexto del arte generado por máquinas.


¿Por qué necesitamos una definición transdisciplinar?

Arriagada parte de una constatación: la literatura sobre arte generado por IA es abundante, pero fragmentada . Los informáticos se centran en los aspectos técnicos de los algoritmos generativos (redes generativas antagónicas, transformadores, modelos de difusión). Los psicólogos cognitivos estudian cómo los espectadores perciben y valoran estas obras. Los teóricos del arte debaten sobre si la IA puede ser considerada autora o si sus productos merecen el estatus de arte.

El problema no es solo académico. Tiene implicaciones prácticas para la atribución de derechos de autor, la evaluación crítica, la conservación y la comercialización de estas obras. Sin un lenguaje común, los desacuerdos son inevitables y las oportunidades de colaboración interdisciplinar se pierden.

La propuesta de Arriagada no pretende ser la definición definitiva, sino una herramienta heurística que permita a investigadores de diferentes campos dialogar sobre un terreno común. Su enfoque es pragmático: no se pregunta qué es el arte en esencia, sino qué características debe reunir un objeto generado por IA para ser considerado un candidato legítimo a la apreciación artística.


Los tres elementos de la definición

Arriagada propone que una obra de arte generada por IA debe cumplir tres condiciones .

1. Producción autónoma de novedad

El primer elemento es que la IA debe producir algo nuevo y sorprendente de manera autónoma. Esto excluye los casos en los que el sistema se limita a reproducir o combinar patrones existentes sin generar verdadera novedad. También excluye los casos en los que el control humano es tan directo que la IA actúa como una mera herramienta, no como un agente.

La noción de "autonomía" es aquí clave, pero también problemática. ¿Cuán autónoma debe ser la IA? ¿Basta con que no haya intervención humana en el momento de la generación, o es necesario que el sistema haya aprendido sus criterios por sí mismo sin supervisión? Arriagada no ofrece una respuesta definitiva, pero señala que el grado de autonomía puede variar y que esta variabilidad debería ser objeto de estudio empírico.

2. Mecanismo de evaluación interno

El segundo elemento es que la IA debe incorporar un mecanismo de evaluación interno. No basta con que genere algo nuevo; el sistema debe ser capaz de evaluar sus propias producciones, de discriminar entre resultados exitosos y fallidos, de seleccionar aquellos que merecen ser presentados a la audiencia humana.

Este mecanismo puede ser explícito (por ejemplo, una función de pérdida que penaliza ciertas salidas) o implícito (por ejemplo, las propias estadísticas del modelo). Pero sin algún tipo de evaluación interna, la generación sería ciega, y el resultado, un mero producto del azar.

La inclusión de este elemento es interesante porque introduce una forma de intencionalidad débil en la IA. El sistema no tiene conciencia ni propósitos, pero su arquitectura incorpora criterios de valor que guían su producción. Esto la acerca, aunque sea vagamente, a la noción de "juicio" que en los humanos acompaña a la creatividad.

3. Candidato a la apreciación humana

El tercer elemento es que el producto generado por la IA debe ser considerado un candidato a la apreciación por parte de una audiencia humana. Aquí Arriagada introduce un factor social e institucional. No basta con que la IA produzca algo novedoso y lo evalúe internamente. Es necesario que ese algo sea presentado a humanos que puedan apreciarlo, interpretarlo, valorarlo.

Este elemento reconoce que el arte es, en parte, una institución social. Una obra generada por IA que permanece en el disco duro de un ordenador sin que nadie la vea no es arte, del mismo modo que un readymade de Duchamp no sería arte si nadie lo hubiera exhibido en una galería. La apreciación humana es el acto que completa el circuito, que convierte un artefacto técnico en un objeto estético.


Fortalezas y debilidades de la propuesta

La definición de Arriagada tiene varias fortalezas. En primer lugar, es operativa: proporciona criterios que pueden ser aplicados empíricamente para clasificar casos concretos. En segundo lugar, es inclusiva: no excluye a priori ningún tipo de técnica o estilo, siempre que cumpla las tres condiciones. En tercer lugar, es transdisciplinar: ofrece un lenguaje común para informáticos, psicólogos y teóricos del arte.

Sin embargo, también presenta debilidades importantes. La más evidente es que la definición depende de nociones ("novedad", "sorpresa", "autonomía", "apreciación") que son ellas mismas controvertidas y requieren ulterior precisión. ¿Qué cuenta como "sorpresa" para una máquina? ¿Cómo medimos la "autonomía"? ¿Quién decide qué es "digno de apreciación"?

Además, la definición no aborda directamente la cuestión de la intencionalidad en el sentido filosófico fuerte. Un sistema puede tener un mecanismo de evaluación interna sin que haya nadie "dentro" que realmente juzgue o valore nada. La evaluación es una función, no una experiencia. Y esa distancia entre función y experiencia es, como hemos visto en otras reseñas, crucial para distinguir el arte humano del arte de máquina.


Conexión con la investigación sobre el origen del arte (S/Y/C)

El análisis de Arriagada resuena profundamente con la investigación que venimos desarrollando sobre el modelo S/Y/C del funcionamiento neuronal y la Ley de coherencia biológica. Su definición transdisciplinar puede reinterpretarse a la luz de nuestras tres dimensiones.

La dimensión S (Supervivencia) nos recuerda que la apreciación humana del arte no es un acto puramente cognitivo, sino que está enraizada en necesidades homeostáticas. Cuando un espectador humano "aprecia" una obra generada por IA, su cerebro está procesando estímulos que le generan placer, activación, curiosidad o emoción. Ese procesamiento es real, aunque la obra haya sido hecha por una máquina. La definición de Arriagada, al incluir la "apreciación humana", reconoce implícitamente esta dimensión.

La dimensión Y (Symbolon) es central para entender el salto entre la evaluación interna de la IA y la apreciación humana. La IA puede tener mecanismos de evaluación que son funciones matemáticas, pero no symbolon: no hay reconocimiento compartido, no hay significado emergente de un encuentro entre subjetividades. La apreciación humana, en cambio, es siempre simbólica: vemos la obra, la interpretamos, la conectamos con nuestra historia personal y cultural. Eso es algo que la IA, por sí misma, no puede generar. El symbolon —el acto de reconocimiento mediante códigos compartidos— es patrimonio de la subjetividad encarnada.

La dimensión C (Completitud) apunta a la necesidad humana de cerrar formas, de encontrar coherencia. Cuando apreciamos una obra, buscamos en ella una totalidad que nos satisfaga. La IA puede generar objetos formalmente cerrados, pero no experimenta la pulsión hacia la completitud. Su "evaluación interna" es un cálculo, no un anhelo.

La Filosofía Quirúrgica nos invita a aplicar un corte analítico preciso a la definición de Arriagada. No se trata de rechazarla, sino de distinguir niveles. En el nivel de la producción técnica, la definición es útil: permite identificar qué objetos generados por IA merecen ser considerados candidatos a la apreciación artística. En el nivel de la experiencia estética plena, sin embargo, la definición es insuficiente, porque no capta lo que la apreciación humana tiene de encarnado, simbólico y anhelante.

Arriagada ofrece una herramienta para tender puentes entre disciplinas. Eso es valioso. Pero para comprender el arte en su origen y en su función, necesitamos algo más: una teoría de la subjetividad encarnada, de la intencionalidad vivida, de la pulsión hacia el sentido. Eso es lo que nuestra investigación intenta aportar, con el symbolon como concepto central.


Implicaciones para la investigación futura

El artículo de Arriagada abre varias líneas para la investigación futura . En primer lugar, sugiere que la definición propuesta debería ser aplicada a diversos tipos de obras de arte generadas por IA para evaluar su alcance y sus límites. No es lo mismo una imagen generada por una red neuronal que un texto poético producido por un modelo de lenguaje, o una sinfonía compuesta por un sistema autónomo. La definición debería ser capaz de abarcarlos a todos, o de ajustarse para hacerlo.

En segundo lugar, Arriagada señala que la definición tiene implicaciones para las prácticas artísticas . Si los artistas humanos empiezan a colaborar con sistemas de IA que cumplen las tres condiciones, ¿cómo cambia su forma de trabajar? ¿Siguen siendo ellos los autores, o la autoría se distribuye? ¿Qué ocurre con la noción de "estilo" o "voz" cuando la máquina puede imitar cualquier estilo?

Estas preguntas no tienen respuesta fácil, y la definición de Arriagada no pretende resolverlas. Su contribución es más modesta pero igualmente valiosa: proporcionar un terreno común para que investigadores de diferentes disciplinas puedan empezar a dialogar. Y ese diálogo, como sabemos, es la condición de posibilidad de cualquier avance significativo.


Consideraciones finales: la necesidad de un lenguaje común

El artículo de Leonardo Arriagada nos recuerda que, en un campo tan novedoso y controvertido como el arte generado por IA, el primer desafío no es responder preguntas, sino formularlas bien. Y para formularlas bien, necesitamos conceptos claros y compartidos. Su propuesta de una definición transdisciplinar es un paso en esa dirección.

Desde nuestra perspectiva, esa definición es útil pero incompleta. Útil porque permite la comunicación entre la ciencia cognitiva, la informática y la teoría del arte. Incompleta porque no capta la dimensión encarnada de la experiencia estética humana. La IA puede producir objetos que cumplan los tres criterios de Arriagada, pero esos objetos, cuando son apreciados por un humano, adquieren un significado que no está en la máquina, sino en el encuentro entre la obra y una subjetividad viva.

El origen del arte, en la especie Homo, no fue la producción de objetos novedosos ni la evaluación interna de sistemas autónomos. Fue la necesidad de expresar, de comunicar, de compartir lo que se siente —fue la necesidad de symbolon. Esa necesidad sigue siendo, hoy, lo que define lo humano frente a lo artificial. Y mientras no olvidemos eso, podremos usar la IA como herramienta sin confundirla con la fuente.


Referencias bibliográficas

Arriagada, L. (2025). Defining an AI-generated artwork: A transdisciplinary concept for cognitive science, computer science, and art theory. Calle 14: Revista de Investigación en el Campo del Arte, 20(38), 95–109. https://doi.org/10.14483/21450706.21009

Mallo, B. (2023). La construcción neuro-simbólica. Una aproximación al funcionamiento del cerebro desde una perspectiva multidisciplinar [Tesis doctoral, Universidad del País Vasco - Euskal Herriko Unibertsitatea]. Repositorio ADDI. http://hdl.handle.net/10810/62701

Mallo, B. (2026a). De la filosofía quirúrgica a la ley de coherencia biológica S/Y/C: Hacia una investigación sobre el origen del arte en la especie Homo. Lopez Mallo, Javier Bernabé. https://isbn.bibna.gub.uy/catalogo.php?mode=detalle&nt=57196

Mallo, B. (2026a). De la filosofía quirúrgica a la ley de coherencia biológica S/Y/C: Hacia una investigación sobre el origen del arte en la especie Homo [Versión Kindle]. Amazon. https://www.amazon.com/dp/B0GYGTJD5C

Mallo, B. (2026b). From surgical philosophy to the law of biological coherence S/Y/C: Toward a study of the origin of art in the Homo lineage. Lopez Mallo, Javier Bernabé. https://isbn.bibna.gub.uy/catalogo.php?mode=detalle&nt=57197

Mallo, B. (2026b). From surgical philosophy to the law of biological coherence S/Y/C: Toward a study of the origin of art in the Homo lineage [Kindle edition]. Amazon. https://www.amazon.com/dp/B0GY89SZS1


 

Autor / Author


Bernabé Mallo
 Doctor en Filosofía – Universidad del País Vasco / Euskal Herriko Unibertsitatea (UPV/EHU)
 Investigador independiente en neurofilosofía, evolución humana y origen del arte.
 

Bernabé Mallo
 PhD in Philosophy – University of the Basque Country / Euskal Herriko Unibertsitatea (UPV/EHU)
 Independent researcher in neurophilosophy, human evolution, and the origin of art.

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ORCID: https://orcid.org/0000-0001-9002-9728
Plataforma EHUenRed / Link EHUenRed:  https://www.ehu.eus/es/web/masterrak-eta-graduondokoak/red-latinoamericana-de-posgrados
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sábado, 13 de junio de 2026

El arte de la IA a la luz de Danto: ¿ruptura o continuidad?

 

Bernabé Mallo

Doctor en Filosofía por la Universidad del País Vasco (UPV/EHU)
Investigador en neurofilosofía, evolución humana y origen del arte. / PhD in Philosophy – University of the Basque Country (UPV/EHU)
Researcher in neurophilosophy, human evolution, and the origins of art.

Una reseña del artículo de Raquel Cascales (2023): Interpreting AI-Generated Art: Arthur Danto‘s Perspective on Intention, Authorship, and Creative Traditions in the Age of Artificial Intelligence


Introducción: ¿qué pensaría Danto del arte generado por IA?

Arthur C. Danto, uno de los filósofos del arte más influyentes del siglo XX, falleció en 2013, justo antes de que la inteligencia artificial comenzara a irrumpir con fuerza en el mundo de la creación estética. No llegó a ver las pinturas generadas por redes neuronales, los poemas escritos por algoritmos o las sinfonías compuestas por sistemas autónomos. Pero su filosofía, como sostiene Raquel Cascales en un artículo publicado en 2023 en la Polish Journal of Aesthetics, ofrece herramientas conceptuales de gran valor para interpretar este fenómeno .

Cascales se pregunta: ¿cómo habría aplicado Danto sus ideas sobre el arte contemporáneo, la intención, la interpretación y la autoría a las obras generadas por IA? Y, más allá de eso, ¿constituye la irrupción de la IA en el arte una nueva ruptura con las tradiciones anteriores o, por el contrario, se inscribe en la misma narrativa que Danto consideraba ya concluida?

Este artículo, como veremos, no ofrece respuestas definitivas, pero sí abre preguntas fundamentales para la filosofía del arte en la era digital. Desde la perspectiva de nuestra investigación sobre el modelo S/Y/C y la Filosofía Quirúrgica, el análisis de Cascales resulta especialmente valioso porque nos obliga a precisar conceptos —intención, autoría, tradición— que son centrales para entender el origen del arte y su futuro.


Danto y el fin del arte: una breve introducción

Para comprender la relevancia del análisis de Cascales, es necesario recordar algunas ideas clave de Danto. El filósofo estadounidense es famoso por su tesis del "fin del arte" , que no debe malinterpretarse como una profecía apocalíptica. Danto no sostenía que el arte hubiera dejado de producirse o que hubiera perdido su valor. Sostenía, más bien, que la narrativa maestra que había guiado la historia del arte occidental —la búsqueda de la representación fiel, la expresión de la belleza, la exploración de la forma— había llegado a su término.

El arte contemporáneo, desde la irrupción del readymade de Duchamp, se caracteriza por ser posthistórico: ya no progresa hacia un fin determinado, sino que se despliega en un campo de posibilidades abierto donde todo está permitido, siempre que sea acompañado de una interpretación que lo instituya como arte. Lo que define a una obra como arte, para Danto, no es ninguna propiedad perceptible, sino su inscripción en un mundo del arte y la interpretación que de ella puede ofrecerse.

Esta concepción tiene implicaciones radicales para la cuestión de la IA. Si el arte es aquello que puede ser interpretado como arte dentro de una tradición y una teoría, entonces quizás una obra generada por un algoritmo podría, en principio, ser considerada arte. Pero Danto también otorgaba un papel central a la intención del autor y a la pertenencia a una tradición creativa. Y aquí es donde surgen las tensiones.


Intención y autoría: ¿puede un algoritmo tener intenciones?

Cascales analiza con detalle la cuestión de la intencionalidad en el arte generado por IA . Para Danto, la intención del artista es un componente crucial de la interpretación. No cualquier objeto puede ser arte, sino solo aquellos que han sido hechos con la intención de ser arte, o que pueden ser interpretados como si hubieran sido hechos con esa intención dentro de un contexto histórico y teórico adecuado.

El problema, como señala Cascales, es que los sistemas de IA no tienen intenciones en el sentido humano del término. No persiguen fines, no toman decisiones deliberadas, no buscan comunicar algo a un espectador. Procesan datos, optimizan funciones, generan salidas. Pero no hay nadie "dentro" que quiera decir algo. ¿Puede entonces una obra generada por IA ser considerada arte en el sentido dantiano?

Cascales sugiere que, en este punto, la filosofía de Danto muestra sus límites. Si la intención es indispensable, entonces el arte de IA no sería propiamente arte. Pero también es posible reinterpretar la noción de intención, ampliándola para incluir las intenciones de los diseñadores del sistema, o los usos que los espectadores hacen de la obra. Esta es una vía abierta, pero no exenta de dificultades.

La cuestión de la autoría es paralela. ¿Quién es el autor de una obra generada por IA? ¿El programador que diseñó el algoritmo? ¿El usuario que introdujo los parámetros? ¿El sistema mismo? Cascales no ofrece una respuesta única, sino que señala la complejidad del problema y la necesidad de revisar nuestras categorías tradicionales.


Tradición creativa y ruptura: ¿un nuevo capítulo o el fin definitivo?

Una de las preguntas más fascinantes que plantea Cascales es si la irrupción de la IA en el arte constituye una ruptura con las tradiciones artísticas anteriores o, por el contrario, se inscribe en la misma narrativa posthistórica que Danto consideraba ya concluida .

Por un lado, podría argumentarse que la IA representa algo radicalmente nuevo. Nunca antes habíamos tenido la posibilidad de delegar la generación de obras en sistemas autónomos no humanos. Esto, para algunos, es un cambio ontológico que redefine qué significa "crear". La IA no es una herramienta como el pincel o la cámara: es un agente con cierto grado de autonomía, aunque no de conciencia.

Por otro lado, podría sostenerse que la IA es solo la última de una larga serie de innovaciones tecnológicas que han ampliado las posibilidades del arte. La fotografía, el cine, la imagen digital ya fueron recibidas con escepticismo y finalmente integradas en las prácticas artísticas. La IA, desde esta perspectiva, no sería una ruptura, sino una continuación de la misma lógica de expansión del medio.

Cascales no se decanta claramente por ninguna de las dos opciones. Su contribución principal es mostrar que la filosofía de Danto proporciona un marco para formular la pregunta con precisión, aunque no para responderla definitivamente. Y eso, en sí mismo, es un avance.


Conexión con la investigación sobre el origen del arte (S/Y/C)

El análisis de Cascales resuena profundamente con la investigación que venimos desarrollando sobre el modelo S/Y/C del funcionamiento neuronal y la Ley de coherencia biológica. La cuestión de la intención y la autoría en el arte de IA nos obliga a precisar qué entendemos por estas nociones y cómo se relacionan con las dimensiones fundamentales de nuestra tesis.

La dimensión S (Supervivencia) nos recuerda que la intención artística humana no es un acto puramente racional o desencarnado. Está enraizada en necesidades homeostáticas: el artista crea porque siente, porque le duele, porque le alegra, porque necesita procesar el mundo para sobrevivir en él. La IA, al carecer de cuerpo y de necesidades vitales, no puede tener intenciones en este sentido pleno. Sus "salidas" no son expresiones de un estado interno, sino cálculos probabilísticos.

La dimensión Y (Symbolon) es central para entender la autoría. El artista es, en esencia, un symbolon viviente: un sujeto que habita los símbolos y los comparte con otros. La obra de arte es un symbolon que remite a una subjetividad que la habitó. La IA puede manipular símbolos, pero no habitarlos. Por eso, hablar de "autoría" en el caso de la IA es, cuando menos, problemático.

La dimensión C (Completitud) nos habla de la necesidad humana de cerrar formas, de alcanzar totalidades coherentes. El artista busca, a través de su obra, satisfacer esa pulsión. La IA puede generar objetos formalmente cerrados, pero no experimenta la necesidad de completitud. Su "obra" es un producto, no un acto.

La Filosofía Quirúrgica nos invita a aplicar un corte analítico preciso en este debate. No se trata de rechazar el arte de IA ni de aceptarlo acríticamente. Se trata de distinguir niveles: el nivel del producto (la obra generada) y el nivel del proceso (el acto creativo encarnado). En el primer nivel, la IA puede producir artefactos que la comunidad artística puede decidir llamar "arte". En el segundo nivel, sin embargo, la IA no puede ocupar el lugar del artista humano, porque carece de las dimensiones S, Y, C que definen la creatividad encarnada.

Cascales, al recurrir a Danto, nos ofrece una vía para pensar esta distinción. Danto nos enseñó que el arte no es solo cuestión de propiedades visibles, sino de interpretación y de inscripción en una tradición. La IA puede producir obras que sean interpretadas como arte dentro de nuestras prácticas. Pero lo que la interpretación no puede suplir es la ausencia de una subjetividad intencional que las respalde. Y esa ausencia, para quienes valoramos el arte como expresión de lo vivo, es insalvable.


Consideraciones finales: el arte después de Danto y después de la IA

El artículo de Raquel Cascales tiene el mérito de aplicar el marco dantiano a la cuestión del arte generado por IA con rigor y equilibrio. No cae en el entusiasmo tecnológico acrítico ni en el rechazo conservador. Señala las tensiones y las aporías, y nos invita a seguir pensando.

Desde nuestra perspectiva, la pregunta de si la IA produce arte no es una pregunta empírica, sino conceptual. Depende de lo que entendamos por arte. Si entendemos el arte como un producto formal que puede ser interpretado estéticamente, entonces la IA puede producir arte. Si entendemos el arte como un acto de expresión de una subjetividad encarnada, entonces la IA no puede, por principio, producir arte.

Nuestra investigación sobre el origen del arte en la especie Homo nos inclina hacia la segunda opción. El arte humano, desde sus primeras manifestaciones en Makapansgat o en las cuevas del Paleolítico, ha sido un testimonio de la vida que se sabe viva. Un testimonio que implica un cuerpo que siente, un símbolo que se habita, una totalidad que se anhela. La IA puede imitar las formas, pero no puede generar esa fuente. Porque esa fuente es la vida misma.

Y eso, quizás, es lo que Danto, con su sensibilidad para las grandes narrativas, habría comprendido. El arte posthistórico no es el arte sin artista. Es el arte en el que el artista, consciente de que todas las formas son posibles, elige libremente expresar su condición encarnada, finita, mortal. La IA no puede hacer esa elección. Y por eso, por muy sofisticados que sean sus algoritmos, no puede ocupar el lugar del creador.


Referencias bibliográficas

Cascales, R. (2023). Interpreting AI-generated art: Arthur Danto's perspective on intention, authorship, and creative traditions in the age of artificial intelligence. Polish Journal of Aesthetics, 71(4), 17–29. https://doi.org/10.7311/2665-2023-4-17

Mallo, Bernabé.  (2023). La construcción neuro-simbólica. Una aproximación al funcionamiento del cerebro desde una perspectiva multidisciplinar [Tesis doctoral, Universidad del País Vasco - Euskal Herriko Unibertsitatea]. Repositorio ADDI. http://hdl.handle.net/10810/62701

Mallo, Bernabé.  (2026a). De la filosofía quirúrgica a la ley de coherencia biológica S/Y/C: Hacia una investigación sobre el origen del arte en la especie Homo. Lopez Mallo, Javier Bernabé. https://isbn.bibna.gub.uy/catalogo.php?mode=detalle&nt=57196

Mallo, Bernabé.  (2026a). De la filosofía quirúrgica a la ley de coherencia biológica S/Y/C: Hacia una investigación sobre el origen del arte en la especie Homo [Versión Kindle]. Amazon. https://www.amazon.com/dp/B0GYGTJD5C

Mallo, Bernabé.  (2026b). From surgical philosophy to the law of biological coherence S/Y/C: Toward a study of the origin of art in the Homo lineage. Lopez Mallo, Javier Bernabé. https://isbn.bibna.gub.uy/catalogo.php?mode=detalle&nt=57197

Mallo, Bernabé. (2026b). From surgical philosophy to the law of biological coherence S/Y/C: Toward a study of the origin of art in the Homo lineage [Kindle edition]. Amazon. https://www.amazon.com/dp/B0GY89SZS1

Autor / Author


Bernabé Mallo
 Doctor en Filosofía – Universidad del País Vasco / Euskal Herriko Unibertsitatea (UPV/EHU)
 Investigador independiente en neurofilosofía, evolución humana y origen del arte.
 

Bernabé Mallo
 PhD in Philosophy – University of the Basque Country / Euskal Herriko Unibertsitatea (UPV/EHU)
 Independent researcher in neurophilosophy, human evolution, and the origin of art.

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