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lunes, 26 de octubre de 2026

El tráfico de las almas: Descola y la disolución de la frontera entre naturaleza y cultura

 

Bernabé Mallo

Doctor en Filosofía por la Universidad del País Vasco (UPV/EHU)
Investigador en neurofilosofía, evolución humana y origen del arte. / PhD in Philosophy – University of the Basque Country (UPV/EHU)
Researcher in neurophilosophy, human evolution, and the origins of art.

 

Una reseña de "Beyond Nature and Culture: The Traffic of Souls" de Philippe Descola (2012)


Introducción: el fin de una vieja dicotomía

Durante siglos, el pensamiento occidental ha organizado su comprensión del mundo en torno a una distinción aparentemente obvia: por un lado la naturaleza, el reino de los hechos físicos, las leyes universales, los cuerpos; por otro la cultura, el reino de las normas, los significados, las mentes. Esta división, que parece evidente a cualquiera que haya crecido dentro de la tradición moderna, no es universal. No es natural. No es obvia. Es, simplemente, una forma entre muchas de habitar el mundo.

El antropólogo francés Philippe Descola, profesor honorario del Collège de France, dedica su obra a demostrar precisamente esto: que la dicotomía naturaleza/cultura es una invención histórica reciente, una configuración ontológica particular —el naturalismo— que se ha impuesto en Occidente pero que no agota las posibilidades de la experiencia humana. En Beyond Nature and Culture: The Traffic of Souls, publicado en 2012 en HAU: Journal of Ethnographic Theory, Descola desarrolla una de las secciones más sugestivas de su ambicioso proyecto: el análisis de cómo las almas circulan entre humanos y no-humanos en las ontologías del animismo, y cómo esta circulación disuelve las fronteras que el naturalismo había erigido.

Esta reseña explora la propuesta de Descola, sus cuatro ontologías, el concepto del "tráfico de las almas" y su profunda relevancia para nuestra investigación sobre el origen del arte, el modelo S/Y/C y la Filosofía Quirúrgica.


Las cuatro ontologías: una gramática de los modos de ser

Para comprender el alcance de la propuesta de Descola, hay que situarla en el marco de su obra mayor, Par-delà nature et culture (2005), traducida al inglés en 2013. Allí, Descola propone que las formas en que los seres humanos conciben el mundo no son infinitas ni arbitrarias. Se organizan en torno a cuatro ontologías fundamentales —cuatro "modos de identificación"— que definen cómo se distribuyen las continuidades y discontinuidades entre humanos y no-humanos.

Estas cuatro ontologías son:

El animismo: los no-humanos poseen la misma interioridad que los humanos —alma, intencionalidad, conciencia— pero difieren en su corporalidad. Los jaguares, las plantas, los ríos son personas, pero con cuerpos distintos. Lo que los distingue de nosotros no es su falta de alma, sino su forma física, sus hábitos, sus capacidades.

El totemismo: humanos y no-humanos comparten tanto interioridad como corporalidad, pero se organizan en categorías discretas, cada una con un conjunto de propiedades morales y físicas que definen a sus miembros. Los seres del mundo se distribuyen en "especies" que son, al mismo tiempo, categorías sociales y naturales.

El naturalismo: la ontología moderna occidental. Humanos y no-humanos comparten una corporalidad —estamos hechos de la misma materia, sujetos a las mismas leyes físicas— pero difieren radicalmente en su interioridad. Solo los humanos poseen cultura, significado, conciencia reflexiva. Los demás seres son naturaleza pura.

El analogismo: un régimen de discontinuidades generalizadas, donde todos los seres del mundo son diferentes entre sí, pero se conectan mediante redes de correspondencias, analogías y similitudes. Es la ontología que Descola asocia con las cosmologías de China, el África occidental y los Andes.

Estas cuatro ontologías no son "creencias" que los pueblos tienen sobre el mundo. Son gramáticas profundas que estructuran la percepción, la acción y el pensamiento. Son los modos en que el mundo se vuelve inteligible, habitable, significativo. Y son, sobre todo, modos de relación: no describen qué hay, sino cómo nos vinculamos con lo que hay.


El tráfico de las almas: cuando la interioridad circula

El artículo que nos ocupa, The Traffic of Souls, se centra en una de estas ontologías —el animismo— y explora cómo funciona en la práctica. La pregunta que Descola se plantea es la siguiente: si en el animismo humanos y no-humanos comparten la misma interioridad, ¿cómo se gestiona esa continuidad? ¿Cómo se distribuyen las almas? ¿Qué implicaciones tiene para la vida social, para la caza, para la alimentación, para la muerte?

La respuesta de Descola es que las almas circulan. No están fijadas a los cuerpos de manera permanente, no son propiedades estables de los individuos. Están en tránsito constante: pasan de los animales a los humanos, de los humanos a los espíritus, de los vivos a los muertos, de los muertos a los vivos. La vida social, en las sociedades animistas, consiste en gran medida en gestionar ese tráfico: negociar, regular, canalizar el flujo de almas que atraviesa el cosmos.

Descola analiza este tráfico a través de varios ejemplos etnográficos, principalmente de la Amazonía. En estas sociedades, la caza no es una simple actividad económica. Es un acto cosmológico de enorme gravedad: matar a un animal es matar a una persona, a un pariente, a un afín. Los chamanes actúan como diplomáticos entre los mundos: negocian con los espíritus de los animales, ofrecen compensaciones, establecen pactos. La relación entre humanos y animales es una relación social, mediada por el intercambio, la reciprocidad, la deuda.

Este tráfico de almas tiene consecuencias profundas para la comprensión de la persona. En el animismo, la persona no es una entidad cerrada, autónoma, definida por su cuerpo individual. Es un nudo en una red de relaciones, un punto de paso en un flujo de almas que la trasciende. La identidad personal no es una propiedad privada, sino un logro relacional: uno se convierte en persona a través de sus vínculos con otros seres, humanos y no-humanos. La muerte no es el fin de la persona, sino su transformación: el alma continúa su viaje, se reencarna, se convierte en otra cosa.


Makapansgat: el primer tráfico de almas

Si el animismo sostiene que la interioridad circula entre humanos y no-humanos, ¿podemos extender esa continuidad a los objetos inanimados? ¿Puede un guijarro tener alma? La pregunta no es tan descabellada como parece. En muchas ontologías animistas, los objetos —piedras, ramas, montañas, ríos— no son meros agregados de materia inerte. Son seres con los que se puede establecer relación, a los que se puede ofrendar, con los que se puede negociar.

Y aquí es donde Makapansgat entra en escena. El famoso guijarro de jaspe rojizo, recogido por un australopiteco hace más de tres millones de años y transportado a su morada, es el testimonio más antiguo que conservamos de un gesto que parece anticipar el animismo. Alguien —un hominino, un antepasado remoto— vio en esa piedra algo más que una piedra. Vio un rostro. Y no solo lo vio: lo valoró, lo conservó, lo hizo parte de su hogar.

¿Podemos llamar a esto animismo? Quizás sea prematuro. El animismo, tal como Descola lo describe, implica un sistema cosmológico complejo, con chamanes, rituales, negociaciones, una economía de intercambios entre especies. Makapansgat no nos ofrece nada de eso. Nos ofrece, en cambio, un gesto mínimo: la recolección de un objeto inanimado al que se le atribuye un significado que trasciende su utilidad inmediata.

Pero ese gesto mínimo es, quizás, el germen de lo que después se convertiría en animismo. Si el animismo consiste en extender la interioridad más allá de la especie humana, el australopiteco de Makapansgat fue el primero en dar ese paso. No sabemos si creía que la piedra tenía alma, ni si la consideraba un pariente, ni si esperaba algo de ella. Sabemos que la recogió, que la llevó consigo, que la guardó. Y ese acto —el acto de guardar un objeto por lo que significa, no por lo que sirve— es el acto fundacional de toda relación simbólica con el mundo.

Podemos ampliar ese primer acto. Podemos imaginar al australopiteco encontrando la piedra, mirándola, reconociendo en ella un rostro. Podemos imaginar que la llevó a su grupo, que la mostró a otros, que la dejó en un lugar especial de su morada. Podemos imaginar que, en torno a esa piedra, se tejieron las primeras historias, los primeros gestos compartidos, los primeros significados colectivos. No tenemos pruebas de nada de eso. Pero la piedra está ahí, y su presencia nos autoriza a pensar que algo ocurrió.

El tráfico de almas, en Descola, es una realidad práctica: se vive, se negocia, se gestiona todos los días. El cazador que mata a un animal negocia con su espíritu. El chamán que viaja al mundo de los muertos establece pactos con los antepasados. ¿No es el recolector que encuentra un objeto y lo reserva para el futuro dentro de su morada una forma incipiente de ese mismo tráfico? ¿No está estableciendo, con ese objeto, una relación que trasciende la mera utilidad? ¿No está, en cierto modo, animando la materia inerte?

Quizás sí. Quizás el animismo no sea una invención tardía de sociedades complejas, sino una disposición primordial del sistema nervioso humano: la tendencia a atribuir interioridad, agencia, intención, a todo lo que nos rodea. Los estudios sobre la cognición infantil y sobre la percepción social sugieren que esta disposición es temprana y universal. Los niños pequeños atribuyen vida a los objetos; los adultos la atribuimos a los animales, a las máquinas, a las instituciones. El animismo, desde esta perspectiva, no sería una "creencia primitiva", sino una tendencia biológica que las culturas moldean de distintas maneras.

Makapansgat sería, entonces, el primer testimonio de esa tendencia. El primer objeto conservado no por su utilidad, sino por su significado. El primer indicio de que el sistema nervioso humano estaba ya dispuesto a ver almas donde solo hay materia.


Las almas como operadores de continuidad

El concepto de "tráfico de almas" es, en el fondo, una herramienta analítica para pensar la continuidad entre humanos y no-humanos. En el naturalismo, esa continuidad se piensa en términos físicos: todos estamos hechos de la misma materia, todos somos parte de la naturaleza. En el animismo, se piensa en términos espirituales: todos compartimos la misma interioridad, la misma capacidad de sentir, de querer, de significar.

Pero la diferencia crucial es que, en el animismo, esa continuidad no es una abstracción teórica. Es una realidad práctica: se vive, se negocia, se gestiona todos los días. El cazador que mata a un animal sabe que está matando a una persona. El chamán que viaja al mundo de los espíritus sabe que está visitando a parientes. El niño que aprende a respetar a los animales sabe que está aprendiendo a respetar a seres que tienen alma, que sufren, que recuerdan. Y el australopiteco que recoge una piedra con forma de rostro sabe —o intuye— que está estableciendo una relación con algo que trasciende la materia.

Esta continuidad vivida tiene implicaciones profundas para la ética. Si los animales son personas, matarlos es un acto moralmente grave, que requiere justificación, compensación, ritual. Si las plantas tienen alma, recolectarlas es un acto de reciprocidad, no de simple extracción. Si las piedras pueden tener rostro, recogerlas es un acto de reconocimiento, no de mera apropiación. La relación con el entorno no es instrumental, sino social: está mediada por normas, por obligaciones, por afectos.


Conexión con la investigación sobre el origen del arte (S/Y/C)

La propuesta de Descola ofrece un marco conceptual de enorme valor para nuestra investigación sobre la Ley de coherencia biológica S/Y/C (Mallo, 2023, 2025, 2026a, 2026b). Sus cuatro ontologías, y en particular el animismo y el tráfico de almas, iluminan aspectos cruciales de las tres dimensiones de nuestra tesis.

La dimensión S (Supervivencia) se manifiesta en la centralidad de la caza en las sociedades animistas. La supervivencia material —obtener alimento, protegerse de los depredadores— es una preocupación constante. Pero en el animismo, la supervivencia no es solo una cuestión de eficacia técnica. Es una cuestión cosmológica: para sobrevivir, hay que negociar con los espíritus, mantener buenas relaciones con los animales, respetar las reglas del tráfico de almas. La supervivencia está encarnada en un sistema de relaciones que trasciende lo puramente biológico. Y en Makapansgat, la supervivencia se amplía: ya no es solo la del cuerpo, sino la del significado, la del vínculo, la de la memoria del grupo.

La dimensión Y (Symbolon) se ilumina con la noción de interioridad compartida. En el animismo, todos los seres —humanos, animales, plantas, espíritus, y quizás también las piedras— poseen una interioridad que se manifiesta a través de códigos compartidos: el lenguaje, los rituales, los sueños, las visiones chamánicas. El symbolon, en nuestra tesis, es el acto de reconocimiento mediante códigos compartidos. En el animismo, ese reconocimiento se extiende más allá de la especie: reconocemos a los animales como personas, nos reconocemos en ellos, nos vinculamos a través de un fondo común de interioridad. Y en Makapansgat, el reconocimiento se extiende más allá de lo vivo: el australopiteco reconoce un rostro en una piedra, establece un vínculo con un objeto inanimado, inaugura un modo de relación que ya no es puramente instrumental.

La dimensión C (Completitud) se manifiesta en la búsqueda de equilibrio cósmico. El tráfico de almas no es un caos; es un sistema regulado, una economía de intercambios que busca mantener el equilibrio entre humanos, animales, espíritus y muertos. La completitud, en el animismo, es la armonía del cosmos, la integración de todos los seres en un todo coherente donde cada uno tiene su lugar, sus obligaciones, sus derechos. Esta búsqueda de completitud es análoga a la que, en el naturalismo, se expresa en la idea de ley natural o de equilibrio ecológico. Pero en el animismo, la completitud no es un hecho objetivo: es un logro frágil, constantemente amenazado por el exceso, la violencia, la transgresión. Y en Makapansgat, la completitud se insinúa: el objeto recogido, guardado, conservado, es un intento de cerrar un círculo, de integrar lo extraño en lo propio, de dar un lugar a lo que no lo tenía.

La Filosofía Quirúrgica nos invita a aplicar un corte analítico preciso a la obra de Descola. No se trata de aceptar sin más sus cuatro ontologías como una taxonomía definitiva —el propio Descola insiste en que son modelos para pensar, no esencias eternas—. Se trata de reconocer que su propuesta abre un espacio de comparación que la dicotomía naturaleza/cultura había clausurado. La Filosofía Quirúrgica nos permite diseccionar esa dicotomía, mostrar su historicidad, su contingencia, su particularidad. Y nos permite suturar un marco más amplio donde las distintas ontologías —animismo, totemismo, naturalismo, analogismo— puedan ser pensadas en pie de igualdad, sin jerarquías evolutivas, sin presupuestos de superioridad. Y en ese marco, Makapansgat deja de ser una simple curiosidad arqueológica para convertirse en un hito en la historia de la relación entre los seres humanos y el mundo.


Implicaciones para el estudio del origen del arte

La propuesta de Descola tiene implicaciones profundas para la investigación sobre el origen del arte. Si la dicotomía naturaleza/cultura no es universal, entonces las categorías con las que hemos pensado el arte prehistórico —"representación", "símbolo", "expresión"— pueden estar sesgadas por el naturalismo.

En el naturalismo, el arte es una actividad cultural que se distingue de la naturaleza. El artista es un sujeto humano que crea objetos que representan el mundo natural o expresan su interioridad cultural. Las pinturas rupestres, desde esta perspectiva, son representaciones de animales: imágenes que "están por" los animales reales, que los simbolizan, que los comunican.

Pero en el animismo, esta distinción se desdibuja. Las pinturas de animales no son representaciones de animales: son manifestaciones de su presencia, vehículos de su agencia, índices de su alma. El artista no "representa" un bisonte: establece una relación con él, lo convoca, lo negocia, lo incorpora al mundo humano. El arte, en el animismo, no es una actividad separada de la vida social y cosmológica. Es una práctica de tráfico de almas, un modo de gestionar las relaciones con los no-humanos.

Esta perspectiva nos invita a releer el arte prehistórico desde una óptica distinta. Las pinturas de Lascaux o Chauvet no son simplemente "representaciones" de la fauna del Pleistoceno. Son actos cosmológicos: rituales de caza, negociaciones con los espíritus, vehículos de agencia. Los artistas paleolíticos no eran "artistas" en el sentido moderno del término. Eran chamanes, cazadores, personas que utilizaban las imágenes para actuar sobre el mundo, para establecer relaciones, para gestionar el tráfico de almas. Y Makapansgat, tres millones de años antes, es el primer testimonio de ese gesto: el gesto de establecer una relación con un objeto, de atribuirle un significado, de incorporarlo al mundo humano.

La propuesta de Descola nos recuerda que el arte, en su origen, no fue una actividad autónoma, separada de la vida, confinada a un dominio especializado. Fue una práctica total, integrada en la economía, la religión, la política, la ecología. El arte era, en el animismo, el lenguaje del tráfico de almas. Y ese lenguaje comenzó a balbucearse, quizás, con el gesto de un australopiteco que recogió una piedra y la guardó.


Consideraciones finales: el arte como tráfico de relaciones

La obra de Philippe Descola es una de esas contribuciones que transforman nuestra mirada sobre el mundo y sobre nosotros mismos. Su análisis del tráfico de almas nos obliga a repensar las categorías con las que hemos organizado la experiencia: naturaleza y cultura, humano y no-humano, cuerpo y alma, sujeto y objeto. Nos muestra que esas categorías no son universales, sino históricas, contingentes, situadas.

Para nuestra investigación sobre el origen del arte, la lección es clara: el arte no nació como una actividad de representación, sino como una práctica de relación. No nació de la necesidad de copiar el mundo, sino de la necesidad de negociar con él. El arte fue, desde sus orígenes, un tráfico de almas, un intercambio entre humanos y no-humanos, un puente entre mundos. Y Makapansgat, con su piedra con forma de rostro, es el primer vestigio de ese tráfico: el gesto de un ser que, por primera vez, vio en la materia inerte un interlocutor.

Descola nos enseñó a ver las ontologías como gramáticas de la existencia. Nosotros añadimos: el arte es el lenguaje de esas gramáticas. Sin el tráfico de almas, no habría arte. Sin arte, no habría forma de gestionar el tráfico. El arte es, en su raíz, la forma de la relación. Y la relación, como el guijarro de Makapansgat, puede comenzar con un simple gesto: recoger una piedra y guardarla.


Referencias bibliográficas

Descola, P. (2012). Beyond nature and culture: The traffic of souls (J. Lloyd, Trad.). HAU: Journal of Ethnographic Theory, *2*(1), 473–500. https://doi.org/10.14318/hau2.1.021

Descola, P. (2013). Beyond nature and culture (J. Lloyd, Trad.). University of Chicago Press. (Obra original publicada en 2005)

Mallo, B. (2023). La construcción neuro-simbólica. Una aproximación al funcionamiento del cerebro desde una perspectiva multidisciplinar [Tesis doctoral, Universidad del País Vasco - Euskal Herriko Unibertsitatea]. Repositorio ADDI. http://hdl.handle.net/10810/62701

Mallo, B. (2025). Arte y biología: Una aproximación neurofilosófica al origen de la experiencia estética. https://www.amazon.com/dp/B0E8Y5WZMK

Mallo, B. (2025). Art and biology: A neurophilosophical approach to the origin of aesthetic experience. https://www.amazon.com/dp/B0E8Y6C2XN

Mallo, B. (2026a). De la filosofía quirúrgica a la ley de coherencia biológica S/Y/C: Hacia una investigación sobre el origen del arte en la especie Homo. https://isbn.bibna.gub.uy/catalogo.php?mode=detalle&nt=57196

Mallo, B. (2026a). De la filosofía quirúrgica a la ley de coherencia biológica S/Y/C: Hacia una investigación sobre el origen del arte en la especie Homo [Versión Kindle]. https://www.amazon.com/dp/B0GYGTJD5C

Mallo, B. (2026b). From surgical philosophy to the law of biological coherence S/Y/C: Toward a study of the origin of art in the Homo lineage. https://isbn.bibna.gub.uy/catalogo.php?mode=detalle&nt=57197


Autor / Author


Bernabé Mallo
 Doctor en Filosofía – Universidad del País Vasco / Euskal Herriko Unibertsitatea (UPV/EHU)
 Investigador independiente en neurofilosofía, evolución humana y origen del arte.
 

Bernabé Mallo
 PhD in Philosophy – University of the Basque Country / Euskal Herriko Unibertsitatea (UPV/EHU)
 Independent researcher in neurophilosophy, human evolution, and the origin of art.

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