Bernabé Mallo
Doctor en Filosofía por la Universidad del País Vasco (UPV/EHU)
Investigador
en neurofilosofía, evolución humana y origen del arte. / PhD in
Philosophy – University of the Basque Country (UPV/EHU)
Researcher in neurophilosophy, human evolution, and the origins of art.
Una reseña del hallazgo de Henshilwood y colaboradores (2002): Emergence of modern human behavior: Middle Stone Age engravings from South Africa
Introducción: el enigma de la mente moderna
¿Cuándo empezaron los humanos a comportarse como humanos? No me refiero a la anatomía —a caminar erguidos o a tener cerebros grandes—, sino a algo más esquivo: la capacidad de crear símbolos, de comunicar significados abstractos, de expresar algo más allá de la necesidad inmediata. Durante décadas, la respuesta parecía clara: el comportamiento moderno, incluyendo el arte, surgió en Eurasia hace unos 40.000 años, con el esplendor del Paleolítico Superior y las pinturas de Chauvet o Lascaux.
Pero un hallazgo publicado en la revista Science en 2002 por Christopher Henshilwood y un equipo internacional de investigadores cambió radicalmente esta narrativa (Henshilwood et al., 2002). En la cueva de Blombos, en la costa sur de Sudáfrica, encontraron dos piezas de ocre rojo grabadas con patrones geométricos abstractos. Su antigüedad: 77.000 años. Eso es 35.000 años antes de que los grupos de Homo sapiens que habían migrado a Eurasia comenzaran a pintar sus cuevas, y 40.000 años antes de lo que muchos investigadores consideraban el inicio del arte humano (Henshilwood et al., 2002).
El hallazgo, que se ha visto reforzado por descubrimientos posteriores —incluyendo un dibujo de 73.000 años en la misma cueva y grabados de más de 100.000 años—, nos obliga a replantearnos dónde y cuándo surgió la mente simbólica. Y, para nuestra investigación sobre el origen del arte en la especie Homo, ofrece una evidencia crucial: la capacidad artística no es un invento tardío de poblaciones euroasiáticas, sino un rasgo profundamente enraizado en nuestra biología y nuestra cognición, presente ya en África mucho antes de que los humanos modernos se dispersaran por otros continentes.
El hallazgo de Blombos: dos piezas de ocre grabado
En 1999 y 2000, las excavaciones en la cueva de Blombos, un abrigo rocoso que domina el Océano Índico en el Cabo Occidental de Sudáfrica, sacaron a la luz dos piezas de ocre rojo que cambiarían la arqueología (Henshilwood et al., 2002).
La primera pieza (SAM-AA 8937), de unos 53 milímetros de largo, presenta una serie de líneas entrecruzadas, con un diseño de rombos o aspas, atravesado por una línea horizontal. La segunda (SAM-AA 8938), de unos 76 milímetros, muestra un motivo más complejo: una hilera de rombos, limitada por líneas paralelas en la parte superior e inferior, y dividida por una línea central que transforma los rombos en triángulos (Henshilwood et al., 2002).
Lo que hace extraordinarios estos grabados no es solo su antigüedad, sino su intencionalidad. Los análisis microscópicos revelaron que las superficies de las piezas fueron preparadas mediante raspado y pulido antes de ser grabadas. Las líneas no son marcas accidentales, sino incisiones deliberadas, hechas con una herramienta de piedra afilada y con un control preciso de la mano (Henshilwood et al., 2002). Además, los patrones no son garabatos inconexos: muestran una estructura geométrica compleja, con líneas que se cruzan en ángulos específicos, que se superponen de manera ordenada y que forman una unidad visual coherente.
Los autores del estudio, liderados por Christopher Henshilwood (entonces del Museo Sudafricano de Ciudad del Cabo), sostuvieron que estos motivos "sugieren convenciones arbitrarias no relacionadas con la cognición basada en la realidad" (Henshilwood et al., 2002, p. 1279). Es decir, no representan animales, personas o paisajes; son símbolos abstractos, cuyo significado se ha perdido para nosotros, pero que sin duda tenían un sentido para quienes los crearon.
La datación: 77.000 años de antigüedad
Uno de los aspectos más sólidos del estudio de Henshilwood es la datación rigurosa de los grabados. Para determinar su antigüedad, el equipo aplicó dos métodos de datación por luminiscencia, que miden la última vez que los minerales fueron expuestos al calor o a la luz (Henshilwood et al., 2002).
La termoluminiscencia (TL) aplicada a cinco piezas de piedra quemada de las capas donde se encontraron los ocres dio una edad media de 77.000 ± 6.000 años. Para confirmar la integridad estratigráfica, se aplicó la luminiscencia ópticamente estimulada (OSL) a los granos de cuarzo de una duna eólica que cubría el yacimiento, obteniendo una edad de 69.000 a 70.000 años (Henshilwood et al., 2002). El hecho de que ambas técnicas arrojaran edades consistentes, y que la duna superior fuera claramente más joven que las capas con los grabados, confirmó la antigüedad de las piezas y descartó la posibilidad de contaminación por materiales más recientes.
Estas dataciones situaron los grabados de Blombos en el Middle Stone Age (MSA), un período de la prehistoria africana que abarca desde hace unos 250.000 hasta unos 40.000 años. Hasta entonces, las evidencias de comportamiento simbólico en el MSA eran escasas y a menudo ambiguas (Henshilwood et al., 2002). El hallazgo de Henshilwood demostró que, al menos en África meridional, los humanos modernos ya se comportaban como tales 77.000 años atrás.
¿Por qué son importantes estos grabados?
La importancia de los grabados de Blombos trasciende su antigüedad. Su significado radica en lo que revelan sobre la mente humana y sobre el origen de la capacidad simbólica, una capacidad que, como hemos visto en otras reseñas de este blog, es la base del arte y de la cultura.
1. Desmontan el mito del "Big Bang" europeo
Durante mucho tiempo, la arqueología sostuvo que el comportamiento moderno surgió de forma repentina y explosiva en Eurasia hace unos 40.000 años, en lo que se denominó la "revolución del Paleolítico Superior" (Henshilwood et al., 2002). Los grabados de Blombos, junto con otros hallazgos posteriores en el mismo yacimiento (como un dibujo de 73.000 años y grabados de más de 100.000 años), demuestran que esta narrativa es errónea. La capacidad simbólica no surgió de repente en Eurasia, sino que tiene raíces mucho más profundas en África, donde los humanos anatómicamente modernos ya existían desde hacía decenas de miles de años.
2. Evidencian la presencia de un lenguaje sintáctico
Uno de los argumentos más poderosos de Henshilwood y sus colegas es que la transmisión y el significado compartido de estos grabados "requerían un lenguaje plenamente sintáctico" (Henshilwood et al., 2002, p. 1280). Es decir, para que un símbolo abstracto como un patrón geométrico sea comprendido por otros miembros de un grupo, es necesario un sistema de comunicación que permita acordar y transmitir convenciones. Los grabados de Blombos son, por tanto, una prueba indirecta de que sus creadores poseían un lenguaje tan complejo como el nuestro.
3. Demuestran una tradición cultural
La presencia de múltiples piezas grabadas en Blombos —dos en 2002, trece más en 2009, y un dibujo en 2018— sugiere que no estamos ante actos aislados, sino ante una tradición cultural que se extendió a lo largo de al menos 25.000 años (Henshilwood et al., 2009). Las técnicas de grabado, los patrones geométricos y la preparación de las superficies se repiten a lo largo del tiempo, lo que indica que el conocimiento se transmitía de generación en generación.
4. Amplían nuestra comprensión del origen del arte
Los grabados de Blombos no son "arte" en el sentido de una pintura figurativa o una escultura. Pero son la evidencia más antigua de una representación abstracta intencional que se ha encontrado hasta la fecha. Representan un momento crucial en la evolución de la mente humana: el momento en que un objeto útil —el ocre, utilizado quizás para teñir o para protección— se convirtió también en un soporte para el símbolo. Un momento en que alguien decidió grabar un patrón que no representaba nada del mundo real, pero que sin duda significaba algo para él o para su comunidad.
Conexión con la investigación sobre el origen del arte (S/Y/C)
El hallazgo de Blombos resuena profundamente con la investigación que venimos desarrollando sobre el modelo S/Y/C del funcionamiento neuronal y la Ley de coherencia biológica (Mallo, 2023, 2025, 2026a, 2026b). Estos grabados, realizados por humanos anatómicamente modernos, son una manifestación temprana de la capacidad simbólica que define a nuestra especie, y que puede entenderse a la luz de nuestras tres dimensiones.
La dimensión S (Supervivencia) nos recuerda que el ocre, el soporte de estos grabados, tenía probablemente una función práctica: protección de la piel, conservación de pieles, ingrediente de adhesivos (Henshilwood et al., 2002). Pero los grabados van más allá de esa utilidad. Son una extensión de la función homeostática: no solo ayudaban a sobrevivir, sino que permitían procesar y compartir experiencias, regular emociones, construir identidad grupal. El arte, desde sus orígenes, fue una tecnología de supervivencia no solo física, sino también psicológica y social.
La dimensión Y (Symbolon) es la que emerge con más claridad en Blombos. Los patrones geométricos no son representaciones de la realidad, sino símbolos: actos de reconocimiento mediante códigos compartidos. Quien grabó esas líneas no estaba copiando la naturaleza, sino creando un nuevo lenguaje, una nueva forma de comunicación. El symbolon es el puente entre el mundo interno y el mundo social, y Blombos es una de las primeras evidencias de ese puente.
La dimensión C (Completitud) se manifiesta en la estructura misma de los grabados. No son líneas dispersas, sino patrones organizados, con simetría y repetición. Reflejan una pulsión hacia la totalidad: la necesidad de cerrar una forma, de crear una unidad coherente a partir de líneas individuales. Esta pulsión es la misma que guía al artista cuando compone una pintura o esculpe una estatua. El arte, desde sus inicios, ha sido una respuesta a la necesidad de orden, de coherencia, de completitud.
La Filosofía Quirúrgica nos invita a aplicar un corte analítico preciso a estos hallazgos. No se trata de ver en Blombos el "primer arte" y detenernos ahí. Se trata de entender que estos grabados son parte de un proceso continuo que se extiende hasta nuestros días. Lo que vemos en Blombos es la emergencia de una función —la función simbólica— que luego se desarrollará, se diversificará y se complejizará a lo largo de decenas de miles de años.
Implicaciones para la investigación futura
El hallazgo de Henshilwood, junto con los descubrimientos posteriores en Blombos y en otros yacimientos africanos (como los grabados en huevos de avestruz de Diepkloof, de más de 55.000 años), ha transformado nuestra comprensión del origen del arte y del comportamiento simbólico. Pero también abre nuevas preguntas:
¿Qué significaban exactamente estos patrones? Henshilwood y sus colegas reconocen que probablemente nunca lo sabremos (Henshilwood et al., 2002). Pero su existencia demuestra que los humanos del MSA ya tenían la capacidad de crear y compartir símbolos abstractos.
¿Existía una tradición más amplia? La presencia de grabados similares en diferentes yacimientos sugiere que estos patrones formaban parte de un repertorio simbólico compartido en el sur de África. ¿Hasta dónde se extendía esta tradición? ¿Llegó a otras regiones?
¿Cuál es la relación entre estos grabados y el arte figurativo posterior? Los grabados de Blombos son abstractos. El arte figurativo —la representación de animales y personas— no aparece en África hasta mucho más tarde. ¿Por qué ese salto? ¿Qué ocurrió en el ínterin?
¿Qué papel jugaron estos símbolos en la cognición y la evolución social? La creación de símbolos compartidos no solo permite comunicar, sino también coordinar acciones, formar grupos más grandes y desarrollar estructuras sociales más complejas. Los grabados de Blombos podrían ser una de las primeras herramientas de esta transformación social.
Consideraciones finales: el eco de una mente antigua
El hallazgo de los grabados de Blombos es mucho más que una noticia arqueológica. Es una ventana a la mente de nuestros antepasados. Nos muestra que, hace 77.000 años, en una cueva junto al mar, alguien tomó un trozo de ocre y, con una herramienta de piedra, trazó líneas que no representaban nada del mundo exterior, pero que significaban algo en su mundo interior.
Esas líneas son el eco de una mente simbólica, de una mente que ya podía pensar en abstracto, que ya podía crear significados compartidos, que ya podía expresar algo más allá de la necesidad inmediata. Y esa capacidad, que hoy sigue viva en cada obra de arte, en cada poema, en cada canción, no nació en las cuevas de Eurasia hace 40.000 años. Nació en África, mucho antes, y nos acompaña desde entonces.
Como escribió el equipo de Henshilwood en su artículo de 2002, "a la luz de esta evidencia, parece que, al menos en el sur de África, el Homo sapiens era conductualmente moderno hace unos 77.000 años" (Henshilwood et al., 2002, p. 1280). Hoy podemos añadir: y sigue siéndolo.
Referencias bibliográficas
Henshilwood, C. S., d'Errico, F., Yates, R., Jacobs, Z., Tribolo, C., Duller, G. A. T., Mercier, N., Sealy, J. C., Valladas, H., Watts, I., & Wintle, A. G. (2002). Emergence of modern human behavior: Middle Stone Age engravings from South Africa. Science, 295(5558), 1278–1280. https://doi.org/10.1126/science.1067575
Henshilwood, C. S., d'Errico, F., & Watts, I. (2009). Engraved ochres from the Middle Stone Age levels at Blombos Cave, South Africa. Journal of Human Evolution, 57(1), 27–47. https://doi.org/10.1016/j.jhevol.2009.02.006
Mallo, B. (2023). La construcción neuro-simbólica. Una aproximación al funcionamiento del cerebro desde una perspectiva multidisciplinar [Tesis doctoral, Universidad del País Vasco - Euskal Herriko Unibertsitatea]. Repositorio ADDI. http://hdl.handle.net/10810/62701
Mallo, B. (2025). Arte y biología: Una aproximación neurofilosófica al origen de la experiencia estética. https://www.amazon.com/dp/B0E8Y5WZMK
Mallo, B. (2025). Art and biology: A neurophilosophical approach to the origin of aesthetic experience. https://www.amazon.com/dp/B0E8Y6C2XN
Mallo, B. (2026a). De la filosofía quirúrgica a la ley de coherencia biológica S/Y/C: Hacia una investigación sobre el origen del arte en la especie Homo. https://isbn.bibna.gub.uy/catalogo.php?mode=detalle&nt=57196
Mallo, B. (2026a). De la filosofía quirúrgica a la ley de coherencia biológica S/Y/C: Hacia una investigación sobre el origen del arte en la especie Homo [Versión Kindle]. https://www.amazon.com/dp/B0GYGTJD5C
Mallo, B. (2026b). From surgical philosophy to the law of biological coherence S/Y/C: Toward a study of the origin of art in the Homo lineage. https://isbn.bibna.gub.uy/catalogo.php?mode=detalle&nt=57197
Autor / Author
Bernabé Mallo
Doctor en Filosofía – Universidad del País Vasco / Euskal Herriko Unibertsitatea (UPV/EHU)
Investigador independiente en neurofilosofía, evolución humana y origen del arte.
Bernabé Mallo
PhD in Philosophy – University of the Basque Country / Euskal Herriko Unibertsitatea (UPV/EHU)
Independent researcher in neurophilosophy, human evolution, and the origin of art.
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