sábado, 6 de junio de 2026

El arte de la inteligencia artificial: ¿una nueva harmonía o una ruptura silenciosa?

 

Bernabé Mallo

Doctor en Filosofía por la Universidad del País Vasco (UPV/EHU)
Investigador en neurofilosofía, evolución humana y origen del arte. / PhD in Philosophy – University of the Basque Country (UPV/EHU)
Researcher in neurophilosophy, human evolution, and the origins of art.

Una reseña del artículo de Tao Feng (2022): A New Harmonisation of Art and Technology: Philosophic Interpretations of Artificial Intelligence Art


Introducción: cuando la máquina se convierte en "agente" artístico

¿Es el arte generado por inteligencia artificial una forma legítima de creación estética o, por el contrario, una ruptura con la tradición milenaria que ha definido lo humano? Esta pregunta, que hace apenas una década podía parecer especulativa, se ha convertido en un debate central de la filosofía del arte contemporánea. Los algoritmos generativos producen obras que ganan concursos de pintura, se subastan en casas reconocidas y se exhiben en museos de arte moderno. Y el público, entretanto, oscila entre la fascinación y la perplejidad.

El filósofo chino Tao Feng, en un artículo publicado en 2022 en la revista Critical Arts, aborda esta cuestión con un enfoque original y matizado . Su tesis central es que el arte de IA no puede ser reducido ni a una simple prolongación del arte humano ni a una mera curiosidad tecnológica. Se trata, más bien, de una forma especial que se sitúa "entre la belleza natural y el arte humano" , ocupando un territorio inédito que exige nuevas categorías interpretativas.

Feng propone una "nueva harmonización" entre arte y tecnología, un equilibrio que no ignore las diferencias fundamentales —la IA carece de intencionalidad y conciencia— pero que tampoco desdeñe las posibilidades creativas que abre. Desde la perspectiva de nuestra investigación sobre el modelo S/Y/C y la Filosofía Quirúrgica, el trabajo de Feng ofrece herramientas conceptuales valiosas para entender qué está en juego cuando una máquina "crea" arte.


Dos métodos, tres niveles: la arquitectura del arte por IA

Feng distingue, en primer lugar, dos grandes aproximaciones técnicas en la generación de arte por inteligencia artificial: el simbolismo y el conexionismo .

El simbolismo se basa en la manipulación explícita de reglas y representaciones simbólicas. Es la tradición clásica de la IA, aquella que intenta codificar el conocimiento humano en sistemas formales. En el ámbito artístico, se traduce en algoritmos que siguen reglas estéticas predefinidas —composiciones armónicas, esquemas cromáticos, estructuras métricas— para generar obras.

El conexionismo, por su parte, utiliza redes neuronales artificiales que aprenden patrones a partir de grandes conjuntos de datos. No se les programan reglas explícitas: se les muestran miles o millones de ejemplos, y ellas mismas extraen las regularidades estadísticas. Este enfoque, que ha dado lugar a modelos como DALL-E o Midjourney, produce resultados sorprendentemente creativos porque no se limita a aplicar reglas fijas, sino que puede generar combinaciones inéditas de estilos y formas.

Pero más allá de la técnica, Feng propone un análisis en tres niveles del sistema hombre-máquina:

  1. Humano usando máquina: la IA es una herramienta al servicio del artista humano, como lo fue el pincel o la cámara fotográfica. El control y la intencionalidad residen enteramente en el humano.

  2. Humano guiando máquina: existe una colaboración más estrecha. El humano define parámetros, selecciona datos de entrenamiento, orienta el proceso, pero la máquina genera resultados que el humano no ha previsto en detalle. Es un diálogo, no una instrucción unidireccional.

  3. Separación humano-máquina: la IA opera de manera autónoma, sin intervención humana directa. Genera obras por sí misma, a partir de sus propios criterios aprendidos. Este es el nivel más controvertido, porque plantea la pregunta de si podemos seguir hablando de "arte" sin un artista humano detrás.

Esta triple distinción es útil porque nos permite evitar generalizaciones excesivas. No es lo mismo decir que un artista utiliza un filtro de IA en Photoshop que afirmar que un algoritmo autónomo produce pinturas sin supervisión. Los problemas filosóficos que suscita cada nivel son distintos.


El arte de IA como forma intermedia: entre naturaleza y artificio

Uno de los aspectos más originales del análisis de Feng es su caracterización del arte de IA como una forma especial que no encaja limpiamente en las categorías estéticas tradicionales .

Por un lado, el arte de IA no es un objeto estético natural. No se trata de una puesta de sol o de una formación rocosa esculpida por la erosión. Es un artefacto, un producto de la técnica. Esto implica que su apreciación está mezclada con intereses —tecnológicos, comerciales, culturales— y no responde a la pura contemplación desinteresada que Kant atribuía al juicio estético.

Por otro lado, el arte de IA no es equivalente al arte humano tradicional. Feng lo afirma con claridad: la IA no tiene intencionalidad ni conciencia . No hay un sujeto detrás de la obra que haya querido decir algo, que haya vertido en ella su emoción, que busque comunicarse con el espectador. La obra generada por IA es, en este sentido, huérfana: no tiene una interioridad que expresar.

Sin embargo —y aquí radica la originalidad de la tesis— el arte de IA no es tampoco una mera imitación vacía. Feng propone que su generación artística es una especie de "finalidad sin finalidad" , una reformulación del concepto kantiano. La obra parece tener propósito, parece haber sido hecha para algo, pero ese propósito no reside en la mente de un creador consciente, sino en la estructura del algoritmo y en los patrones estadísticos que ha aprendido.

Esta ambigüedad —ni naturaleza, ni arte humano; ni azar, ni intencionalidad plena— sitúa al arte de IA en un territorio conceptualmente inédito, que exige nuevas herramientas filosóficas para ser comprendido.


El "actor red": repensar la autoría en la era de la IA

Feng introduce un concepto especialmente fecundo para superar el dilema de la autoría: el "actor red" (actor-network) . Inspirado en la teoría del actor-red de Bruno Latour, este concepto propone que la creación artística no es obra de un único sujeto —el genio romántico, el artista individual— sino el resultado de la interacción de múltiples actores: humanos, tecnologías, instituciones, algoritmos.

En este marco, la inteligencia artificial puede ser considerada como un "agente" en la generación del arte, no como un sujeto plenamente consciente, pero tampoco como una herramienta pasiva. Participa en la construcción de la lógica artística, rompe fronteras tradicionales y abre posibilidades que ningún humano habría imaginado por sí solo.

La noción de "actor red" nos permite, según Feng, evitar dos extremos igualmente empobrecedores: por un lado, el antropocentrismo radical que se niega a reconocer cualquier novedad en el arte por IA; por otro, el tecnocentrismo ingenuo que atribuye a las máquinas una creatividad equiparable a la humana.

El arte, desde esta perspectiva, es siempre una construcción colectiva. Y la inteligencia artificial es un nuevo participante en esa construcción, no para sustituir al artista humano, sino para formar parte de una ecología creativa más compleja.


El problema de la verdad y la falsedad en el arte por IA

Un aspecto fascinante que Feng aborda es la cuestión de la autenticidad . En el arte de IA, los procesos de generación, identificación y apreciación incluyen necesariamente un juicio sobre lo verdadero y lo falso. ¿Es realmente arte lo que ha hecho la máquina? ¿O es una simulación, una impostura, una falsificación?

Esta pregunta no es meramente académica. Tiene implicaciones prácticas en el mundo del mercado artístico, los derechos de autor, la conservación y la crítica. Feng señala que el arte de IA refleja una integración forzada de la tecnología inteligente en el dominio artístico, un intento de eliminar la contingencia, la dialéctica y la negatividad que, para ciertas tradiciones estéticas, son consustanciales al arte verdadero .

El arte humano, nos recuerda Feng, ha estado tradicionalmente ligado al riesgo, a la incertidumbre, a la lucha con el material, a la posibilidad del fracaso. La IA, por el contrario, produce siempre dentro de los márgenes de lo que ha aprendido, sin verdadera capacidad de transgresión. Su "creatividad" es, en el fondo, una variedad estadística dentro de un espacio de posibilidades predefinido.

Lo que necesitamos, concluye Feng, no es una sustitución del arte humano por el arte de máquina, sino una verdadera harmonización entre arte y tecnología . Las personas deberían utilizar la razón estética para guiar la tecnología de IA, no someterse pasivamente a su lógica ni idealizarla acríticamente.


Conexión con la investigación sobre el origen del arte (S/Y/C)

El análisis de Tao Feng resuena profundamente con la investigación que venimos desarrollando sobre el modelo S/Y/C del funcionamiento neuronal y la Ley de coherencia biológica. Sus tres niveles del sistema hombre-máquina y su concepto de "actor red" pueden reinterpretarse a la luz de nuestras categorías.

La dimensión S (Supervivencia) nos recuerda que el arte humano no es un lujo, sino una herramienta de regulación homeostática. La IA, al carecer de cuerpo y de necesidades vitales, no puede generar arte en este sentido pleno. Puede producir objetos formales, pero no responde a la pulsión de supervivencia que, en los humanos, impulsa la creación.

La dimensión Y (Symbolon) es central para comprender la diferencia entre el símbolo habitado y el símbolo manipulado. La IA puede manipular símbolos con eficacia, pero no habita el símbolo. No hay nadie dentro que reconozca o sea reconocido. El arte de IA es, en este sentido, un symbolon vacío: tiene la forma, pero no la vivencia.

La dimensión C (Completitud) apunta a la necesidad humana de cerrar formas, integrar partes en un todo coherente. La IA puede generar objetos formalmente cerrados, pero no experimenta la pulsión hacia la completitud. No hay un sujeto que sienta alivio cuando el patrón se cierra, ni angustia cuando se fragmenta, ni anhelo cuando se intuye una totalidad aún no alcanzada.

La Filosofía Quirúrgica, por su parte, nos invita a aplicar un corte analítico preciso en este debate. No se trata de rechazar la IA o de aceptarla sin más. Se trata de distinguir niveles, extirpar confusiones categoriales —como confundir producto con proceso, o simulación con vivencia— y suturar un marco conceptual que integre lo nuevo sin perder de vista lo esencial: que el arte, en su origen y en su función, es un fenómeno de lo vivo.

Feng ofrece, con su concepto de "actor red", una vía intermedia que respeta esta complejidad. La IA puede ser un actor más en la ecología creativa, sin ocupar el lugar del artista humano, pero tampoco siendo reducida a mera herramienta. Es un agente, sí, pero de un tipo especial: desprovisto de intencionalidad, de conciencia, de cuerpo. Un agente que amplifica, que sorprende, que propone, pero que no siente.


Consideraciones finales: hacia una nueva harmonización

El artículo de Tao Feng nos recuerda que el arte no es una esencia inmutable, sino una práctica viva que se transforma con la tecnología. La inteligencia artificial no es la primera innovación que desafía nuestras categorías estéticas —la fotografía, el cine, el arte conceptual ya lo hicieron antes—, pero quizás sea la más radical, porque cuestiona el papel mismo del sujeto creador.

Feng no ofrece respuestas definitivas, y eso es una virtud. Propone, en cambio, una actitud: la de la harmonización, no la de la sumisión o el rechazo. Utilizar la razón estética —esa capacidad humana de juzgar la belleza con sensibilidad y reflexión— para guiar la tecnología, no para ser guiados por ella.

Desde nuestra perspectiva, esto implica recordar que el arte, en su origen paleolítico, fue una tecnología biológica al servicio de la supervivencia, el símbolo y la completitud. La inteligencia artificial puede ser una nueva tecnología en este largo recorrido, pero no debe hacernos olvidar que el arte es, ante todo, un encuentro entre subjetividades encarnadas. Un encuentro que, por ahora, solo los seres vivos podemos protagonizar.


Referencias bibliográficas

Feng, T. (2022). A new harmonisation of art and technology: Philosophic interpretations of artificial intelligence art. Critical Arts, 36(1-2), 110–125. https://doi.org/10.1080/02560046.2022.2111454

López Mallo, J. B. (2023). La construcción neuro-simbólica. Una aproximación al funcionamiento del cerebro desde una perspectiva multidisciplinar [Tesis doctoral, Universidad del País Vasco - Euskal Herriko Unibertsitatea]. Repositorio ADDI. http://hdl.handle.net/10810/62701

 https://catalogo.sanchoelsabio.eus 

López Mallo, J. B. (2026a). De la filosofía quirúrgica a la ley de coherencia biológica S/Y/C: Hacia una investigación sobre el origen del arte en la especie Homo. Lopez Mallo, Javier Bernabé. https://isbn.bibna.gub.uy/catalogo.php?mode=detalle&nt=57196

López Mallo, J. B. (2026a). De la filosofía quirúrgica a la ley de coherencia biológica S/Y/C: Hacia una investigación sobre el origen del arte en la especie Homo [Versión Kindle]. Amazon. https://www.amazon.com/dp/B0GYGTJD5C

López Mallo, J. B. (2026b). From surgical philosophy to the law of biological coherence S/Y/C: Toward a study of the origin of art in the Homo lineage. Lopez Mallo, Javier Bernabé. https://isbn.bibna.gub.uy/catalogo.php?mode=detalle&nt=57197

López Mallo, J. B. (2026b). From surgical philosophy to the law of biological coherence S/Y/C: Toward a study of the origin of art in the Homo lineage [Kindle edition]. Amazon. https://www.amazon.com/dp/B0GY89SZS1


Autor / Author


Bernabé Mallo
 Doctor en Filosofía – Universidad del País Vasco / Euskal Herriko Unibertsitatea (UPV/EHU)
 Investigador independiente en neurofilosofía, evolución humana y origen del arte.
 

Bernabé Mallo
 PhD in Philosophy – University of the Basque Country / Euskal Herriko Unibertsitatea (UPV/EHU)
 Independent researcher in neurophilosophy, human evolution, and the origin of art.

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