jueves, 11 de junio de 2026

El trazo del alma: cómo detectamos la intencionalidad humana en el arte abstracto

 

Bernabé Mallo

Doctor en Filosofía por la Universidad del País Vasco (UPV/EHU)
Investigador en neurofilosofía, evolución humana y origen del arte. / PhD in Philosophy – University of the Basque Country (UPV/EHU)
Researcher in neurophilosophy, human evolution, and the origins of art.

Una reseña del estudio de Straffon, Perea-García, den Blaauwen y Kret (2026): Traces of Intentionality: Balance, Complexity, and Organization in Artworks by Humans and Apes


Introducción: ¿puede un chimpancé ser artista?

En la década de 1950, el psicólogo Desmond Morris, conocido por sus estudios sobre el comportamiento animal, enseñó a pintar a un chimpancé llamado Congo. Las obras de Congo fueron expuestas en galerías de Londres e incluso adquiridas por coleccionistas de arte. La pregunta que planteaba entonces, y que sigue abierta hoy, es inquietante: ¿puede un chimpancé crear arte? ¿Qué diferencia una mancha accidental de pigmento de una obra con intención estética? Y, sobre todo, ¿somos capaces los humanos de distinguir entre el trazo de un primate no humano y el de una persona?

Un estudio reciente de Larissa M. Straffon, Juan O. Perea-García, Tijmen den Blaauwen y Mariska E. Kret (2026), publicado en la revista Topics in Cognitive Science, aborda precisamente esta cuestión . Los investigadores presentaron a participantes imágenes de pinturas realizadas por humanos sin formación artística y por chimpancés en cautiverio. Los resultados son fascinantes: los participantes fueron capaces de distinguir entre unas y otras con un grado de precisión notable, y atribuyeron a las pinturas humanas mayores niveles de intencionalidad, organización y equilibrio.

Este hallazgo tiene profundas implicaciones para la investigación sobre el origen del arte. Sugiere que la capacidad de producir y percibir señales de intencionalidad no es un privilegio de los grandes artistas, sino una característica ubicua de la producción visual humana, incluso entre aquellos sin formación artística. Y esa capacidad, como veremos, conecta directamente con nuestra tesis sobre el modelo S/Y/C y la Ley de coherencia biológica.


El estudio: ¿cómo distinguen las personas el arte humano del arte de chimpancé?

Straffon y sus colaboradores diseñaron dos experimentos complementarios para explorar la capacidad de los seres humanos para distinguir entre pinturas hechas por humanos sin formación artística y pinturas hechas por chimpancés .

Estudio 1: la tarea de discriminación visual

En el primer estudio, los participantes vieron pares de pinturas —una humana y una de chimpancé— y debían identificar qué pintura había sido hecha por un humano y cuál por un chimpancé. Los resultados fueron claros: los participantes lograron distinguir correctamente entre las pinturas de humanos y las de chimpancés a un nivel significativamente superior al azar .

Es importante destacar que los humanos que realizaron las pinturas no eran artistas formados. Eran personas sin entrenamiento artístico especializado. Esto elimina la posibilidad de que la distinción se base en el dominio de técnicas sofisticadas o en la adhesión a cánones estéticos académicos. Incluso sin formación, el trazo humano parece dejar una firma invisible que otros humanos pueden detectar.

Estudio 2: la evaluación de criterios estéticos

En el segundo estudio, los participantes evaluaron las pinturas según varios criterios: intencionalidad percibida, organización, equilibrio y complejidad . Además, se les preguntó qué pintura preferían.

Los resultados fueron consistentes con los del primer estudio. Los participantes atribuyeron significativamente más intencionalidad, organización y equilibrio a las pinturas realizadas por humanos en comparación con las realizadas por chimpancés. La complejidad, en cambio, no mostró diferencias sistemáticas.

Además, se encontró que la preferencia por una pintura estaba directamente relacionada con la percepción de intencionalidad. Es decir, los participantes preferían las obras que les parecían más intencionales, independientemente de su origen. Dado que las pinturas humanas eran percibidas como más intencionales, también eran preferidas.

Los autores identificaron tres características clave que influyen en la preferencia por obras de arte abstracto: equilibrio, complejidad y organización . Estos tres rasgos, sugieren, son indicadores de la presencia de una mente intencional detrás de la obra.


¿Qué es la intencionalidad y por qué la detectamos?

La intencionalidad es, en términos filosóficos, la propiedad de los estados mentales de estar dirigidos hacia algo, de ser acerca de algo. En el contexto de la percepción del arte, la intencionalidad se refiere a nuestra capacidad de inferir que detrás de un objeto hay un agente que ha actuado con un propósito, que ha querido lograr algo, que ha tomado decisiones.

El estudio de Straffon y sus colegas demuestra que los seres humanos somos extraordinariamente sensibles a las señales de intencionalidad en la producción visual. Incluso cuando las obras son abstractas, incluso cuando no representan objetos reconocibles, incluso cuando han sido hechas por personas sin formación artística, somos capaces de detectar la huella de la mente humana.

Esta capacidad no es trivial. Tiene profundas raíces evolutivas. En la historia de nuestra especie, la capacidad de inferir los estados mentales de otros —sus intenciones, sus creencias, sus deseos— ha sido crucial para la cooperación, la comunicación y la supervivencia en grupo. A esta capacidad se le denomina teoría de la mente o cognición social.

El arte, desde esta perspectiva, no sería un lujo cultural tardío, sino una expresión de esta capacidad fundamental. Al crear arte, los seres humanos dejan rastros de su intencionalidad que otros pueden leer. El arte es, en este sentido, un medio de comunicación que trasciende el lenguaje explícito.


¿Por qué el arte de los chimpancés no engaña?

Si los chimpancés pueden pintar —y de hecho lo hacen, como demostró Desmond Morris con Congo—, ¿por qué sus obras no son percibidas como igualmente intencionales? La respuesta, sugiere el estudio, tiene que ver con las propiedades formales de la obra.

Los chimpancés, al pintar, producen configuraciones de trazos que, a los ojos humanos, resultan menos organizadas y equilibradas. No es que carezcan de patrones; es que sus patrones no exhiben el mismo tipo de estructura compositiva que los humanos generamos, incluso sin formación.

Straffon y sus colegas identificaron tres dimensiones clave: equilibrio, complejidad y organización. Las pinturas humanas puntuaban más alto en estas dimensiones, y esas dimensiones predecían la preferencia estética. En otras palabras, los humanos tenemos una sensibilidad innata o tempranamente adquirida hacia ciertos tipos de configuración espacial que consideramos "bien hechas" o "armoniosas".

Esta sensibilidad no es arbitraria. Probablemente se apoya en principios de la percepción visual que son compartidos por nuestra especie —y quizás por otros primates, aunque con diferencias importantes. Un claro ejemplo se encuentra en la psicología de la Gestalt, que ha evidenciado cómo el cerebro humano estructura los estímulos visuales en configuraciones globales y coherentes. Esto se manifiesta a través de principios fundamentales como la ley de la continuidad y la ley de la pregnancia (o de la buena forma). El arte humano, incluso el más abstracto, tiende a satisfacer estas expectativas perceptuales de manera más consistente que el arte generado por chimpancés.


Conexión con la investigación sobre el origen del arte (S/Y/C)

Este estudio experimental conecta directamente con la investigación que venimos desarrollando sobre el modelo S/Y/C del funcionamiento neuronal y la Ley de coherencia biológica.

La capacidad de detectar intencionalidad en el arte es, en esencia, la capacidad de reconocer la dimensión Y (Symbolon) en acción. El symbolon no es solo la capacidad de crear símbolos, sino también de reconocer la actividad simbólica en otros. Cuando miramos una pintura y percibimos que detrás hay una mente intencional, estamos ejercitando nuestra competencia simbólica fundamental: la que nos permite compartir significados, coordinar acciones y construir cultura.

Las tres características identificadas por Straffon y sus colegas —equilibrio, complejidad y organización— pueden reinterpretarse a la luz de nuestras dimensiones:

  • Equilibrio remite a la dimensión C (Completitud). Un equilibrio logrado —entre luces y sombras, entre formas y espacios, entre tensión y reposo— es una forma de completitud. El cerebro humano encuentra placer en la configuración que resuelve las tensiones en una totalidad coherente. Las pinturas humanas, incluso las de artistas sin formación, tienden a satisfacer esta búsqueda de equilibrio más que las de los chimpancés.

  • Organización remite también a la dimensión C (Completitud), pero también a Y (Symbolon). La organización implica que los elementos no están dispuestos al azar, sino que siguen un principio estructurador que puede ser reconocido por otros. Esa estructura es un símbolo implícito: dice "esto ha sido hecho con un propósito". La capacidad de generar organización es, por tanto, una manifestación de la función simbólica.

  • Complejidad es la más ambigua. No mostró diferencias sistemáticas entre humanos y chimpancés, pero sí influía en la preferencia estética. Probablemente, la complejidad se relaciona con la dimensión S (Supervivencia): nuestro cerebro está diseñado para prestar atención a estímulos con un nivel óptimo de complejidad —ni demasiado simples (aburridos) ni demasiado caóticos (abrumadores). El arte humano navega esa frontera con especial habilidad.

La Filosofía Quirúrgica nos invita a aplicar un corte analítico preciso a estos resultados. No se trata de concluir que los chimpancés "no tienen arte" en un sentido despectivo. Se trata de reconocer que la producción visual humana, incluso en sus formas más simples y no académicas, lleva la marca de una intencionalidad que la distingue de la producción de otros primates. Esa marca es, probablemente, el resultado de la evolución de nuestra capacidad simbólica —la misma que nos permite el lenguaje, la matemática, el mito y, por supuesto, el arte.


Implicaciones para la investigación sobre el origen del arte

El estudio de Straffon y sus colegas tiene implicaciones profundas para la investigación sobre el origen del arte en la especie Homo.

En primer lugar, sugiere que la capacidad de producir y percibir señales de intencionalidad no es un rasgo que aparece solo con el arte figurativo del Paleolítico superior. Está ya presente en los humanos actuales sin formación artística, y es probable que haya estado presente en nuestros antepasados desde fases muy tempranas de la evolución del género Homo.

En segundo lugar, el estudio demuestra que la sensibilidad estética a propiedades como el equilibrio, la organización y la complejidad no es un producto de la cultura o la educación artística. Es una capacidad generalizada que se manifiesta incluso en personas sin entrenamiento. Esto apoya la hipótesis de que la experiencia estética tiene raíces biológicas profundas, anteriores a la emergencia de las tradiciones artísticas históricas.

En tercer lugar, el estudio abre la puerta a investigaciones comparativas con otros primates. Si los chimpancés producen configuraciones visuales que los humanos distinguen de las suyas, ¿qué ocurre con los neandertales? ¿Podríamos analizar sus producciones simbólicas —como los grabados de Gorham o las pinturas de la Cueva de Ardales— con estos mismos criterios de intencionalidad, organización y equilibrio? Nuestra investigación sobre el origen del arte en la especie Homo podría beneficiarse de aplicar estas herramientas analíticas a los restos arqueológicos.


Consideraciones finales: la firma invisible de lo humano

El estudio de Straffon, Perea-García, den Blaauwen y Kret nos recuerda que el arte no es solo cuestión de objetos, sino de mentes. Cuando miramos una pintura —incluso una pintura abstracta hecha por alguien sin formación— no solo vemos formas y colores. Vemos, o intuimos, la presencia de otra mente. Detectamos su intencionalidad, su organización, su búsqueda de equilibrio.

Esa capacidad de detectar la mente del otro en el trazo es, quizás, el origen más profundo del arte. No nacemos con pinceles, pero nacemos con cerebros diseñados para dejar huellas y leer las huellas de otros. El arte es, en este sentido, una prolongación de nuestra sociabilidad cognitiva: un medio de transmitir no solo información, sino estados mentales, emociones, intenciones.

Los chimpancés pueden pintar, y sus pinturas pueden ser interesantes desde un punto de vista formal. Pero los humanos, incluso sin formación, pintan de manera diferente. Sus trazos llevan una firma invisible que otros humanos pueden detectar. Esa firma es la de una mente que busca organizar el mundo, que anhela el equilibrio, que deja rastros de su paso. Es la firma de la vida que se sabe viva y quiere dejar constancia de ello.

Y ese es, quizás, el verdadero origen del arte: la necesidad de decir, a través del trazo, "yo estuve aquí, yo vi esto, yo sentí esto". Una necesidad que los chimpancés no comparten, o no en el mismo grado, y que define lo más propio de lo humano.


Referencias bibliográficas

Mallo, B. (2023). La construcción neuro-simbólica. Una aproximación al funcionamiento del cerebro desde una perspectiva multidisciplinar [Tesis doctoral, Universidad del País Vasco - Euskal Herriko Unibertsitatea]. Repositorio ADDI. http://hdl.handle.net/10810/62701

Mallo, B. (2026a). De la filosofía quirúrgica a la ley de coherencia biológica S/Y/C: Hacia una investigación sobre el origen del arte en la especie Homo. Lopez Mallo, Javier Bernabé. https://isbn.bibna.gub.uy/catalogo.php?mode=detalle&nt=57196

Mallo, B. (2026a). De la filosofía quirúrgica a la ley de coherencia biológica S/Y/C: Hacia una investigación sobre el origen del arte en la especie Homo [Versión Kindle]. Amazon. https://www.amazon.com/dp/B0GYGTJD5C

Mallo, B. (2026b). From surgical philosophy to the law of biological coherence S/Y/C: Toward a study of the origin of art in the Homo lineage. Lopez Mallo, Javier Bernabé. https://isbn.bibna.gub.uy/catalogo.php?mode=detalle&nt=57197

Mallo, B. (2026b). From surgical philosophy to the law of biological coherence S/Y/C: Toward a study of the origin of art in the Homo lineage [Kindle edition]. Amazon. https://www.amazon.com/dp/B0GY89SZS1

Straffon, L. M., Perea-García, J. O., den Blaauwen, T., & Kret, M. E. (2026). Traces of intentionality: Balance, complexity, and organization in artworks by humans and apes. Topics in Cognitive Science, 18(2), e70022. https://doi.org/10.1111/tops.70022

 

Autor / Author


Bernabé Mallo
 Doctor en Filosofía – Universidad del País Vasco / Euskal Herriko Unibertsitatea (UPV/EHU)
 Investigador independiente en neurofilosofía, evolución humana y origen del arte.
 

Bernabé Mallo
 PhD in Philosophy – University of the Basque Country / Euskal Herriko Unibertsitatea (UPV/EHU)
 Independent researcher in neurophilosophy, human evolution, and the origin of art.

Enlaces / Links


Página de autor Amazon / Amazon Author Page: https://www.amazon.com/author/bernabemallo
ORCID: https://orcid.org/0000-0001-9002-9728
Plataforma EHUenRed / Link EHUenRed:  https://www.ehu.eus/es/web/masterrak-eta-graduondokoak/red-latinoamericana-de-posgrados
Canal YouTube / Channel YouTube: https://www.youtube.com/@neuroideas815
Canal YouTube / Channel YouTube: https://www.youtube.com/channel/UCBsf6OZ482NjST6QA-hvYtQ
Publicaciones y proyectos en desarrollo / Publications and projects: 
https://www.amazon.com/author/bernabemallo
https://ehuenred.theglocal.network/ideas/el-origen-del-arte-en-el-cerebro-de-makapansgat-al-moma-del-primate-al-sapiens

 

 

 

No hay comentarios:

Publicar un comentario