miércoles, 3 de junio de 2026

El arte como espejo de los qualia: David Chalmers y el origen de la expresión humana

 

Bernabé Mallo

Doctor en Filosofía por la Universidad del País Vasco (UPV/EHU)
Investigador en neurofilosofía, evolución humana y origen del arte. / PhD in Philosophy – University of the Basque Country (UPV/EHU)
Researcher in neurophilosophy, human evolution, and the origins of art.

Una reseña sobre "Facing up to the problem of consciousness" (1995) y sus implicaciones para comprender el arte como expresión de la experiencia subjetiva


Introducción: ¿Qué siente un bisonte?

Imaginemos por un momento al artista paleolítico que, hace más de treinta mil años, pintó un bisonte en las paredes de la cueva de Altamira. No estaba fotografiando un animal. No estaba documentando científicamente su anatomía. Estaba haciendo algo mucho más extraño y, quizás, más humano: estaba intentando comunicar qué se siente al ver un bisonte.

Esta distinción —entre registrar un hecho y expresar una experiencia— es el núcleo de una de las cuestiones filosóficas más fascinantes de nuestro tiempo. El filósofo australiano David Chalmers la formuló en 1995 con una claridad que ha marcado la filosofía de la mente durante tres décadas: existe una diferencia radical entre los problemas "fáciles" de la conciencia (cómo el cerebro procesa información, discrimina estímulos, integra datos) y el "Problema Duro" (por qué y cómo ese procesamiento físico va acompañado de una experiencia subjetiva, de algo que se siente desde dentro).

A esas experiencias subjetivas e intransferibles se les llama qualia (en singular, quale): el "rojo" que vemos, el "dolor" que sentimos, la "melancolía" que nos embarga al escuchar una canción. Una máquina puede detectar la longitud de onda de la luz roja (650 nanómetros), pero no experimenta la rojez. Un robot puede registrar un impacto, pero no siente dolor. Y un algoritmo puede analizar una pintura, pero no vive la emoción que el artista quiso plasmar.

La tesis que exploraremos aquí es la siguiente: el origen del arte está intrínsecamente ligado a la necesidad humana de expresar y compartir los qualia. El arte no nació como un lujo cultural, sino como la primera tecnología que inventamos para romper el aislamiento de nuestras mentes privadas.


¿Qué es el "Problema Duro" de la conciencia?

Chalmers, en su influyente artículo "Facing up to the problem of consciousness" (publicado inicialmente en 1995 y ampliamente difundido desde entonces), propone una división metodológica que ha transformado el estudio de la mente.

Los problemas "fáciles"

Existen múltiples cuestiones sobre la mente que son abordables por los métodos estándar de la ciencia cognitiva y la neurociencia: ¿cómo discrimina un sujeto estímulos sensoriales? ¿cómo integra el cerebro información de diferentes fuentes? ¿cómo se verbalizan los estados internos? Estos son problemas complejos, pero no hay una razón de principio para pensar que la ciencia no pueda resolverlos.

Chalmers los llama "fáciles" no porque sean triviales, sino porque se ajustan al paradigma explicativo estándar: relacionan funciones cognitivas con mecanismos físicos. Una teoría del procesamiento de la información visual, por ejemplo, nos dice cómo el cerebro transforma ondas de luz en patrones de activación neuronal.

El Problema Duro

El Problema Duro es de una naturaleza completamente distinta. No se refiere a lo que el cerebro hace, sino a cómo ese hacer viene acompañado de una experiencia subjetiva. ¿Por qué la activación de neuronas en la corteza visual no se limita a procesar información, sino que además se siente como algo ver el rojo? ¿Por qué no somos todos "zombis filosóficos" —seres que se comportan exactamente como humanos pero carecen de toda vida interior?

Chalmers argumenta que los métodos reductivos —aquellos que intentan explicar la conciencia en términos puramente físicos— están condenados al fracaso porque dejan intacta la cuestión central: por qué existe la experiencia subjetiva en absoluto. No se trata de negar la relevancia de la neurociencia, sino de reconocer que, por sí sola, no puede cerrar la "brecha explicativa" entre el cerebro y la vivencia.

¿Qué son los qualia y por qué importan para el arte?

Los qualia son los ladrillos de nuestra vida interior. Son las cualidades fenoménicas de la experiencia: el picor de la picazón, la calidez del sol en la piel, la tristeza de una melodía menor. Son, como señala la literatura especializada, "la característica subjetiva de las experiencias, a la que solo se puede acceder directamente desde el sujeto que tiene la experiencia".

La ciencia puede describir la física del color, la fisiología del dolor, la acústica del sonido. Pero hay algo en la experiencia del rojo que se escapa a toda descripción objetiva. Ese "algo" es el quale. Y es, sostendremos aquí, el verdadero objeto del arte.

El arte no comunica información objetiva sobre el mundo —eso ya lo hace la ciencia. El arte comunica cómo se siente estar en el mundo. Una pintura rupestre no es una fotografía: es una proyección de la experiencia subjetiva del cazador, de su asombro, su miedo, su admiración ante la bestia. Una sinfonía no es un tratado de acústica: es la transferencia de un estado de ánimo de la mente del compositor a la mente del oyente.


El arte como puente entre mentes aisladas

Uno de los problemas filosóficos más perturbadores es el problema de las otras mentes. Nunca podré saber con certeza si tú ves el azul como yo lo veo, o si tu dolor se siente como el mío. Estamos, como dijo el poeta, "atrapados en la prisión de nuestro propio cráneo".

El arte, desde esta perspectiva, es la tecnología primitiva que inventamos para escapar de esa prisión. Es el intento de transferir mis qualia directamente a tu cerebro, sin pasar por el lenguaje frío de la ciencia. Cuando el artista pinta un atardecer, no está diciendo "hay una fuente de luz de 3000 grados Kelvin que se está poniendo tras el horizonte". Está diciendo: "mira, así es como se siente para mí ver el atardecer". Y cuando tú contemplas esa pintura y sientes algo similar, se produce un milagro: dos mentes se han encontrado en un espacio común, han compartido algo que, en principio, es incompartible.

Chalmers ha explorado estas ideas también en el contexto de las realidades virtuales. En su obra Reality+ (2022), argumenta que los mundos virtuales pueden ser tan reales como el mundo físico, y que la inmersión en ellos puede generar experiencias genuinas. Podríamos añadir que el arte siempre ha sido una tecnología de realidad virtual: la cueva pintada fue el primer visor de inmersión, la novela el primer mundo simulado, la sinfonía el primer paisaje sonoro artificial. El arte no es un sustituto de la realidad: es una expansión de la realidad, un nuevo territorio para la experiencia subjetiva.


Conexión con la investigación sobre el origen del arte (S/Y/C)

Esta reflexión sobre los qualia y el arte resuena profundamente con la investigación que venimos desarrollando sobre el modelo S/Y/C del funcionamiento neuronal y la Ley de coherencia biológica.

La dimensión Y (Symbolon) de nuestro modelo encuentra aquí su fundamento más profundo. El symbolon —la capacidad de crear y compartir símbolos como acto de reconocimiento— no es una habilidad cognitiva abstracta. Es, ante todo, la respuesta a una necesidad existencial: compartir lo incompartible, comunicar el qualia, romper el aislamiento de la conciencia.

El arte es el symbolon por excelencia porque no se limita a representar objetos, sino que encarna experiencias. Cuando el artista pinta, no solo dibuja formas: proyecta su interioridad. Cuando el espectador contempla, no solo reconoce formas: recibe una experiencia. El arte es el puente que tiende el cerebro humano entre dos subjetividades, utilizando los símbolos como materia prima.

Las dimensiones S (Supervivencia) y C (Completitud) también están implicadas. El arte, al permitirnos compartir qualia, cumple una función homeostática crucial: regula nuestras emociones colectivas, nos ayuda a procesar el dolor y la alegría en comunidad, y fortalece los lazos sociales que son esenciales para la supervivencia del grupo. Al mismo tiempo, la experiencia estética nos ofrece una sensación de completitud —una totalidad lograda, un significado emergente— que satisface la pulsión más profunda de nuestro sistema nervioso hacia la coherencia y la integración.


Consideraciones finales: el arte como testimonio de lo vivo

La teoría de Chalmers nos recuerda que la conciencia —y con ella, los qualia— sigue siendo uno de los grandes misterios de la ciencia. Pero quizás ese misterio no es un problema que debamos resolver, sino una realidad que debemos aceptar y, en el caso del arte, celebrar.

El arte existe porque los seres humanos no se conforman con procesar información. Los seres humanos sienten. Y lo que sienten es tan real como lo que miden los instrumentos científicos, aunque no sea reducible a ecuaciones. La pintura rupestre, la sinfonía, la novela, el poema: todos ellos son testimonios de que la vida interior importa, de que los qualia son el centro de nuestra existencia, de que compartir lo que sentimos es tan importante como compartir lo que sabemos.

Y ese es, quizás, el verdadero origen del arte: no la necesidad de representar el mundo, sino la necesidad de expresar el alma.


Referencias bibliográficas

Chalmers, D. J. (1995). Facing up to the problem of consciousness. Journal of Consciousness Studies, 2(3), 200–219. https://doi.org/10.4324/9780203826430-11

Chalmers, D. J. (2022). Reality+: Virtual worlds and the problems of philosophy. W. W. Norton & Company.

López Mallo, J. B. (2023). La construcción neuro-simbólica. Una aproximación al funcionamiento del cerebro desde una perspectiva multidisciplinar [Tesis doctoral, Universidad del País Vasco - Euskal Herriko Unibertsitatea]. Repositorio ADDI. http://hdl.handle.net/10810/62701

 https://catalogo.sanchoelsabio.eus 

López Mallo, J. B. (2026a). De la filosofía quirúrgica a la ley de coherencia biológica S/Y/C: Hacia una investigación sobre el origen del arte en la especie Homo. Lopez Mallo, Javier Bernabé. https://isbn.bibna.gub.uy/catalogo.php?mode=detalle&nt=57196

https://www.amazon.com/dp/B0GYGTJD5C 

López Mallo, J. B. (2026b). From surgical philosophy to the law of biological coherence S/Y/C: Toward a study of the origin of art in the Homo lineage. Lopez Mallo, Javier Bernabé. https://isbn.bibna.gub.uy/catalogo.php?mode=detalle&nt=57197

  https://www.amazon.com/dp/B0GY89SZS1

Nagel, T. (1974). What is it like to be a bat? The Philosophical Review, 83(4), 435–450.

 

Autor / Author


Bernabé Mallo
 Doctor en Filosofía – Universidad del País Vasco / Euskal Herriko Unibertsitatea (UPV/EHU)
 Investigador independiente en neurofilosofía, evolución humana y origen del arte.
 

Bernabé Mallo
 PhD in Philosophy – University of the Basque Country / Euskal Herriko Unibertsitatea (UPV/EHU)
 Independent researcher in neurophilosophy, human evolution, and the origin of art.

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