lunes, 8 de junio de 2026

¿Quién realizó la pintura? El arte de la inteligencia artificial ante la mirada del público y del experto

 

Bernabé Mallo

Doctor en Filosofía por la Universidad del País Vasco (UPV/EHU)
Investigador en neurofilosofía, evolución humana y origen del arte. / PhD in Philosophy – University of the Basque Country (UPV/EHU)
Researcher in neurophilosophy, human evolution, and the origins of art.

 

Una reseña del estudio de Li Gu y Yong Li (2022): Who made the paintings: Artists or artificial intelligence?


Introducción: cuando la máquina firma la obra

¿Cambia nuestra valoración estética si sabemos que una pintura ha sido generada por un algoritmo en lugar de por un ser humano? ¿Sentimos el mismo placer ante un paisaje chino tradicional si descubrimos que detrás no hay un pincel humano, sino una red neuronal entrenada con miles de ejemplos? ¿Y qué ocurre cuando quien juzga es un experto en arte, alguien que ha dedicado años a desarrollar su sensibilidad y su conocimiento?

Estas preguntas, que hace apenas una década podían parecer especulativas, se han convertido en objeto de investigación empírica rigurosa. Un estudio publicado en 2022 por Li Gu y Yong Li en la revista Frontiers in Psychology aborda precisamente esta cuestión . Los investigadores analizaron cómo la identidad del autor —humano o inteligencia artificial— afecta la valoración estética, la intención de compra y la intención de colección de pinturas, tanto en estilo chino tradicional como en estilo occidental.

Los resultados son reveladores y, en cierto modo, contraintuitivos. Para el público general sin formación artística especializada, la identidad del autor no modifica su apreciación: les gusta la obra o no, independientemente de si la ha hecho una persona o una máquina. Sin embargo, para los expertos en arte, la cosa cambia radicalmente: valoran menos favorablemente las pinturas generadas por IA en comparación con las hechas por artistas humanos.

Este hallazgo, como veremos, tiene profundas implicaciones para nuestra comprensión del arte, la creatividad y el papel de la tecnología en la experiencia estética. Desde la perspectiva de nuestra investigación sobre el modelo S/Y/C y la Filosofía Quirúrgica, el estudio de Gu y Li ofrece evidencia empírica valiosa sobre cómo opera, en la práctica, la distinción entre el arte como producto y el arte como proceso encarnado.


El estudio: ¿cómo se diseñó la investigación?

Gu y Li llevaron a cabo dos experimentos complementarios para explorar el efecto de la identidad del autor en la recepción del arte generado por IA .

Estudio 1: el público general

En el primer estudio, participaron personas sin experiencia profesional en arte. Se les mostraron pinturas de dos tipos: estilo chino tradicional y estilo occidental. Además, se manipuló la información sobre el autor: en unos casos se decía que la obra había sido creada por un artista humano; en otros, por un sistema de inteligencia artificial. Los participantes debían evaluar su gusto por la obra, así como su intención de comprarla o coleccionarla.

Los resultados fueron claros. En primer lugar, la identidad del autor no afectó significativamente las valoraciones. A los participantes les gustaba una pintura o no en función de sus cualidades estéticas percibidas, no de si provenía de una máquina o de una persona. En segundo lugar, se observó un sesgo de favoritismo hacia lo propio: los participantes mostraban preferencia por las pinturas de estilo chino tradicional frente a las occidentales, un hallazgo consistente con investigaciones previas sobre preferencias culturales en estética empírica .

Este resultado sugiere que, para el público no especializado, la inteligencia artificial no es percibida como una amenaza ni como una impostora. Sus obras son juzgadas con los mismos criterios que las humanas. El "aura" del artista humano, al menos para este segmento de la población, no parece conferir un valor añadido automático.

Estudio 2: los expertos en arte

El segundo estudio introdujo una variable crucial: el nivel de expertise artístico. Participaron tanto personas sin formación especializada como expertos (artistas, críticos, historiadores del arte, curadores). Los resultados fueron drásticamente diferentes.

Los expertos en arte evaluaron menos favorablemente las pinturas generadas por IA en comparación con las hechas por artistas humanos . Los no expertos, como en el primer estudio, no mostraron preferencia. Además, se encontraron interacciones significativas: el efecto de la identidad del autor dependía del nivel de expertise, y también interactuaba con el estilo de la pintura.

En otras palabras, para quien sabe de arte, importa quién está detrás de la obra. La máquina, por muy sofisticados que sean sus algoritmos, no produce el mismo efecto que la mano humana. El conocimiento y la sensibilidad estética adquiridos mediante años de formación y práctica generan una discriminación que el público general no realiza.


¿Por qué los expertos ven lo que el público no ve?

¿Qué explica esta diferencia entre expertos y no expertos? Gu y Li sugieren varias hipótesis.

En primer lugar, los expertos han interiorizado una narrativa del arte que otorga un lugar central al artista como sujeto creador. La historia del arte, al menos desde el Romanticismo, ha ensalzado la figura del genio individual, de la subjetividad expresiva, de la mano que tiembla, de la mirada que ve lo que otros no ven. La inteligencia artificial, por su propia naturaleza, carece de esa biografía, de esa interioridad, de esa lucha con el material. Para el experto, la obra no es solo un objeto: es el testimonio de un encuentro entre un sujeto y el mundo.

En segundo lugar, los expertos poseen un conocimiento tácito sobre los procesos de creación. Saben lo que cuesta lograr un efecto, lo que implica dominar una técnica, lo que significa encontrar la propia voz. La generación por IA, por muy impresionante que sea, no requiere ese esfuerzo, esa dedicación, esa formación. Es, desde esta perspectiva, un atajo: produce resultados brillantes, pero sin el recorrido que los dota de sentido.

En tercer lugar, los expertos son más sensibles a las señales de intencionalidad. Detectan en la obra las huellas de las decisiones del artista —la pincelada, la elección del color, la composición— y esas huellas les hablan de una mente detrás. En la obra generada por IA, esas huellas no remiten a una subjetividad, sino a un algoritmo. Y eso, para el experto, empobrece la experiencia.


Conexión con la investigación sobre el origen del arte (S/Y/C)

Este estudio experimental conecta directamente con la investigación que venimos desarrollando sobre el modelo S/Y/C del funcionamiento neuronal y la Ley de coherencia biológica.

La diferencia entre la respuesta del público general y la de los expertos puede interpretarse a la luz de nuestras tres dimensiones. El público general, al carecer de una formación que refine su percepción de las dimensiones Y y C, tiende a valorar la obra principalmente por su impacto superficial en la dimensión S (placer, activación, novedad). Si la obra generada por IA resulta visualmente atractiva, cumple con esa función, independientemente de su origen.

Los expertos, en cambio, han desarrollado una sensibilidad que les permite discriminar entre el producto y el proceso. No solo ven la forma: intuyen el trabajo, la intención, la historia que hay detrás. Su valoración integra las tres dimensiones de manera más plena:

  • S (Supervivencia): La obra debe ser estéticamente placentera, pero no solo eso. También debe conectar con las necesidades más profundas de sentido y trascendencia.

  • Y (Symbolon): La obra es un símbolo, y el símbolo solo cobra su pleno significado cuando remite a una subjetividad que lo habitó. La IA puede manipular símbolos, pero no habitarlos. El experto detecta esa ausencia.

  • C (Completitud): La obra debe ofrecer una sensación de totalidad lograda, de coherencia interna. Pero esa completitud es más satisfactoria cuando se percibe como el resultado de una búsqueda humana, no de un cálculo probabilístico.

La Filosofía Quirúrgica nos invita a aplicar un corte analítico preciso a estos resultados. No se trata de concluir que el arte de IA es "malo" o que los expertos son unos elitistas. Se trata de reconocer que la experiencia estética no es unívoca: hay diferentes capas de apreciación, y cada capa moviliza dimensiones distintas del sistema nervioso. El público general se queda en la superficie; los expertos penetran más hondo. Ambos tienen razón desde su nivel, pero el nivel del experto es más rico, más integrado, más cercano a lo que el arte, en su origen y en su función, ha sido para la especie humana.


Implicaciones para el futuro del arte y la IA

El estudio de Gu y Li tiene implicaciones prácticas importantes, tanto para los creadores de arte por IA como para los profesionales del mundo del arte.

Para los desarrolladores de sistemas de IA, los resultados sugieren que, si su objetivo es que las obras generadas sean apreciadas por el público general, la estrategia actual —centrarse en la calidad visual y la variedad estilística— es suficiente. El público no discrimina por origen.

Sin embargo, si el objetivo es llegar al mercado del arte serio —coleccionistas, museos, críticos—, la cosa se complica. Los expertos sí discriminan, y lo hacen negativamente. Para cambiar esta percepción, no bastará con mejorar los algoritmos. Hará falta, quizás, desarrollar nuevas narrativas sobre lo que significa "crear" con IA, nuevas formas de entender la autoría y la intencionalidad en el contexto de sistemas autónomos.

Para los artistas humanos, los resultados ofrecen un cierto consuelo. Su expertise, su formación, su capacidad de infundir intencionalidad en la obra sigue siendo valorada por quienes realmente entienden de arte. La IA no les ha sustituido en el corazón del mundo del arte, aunque pueda estar transformando sus fronteras.

Para los educadores y críticos de arte, el estudio plantea un reto: ¿cómo formar a nuevas generaciones de espectadores para que desarrollen una sensibilidad que vaya más allá de la mera apreciación superficial? ¿Cómo enseñar a ver no solo la forma, sino el proceso, la intención, la historia?


Consideraciones finales: el arte como encuentro, no solo como objeto

El estudio de Gu y Li nos recuerda que el arte no es solo cuestión de objetos bellos, sino de encuentros entre subjetividades. El público general puede disfrutar de una obra generada por IA sin preguntarse por su origen. Pero el experto, precisamente porque ha dedicado su vida a comprender el arte, no puede ignorar esa pregunta. Y al formularla, descubre que, en la obra hecha por máquina, algo falta.

Ese algo es, quizás, lo que define el arte humano en su origen y en su esencia: la expresión de una subjetividad encarnada, finita, mortal, que usa la forma para comunicar lo inefable, para compartir lo incompartible, para trascender la soledad de la carne. La inteligencia artificial puede imitar las formas, pero no puede generar esa fuente. Porque esa fuente es la vida misma: un cuerpo que siente, un símbolo que se habita, una totalidad que se anhela.

Los expertos, al discriminar entre el arte humano y el arte de máquina, nos recuerdan algo que el entusiasmo tecnológico tiende a olvidar: que el arte no es solo un producto, sino un proceso; no solo un objeto, sino un testimonio; no solo una forma, sino un encuentro. Y ese encuentro, por ahora, sigue siendo patrimonio exclusivo de lo vivo.


Referencias bibliográficas

Gu, L., & Li, Y. (2022). Who made the paintings: Artists or artificial intelligence? The effects of identity on liking and purchase intention. Frontiers in Psychology, 13, Article 999163. https://doi.org/10.3389/fpsyg.2022.999163

 Gu, Li & Li, Yong (2022). Who made the paintings: Artists or artificial intelligence? The effects of identity on liking and purchase intention. Frontiers in Psychology 13.

López Mallo, J. B. (2023). La construcción neuro-simbólica. Una aproximación al funcionamiento del cerebro desde una perspectiva multidisciplinar [Tesis doctoral, Universidad del País Vasco - Euskal Herriko Unibertsitatea]. Repositorio ADDI. http://hdl.handle.net/10810/62701

López Mallo, J. B. (2026a). De la filosofía quirúrgica a la ley de coherencia biológica S/Y/C: Hacia una investigación sobre el origen del arte en la especie Homo. Lopez Mallo, Javier Bernabé. https://isbn.bibna.gub.uy/catalogo.php?mode=detalle&nt=57196

López Mallo, J. B. (2026a). De la filosofía quirúrgica a la ley de coherencia biológica S/Y/C: Hacia una investigación sobre el origen del arte en la especie Homo [Versión Kindle]. Amazon. https://www.amazon.com/dp/B0GYGTJD5C

López Mallo, J. B. (2026b). From surgical philosophy to the law of biological coherence S/Y/C: Toward a study of the origin of art in the Homo lineage. Lopez Mallo, Javier Bernabé. https://isbn.bibna.gub.uy/catalogo.php?mode=detalle&nt=57197

López Mallo, J. B. (2026b). From surgical philosophy to the law of biological coherence S/Y/C: Toward a study of the origin of art in the Homo lineage [Kindle edition]. Amazon. https://www.amazon.com/dp/B0GY89SZS1


 

Autor / Author


Bernabé Mallo
 Doctor en Filosofía – Universidad del País Vasco / Euskal Herriko Unibertsitatea (UPV/EHU)
 Investigador independiente en neurofilosofía, evolución humana y origen del arte.
 

Bernabé Mallo
 PhD in Philosophy – University of the Basque Country / Euskal Herriko Unibertsitatea (UPV/EHU)
 Independent researcher in neurophilosophy, human evolution, and the origin of art.

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