lunes, 8 de junio de 2026

El ser del robot: una crítica heideggeriana a la inteligencia artificial

Bernabé Mallo

Doctor en Filosofía por la Universidad del País Vasco (UPV/EHU)
Investigador en neurofilosofía, evolución humana y origen del arte. / PhD in Philosophy – University of the Basque Country (UPV/EHU)
Researcher in neurophilosophy, human evolution, and the origins of art.

  Una reseña del artículo de Carlos Herrera y Ricardo Sanz (2016): Heideggerian AI and the Being of Robots


Introducción: ¿puede un robot tener "ser"?

Una de las preguntas más profundas que la inteligencia artificial plantea a la filosofía no es técnica —cómo hacer máquinas más inteligentes— sino ontológica: ¿qué tipo de ser tienen los robots? ¿Son del mismo orden que los humanos? ¿Pertenecen a la categoría de los animales? ¿O acaso constituyen una forma de existencia completamente nueva, que nuestras categorías tradicionales no logran capturar?

El artículo de Carlos Herrera y Ricardo Sanz (2022), publicado en el volumen Fundamental Issues of Artificial Intelligence editado por Vincent C. Müller, aborda precisamente esta cuestión desde una perspectiva poco común en el debate contemporáneo: la filosofía de Martin Heidegger . Los autores examinan críticamente la llamada "Inteligencia Artificial Heideggeriana" (HAI por sus siglas en inglés), una corriente que intenta revisar los fundamentos de la IA basándose en el análisis heideggeriano del Dasein (el ser-ahí humano).

La tesis central de Herrera y Sanz es provocadora: la HAI tradicional comete un error fundamental al asumir que el análisis ontológico del ser humano puede aplicarse directamente a los sistemas artificiales. Esto, argumentan, es inconsistente con la propia filosofía de Heidegger, para quien las categorías de "robot" y "humano" no pertenecen al mismo tipo de seres. En lugar de ello, proponen una ontología provisional de los robots basada en su relación con el trabajo: los robots son aquellas máquinas que realizan trabajo humano —y, precisamente por ello, su ser es un ser que no puede cumplirse.

Desde la perspectiva de nuestra investigación sobre el modelo S/Y/C y la Filosofía Quirúrgica, el análisis de Herrera y Sanz ofrece herramientas conceptuales de gran valor para entender no solo qué son los robots, sino también qué implica la creación artística por parte de máquinas y, en último término, qué define lo humano frente a lo artificial.


¿Qué es la Inteligencia Artificial Heideggeriana?

La Inteligencia Artificial Heideggeriana (HAI) surge de la convicción de que la filosofía de Heidegger —con su énfasis en la situación, la corporización (embodiment), el mundo y la práctica pre-reflexiva— puede ofrecer una alternativa fecunda a los paradigmas dominantes de la IA, a menudo acusados de ser excesivamente racionalistas, representacionalistas y desconectados de la vida concreta .

En lugar de diseñar sistemas que manipulen símbolos abstractos según reglas lógicas —el enfoque clásico de la IA "simbólica"—, la HAI propone construir sistemas que estén insertos en un mundo, que actúen de manera situada y que aprendan de la interacción práctica con su entorno. Este enfoque ha inspirado desarrollos en robótica situada, sistemas autónomos y agentes basados en la percepción-acción.

Sin embargo, Herrera y Sanz señalan un problema de fondo: la HAI tiende a asumir que el análisis heideggeriano del Dasein (el ser humano) puede aplicarse directamente a los sistemas artificiales, como si robots y humanos fueran "el mismo tipo de seres" . Esta asunción, argumentan, es filosóficamente insostenible.


El error ontológico: cuando se olvida la diferencia

El problema fundamental de la HAI, según Herrera y Sanz, es que niega el significado ontológico a categorías como "robot" y "humano", tratándolos como si fueran intercambiables . Esto contradice la propia filosofía de Heidegger, para quien la pregunta por el ser —la Seinsfrage— es siempre una pregunta por la diferencia ontológica entre el ser y los entes, entre las distintas formas de ser de los distintos tipos de entes.

Heidegger distinguió rigurosamente entre el Dasein (el ser humano, cuya esencia es existir, comprenderse a sí mismo en su ser) y los entes vorhanden (meramente presentes, objetos) o zuhanden (útiles, herramientas). Un robot, argumentan los autores, no es un Dasein: no tiene la capacidad de preguntarse por su propio ser, de proyectarse hacia posibilidades, de vivir en la angustia ante su muerte, de habitar un mundo con sentido.

Pretender que un robot pueda ser tratado como un Dasein no solo es filosóficamente erróneo, sino que además cierra la pregunta ontológica en lugar de abrirla. La HAI, al asumir que la ontología del humano se aplica al robot, deja de preguntarse qué tipo de ser tiene realmente el robot. Y esa pregunta, para Herrera y Sanz, es la que debe guiar cualquier reflexión seria sobre la inteligencia artificial.


Hacia una ontología provisional del robot

¿Cómo abordar, entonces, la pregunta por el ser del robot? Herrera y Sanz proponen una vía alternativa: en lugar de partir del análisis del Dasein, debemos partir de nuestras nociones pre-ontológicas de los sistemas artificiales . Es decir, de la forma en que ya siempre los comprendemos en nuestra práctica cotidiana.

Los autores derivan una ontología provisional del robot a partir de su relación con el trabajo. Su tesis es la siguiente: los robots son aquellas máquinas que realizan trabajo humano .

Pero, ¿qué implica esto? No se trata solo de que los robots ejecuten tareas que antes hacían los humanos. La cuestión es más profunda: al realizar trabajo humano, los robots no solo transforman el trabajo —lo automatizan, lo aceleran, lo reconfiguran—, sino que también transforman la comprensión del ser de quien trabaja y de la propia máquina.

Herrera y Sanz sostienen que, precisamente porque los robots están destinados a realizar trabajo humano, su ser es un ser que no puede cumplirse. Un robot nunca alcanza un estado de "realización" definitiva. Siempre puede ser mejorado, actualizado, reprogramado. No tiene una telos interna, un fin que le sea propio. Su "sentido" está siempre por venir, siempre externalizado a las necesidades y deseos humanos.

Esta caracterización —el robot como un ser inacabado, abierto, provisional— es fascinante porque invierte la intuición común. Tendemos a pensar que los robots son máquinas perfectas, completas, determinadas. Herrera y Sanz nos invitan a verlos, por el contrario, como entes cuya incompletitud es constitutiva de su forma de ser.


Implicaciones para el arte y la creatividad artificial

¿Qué implicaciones tiene este análisis para la cuestión del arte generado por IA? Si los robots (y los sistemas de IA en general) son seres cuyo ser no puede cumplirse, entonces la creatividad artificial debe entenderse de manera radicalmente distinta a la creatividad humana.

El artista humano, desde una perspectiva heideggeriana, es un Dasein que se proyecta hacia posibilidades, que vive en la apertura del ser, que expresa su comprensión del mundo en la obra. La obra de arte no es un mero objeto: es un acontecimiento de la verdad, un desvelamiento del ser que el artista posibilita sin agotarlo.

El robot, por el contrario, no proyecta, no se comprende, no habita un mundo de sentido. Su "creatividad" es siempre la ejecución de algoritmos, la optimización de funciones, la generación de novedad estadística. Puede producir objetos que llamamos "arte", pero el sentido de esos objetos no reside en un acto de desvelamiento existencial, sino en la interpretación que los humanos hacemos de ellos.

Esto no implica que el arte de IA sea falso o ilusorio. Implica, más bien, que debemos ubicarlo en su lugar ontológico adecuado. No es una nueva forma de Dasein creativo, sino una nueva forma de útil (Zeug) que transforma nuestra relación con la creación estética. El robot es una herramienta, sí, pero de un tipo especial: una herramienta cuya función es generar novedad, no ejecutar una tarea predefinida.


Conexión con la investigación sobre el origen del arte (S/Y/C)

El análisis de Herrera y Sanz resuena profundamente con la investigación que venimos desarrollando sobre el modelo S/Y/C del funcionamiento neuronal y la Ley de coherencia biológica.

La diferencia ontológica que establecen entre el Dasein humano y el robot se corresponde, en nuestro modelo, con la diferencia entre un ser vivo que habita las dimensiones S, Y, C y un artefacto que solo puede simularlas externamente.

  • S (Supervivencia): El ser humano crea arte porque necesita regular su homeostasis corporal y emocional. El robot no tiene cuerpo que preservar, no experimenta dolor o placer, no necesita "equilibrarse". Su "creatividad" no responde a una necesidad vital.

  • Y (Symbolon): El ser humano habita el símbolo —lo vive, lo siente, lo comparte desde una interioridad. El robot puede manipular símbolos con eficacia, pero no es un símbolo para sí mismo. No hay un "dentro" que reconozca o sea reconocido en el acto simbólico.

  • C (Completitud): El ser humano anhela la totalidad, busca cerrar formas, integrar experiencias dispersas en una coherencia biográfica. El robot no tiene biografía, no despliega un proyecto de vida, no experimenta la pulsión hacia la completitud. Su "ser inacabado", del que hablan Herrera y Sanz, no es una carencia existencial sino una condición constitutiva de su diseño.

La Filosofía Quirúrgica nos invita a aplicar un corte analítico preciso en este debate. No se trata de negar las capacidades de los robots ni de idealizar acríticamente lo humano. Se trata de distinguir planos ontológicos que la prisa tecnológica tiende a confundir. El robot puede ser un "actor" en la red creativa, como señala Feng, pero no es un Dasein. Puede generar artefactos estéticos, pero no habitar el arte.

Preservar esta diferencia no es un ejercicio de purismo filosófico. Es una condición para comprender qué está en juego en la creación artística: no solo la producción de objetos bellos, sino la expresión de una subjetividad encarnada, finita, mortal, que usa el arte para sobrevivir, simbolizar y completarse.


Consideraciones finales: el robot como espejo de lo humano

El artículo de Herrera y Sanz nos recuerda que la pregunta por la inteligencia artificial es, en el fondo, una pregunta por nosotros mismos. Cuando intentamos determinar si un robot puede ser inteligente, o creativo, o artista, estamos definiendo, implícitamente, qué entendemos por inteligencia, creatividad y arte.

Su propuesta de una ontología provisional del robot basada en el trabajo —y en la incompletitud constitutiva de su ser— nos ofrece una vía para pensar la IA sin caer ni en el antropomorfismo (tratar al robot como si fuera humano) ni en el utilitarismo ciego (tratarlo como una mera herramienta sin consecuencias ontológicas).

Desde nuestra perspectiva, el robot es, ante todo, un espejo. Nos refleja nuestras propias aspiraciones y límites. Nos obliga a preguntarnos qué es lo específico de lo humano, qué nos distingue de las máquinas más sofisticadas. Y esa pregunta, lejos de ser un lujo especulativo, es el núcleo de cualquier investigación seria sobre el origen del arte, la evolución de la conciencia y el futuro de nuestra especie.

El arte humano —el de las cuevas, el de las catedrales, el de los museos— nació de la necesidad de expresar lo inexpresable, de compartir lo incompartible, de trascender la soledad de la carne. La inteligencia artificial puede imitar sus formas, pero no puede generar su fuente. Porque esa fuente es la vida misma: un cuerpo que siente, un símbolo que se habita, una totalidad que se anhela. Y eso, por ahora, sigue siendo patrimonio exclusivo de lo vivo.


Referencias bibliográficas

Herrera, C., & Sanz, R. (2016). Heideggerian AI and the being of robots. En V. C. Müller (Ed.), Fundamental issues of artificial intelligence (Synthese Library, Vol. 376, pp. 423-438). Springer. https://doi.org/10.1007/978-3-319-26485-1_29

López Mallo, J. B. (2023). La construcción neuro-simbólica. Una aproximación al funcionamiento del cerebro desde una perspectiva multidisciplinar [Tesis doctoral, Universidad del País Vasco - Euskal Herriko Unibertsitatea]. Repositorio ADDI. http://hdl.handle.net/10810/62701

López Mallo, J. B. (2026a). De la filosofía quirúrgica a la ley de coherencia biológica S/Y/C: Hacia una investigación sobre el origen del arte en la especie Homo. Lopez Mallo, Javier Bernabé. https://isbn.bibna.gub.uy/catalogo.php?mode=detalle&nt=57196

López Mallo, J. B. (2026a). De la filosofía quirúrgica a la ley de coherencia biológica S/Y/C: Hacia una investigación sobre el origen del arte en la especie Homo [Versión Kindle]. Amazon. https://www.amazon.com/dp/B0GYGTJD5C

López Mallo, J. B. (2026b). From surgical philosophy to the law of biological coherence S/Y/C: Toward a study of the origin of art in the Homo lineage. Lopez Mallo, Javier Bernabé. https://isbn.bibna.gub.uy/catalogo.php?mode=detalle&nt=57197

López Mallo, J. B. (2026b). From surgical philosophy to the law of biological coherence S/Y/C: Toward a study of the origin of art in the Homo lineage [Kindle edition]. Amazon. https://www.amazon.com/dp/B0GY89SZS1


Autor / Author


Bernabé Mallo
 Doctor en Filosofía – Universidad del País Vasco / Euskal Herriko Unibertsitatea (UPV/EHU)
 Investigador independiente en neurofilosofía, evolución humana y origen del arte.
 

Bernabé Mallo
 PhD in Philosophy – University of the Basque Country / Euskal Herriko Unibertsitatea (UPV/EHU)
 Independent researcher in neurophilosophy, human evolution, and the origin of art.

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